Tendencias

De Cannes al armario real, las claves de estilo que sí podemos copiar

La última edición confirmó el peso de Dior, Chanel, Saint Laurent y Chopard. ¿Qué veremos este año?

Cannes nunca ha sido solo cine. Es un escaparate de poder para estudios, actores, joyeros, casas de moda y plataformas de influencia. El pasado año, la última edición cerrada del festival, Launchmetrics calculó que el evento generó 1.100 millones de dólares en Media Impact Value, una forma de medir el valor mediático de apariciones, publicaciones e interacciones para las marcas… Y este dato nos ayuda a entender por qué conviene mirar la alfombra roja con algo más de frialdad.

El festival, que este año se celebra del 12 al 23 de mayo, no es únicamente una sucesión de vestidos caros, es una máquina de comunicación muy precisa. Cada escote, cada joya y cada embajador de marca compite por aparecer, circular y ser recordado. Nadie necesita un vestido de alta costura para ir a una cena de jueves. La pregunta es… ¿qué mecanismos de estilo pueden trasladarse a un armario normal?

El primero es la edición. En 2025, Cannes endureció su código de vestimenta porque prohibió la desnudez en la alfombra roja y los vestidos voluminosos con grandes colas que dificultasen el tránsito o el acceso a las salas. La norma, que tuvo algo de gesto institucional, dejó una lectura práctica: que incluso en el escenario del exceso, la ropa funciona mejor cuando no entorpece. Eso puede aplicarse fuera del festival. Una prenda con presencia no necesita competir con todo lo demás. Si hay brillo, conviene bajar el volumen de los accesorios. Si hay joya grande, el escote debe dejarle espacio. Si la silueta es fuerte, el pelo y el maquillaje no tienen que insistir en la misma dirección.

La segunda lección es la sastrería. En Cannes, una chaqueta mal cortada se nota tanto como un vestido equivocado. Por eso los mejores looks suelen apoyarse en una idea simple: hombros definidos, largo correcto, caída limpia. A$AP Rocky, por ejemplo, apareció el año pasado con trajes y esmóquines de Miu Miu, mientras Rihanna apostó por Alaïa en una de sus apariciones más comentadas del festival. La traducción no es comprar Miu Miu ni Alaïa, sino entender que una blazer puede hacer más por un look que una prenda nueva.

La tercera lección es el color. Cannes tiende a premiar paletas muy legibles (blanco, negro, marfil, rojo, azul noche, metalizados). Jennifer Lawrence llevó Dior; Elle Fanning, Chanel y Valentino; Dakota Johnson, Gucci con joyas de Boucheron; Gracie Abrams, Chanel. Más que una lista de marcas, esos ejemplos señalan una estrategia común; es decir, colores claros, una silueta definida y pocos mensajes a la vez.

También hay una lección en la joyería. Cannes es uno de los territorios naturales de la alta joyería. Chopard lideró el año pasado el impacto entre marcas con 27,7 millones de dólares en MIV, seguida por Dior, Chanel, Saint Laurent y Gucci. Una vez más, la lectura no es apostar por los diamantes, sino tratar el accesorio como una decisión central. ¿Por ejemplo? Un pendiente potente, una gargantilla rígida o un brazalete ancho funcionan mejor cuando el resto del look no intenta robarles el plano.

La cuarta lección es que lo clásico sigue siendo rentable. Saint Laurent encabezó el impacto social entre marcas en Cannes, impulsada por Selena Gomez y Bella Hadid, y que los códigos de viejo Hollywood seguían funcionando en un festival con reglas de etiqueta particularmente estrictas. Eso explica por qué el vestido columna, el esmoquin, la sandalia mínima, el recogido bajo o el labial rojo siguen reapareciendo. No son ideas nuevas. Son ideas que resisten.

Incluso la parte más comercial del festival nos da pistas. Cannes generó el pasado año 110,74 millones de euros en Earned Media Value en Instagram, con 2.560 millones de impresiones y más de 4.600 perfiles de influencia activados. La alfombra roja ya no termina en la sala de cine. Se fragmenta en clips, stories, carruseles y titulares. En ese ecosistema, los looks que mejor viajan suelen ser los que se entienden rápido. Esa es la regla que sí merece copiarse, claridad. No hace falta vestirse de gala, pero sí decidir qué se quiere comunicar. Cannes, visto sin reverencia, enseña menos sobre glamour que sobre control: control del volumen, del color, de los accesorios y de la narrativa personal.

TAGS DE ESTA NOTICIA