Probablemente fuese en ese desfile de Paul Smith de 1999 cuando el concepto de minimalismo quedase oficialmente consagrado (después de más de una década de demostración constante) y, al mismo tiempo, fuese el momento en que, casi automáticamente, se denostase. No es de extrañar que esa imagen presidiendo el finale quedase pulverizada por las máximas Y2K de los 2000; las proporciones más reducidas, las camisetas con mensaje o los complementos llamativos, encumbrados exponencialmente por las celebridades y la nueva cultura pop de internet.
Sin embargo, esa combinación era lo más statement que se podía hacer de la tendencia minimalista; un vaquero y una única pieza clave para definir el look: un vestido con cuello mao en raso rosa, con manga francesa y cuidadosamente abierto para usar a modo de sobre chaqueta. De ese desfile también han vuelto los pantalones rectos (en su versión más firedigna, los cigarette), las faldas midi, las camisetas blancas lisas, la piel vuelta, los mocasines y la elegante simplicidad de las prendas que perduran más allá de una colección y una tendencia. Es el caso también de este vestido, que ha transgredido los 90 para colarse en el imaginario de esta primavera-verano y solucionar los eventos de noche, las bodas de día y las salidas de la oficina a los compromisos de una forma tan inesperada como mágica.

Inspirado en el qipao (también conocido como cheongsam), esta prenda tradicional china tiene su origen en el Shanghái de los años 20. En su momento, se asociaba a la sofisticación y modernidad de las clases urbanas de la ciudad china (epicentro comercial y la cuna de la industria cinematográfica nacional). Shanghai Express y su protagonista Anna May Wong lo convirtieron en un icono de la época y Hollywood hizo el resto, especialmente en títulos que ensalzaban esta imagen ante el público occidental y que se hicieron altamente populares a partir de los 60.
Sin embargo, el contexto asiático al respecto es radicalmente más profundo, ya que en Shanghái este fenómeno se conoció como el estilo Haipai (o de ultramar), como producto de su fusión con la modernidad occidental y el cambio de parámetros en su silueta y ajuste (más ceñido al cuerpo), acortar mangas y dobladillos (hasta casi por debajo de la rodilla) e incorporando aberturas laterales y materiales más ligeros que facilitasen el movimiento. Así, más allá de la estética, el qipao pasó a ser un símbolo de liberación femenina en el Lejano Oriente, más cercana en esencia a la larga pieza masculina original (changpao) pero con los detalles sartoriales de Occidente en muchos aspectos. Quizá por eso la concepción popular de este atuendo suele ir de la mano de peinados bob o con ondas, zapatos de tacón y medias de seda, o joyas como collares de perlas (al estilo femme fatale hollywoodiense).

Paralelamente, los 90 recuperaron un auge del exotismo en la pasarelas, auspiciando por el cine y su dimensión en las alfombras rojas. Reforzando esa imagen de elegancia misteriosa y femenina (aunque también simplificando, inevitablemente, su significado cultural) esta prenda pasó a ser una de las tendencias más deseadas en el mundo de las celebridades. De hecho, esta prenda empezó a tener un lugar en la moda internacional gracias a John Galliano o Tom Ford que (en Dior y Gucci, respectivamente) supieron reinterpretarlo con una mirada contemporánea; las siluetas ceñidas y tejidos satinados evocaban sensualidad y sofisticación para un pragmatismo propio de la época, mientras que Gaultier y Alexander McQueen recuperaron su papel más teatral y le aportaron una mirada casi experimental.
Pero también diseñadoras como Vivienne Tam tuvieron un rol esencial a la hora de reinterpretar esta prenda desde su primigenia herencia cultural algo tamizada ya, acercándola al público global sin perder su esencia.
Cómo replicar a los iconos
En consonancia, Lucy Liu fue una de las reinas del qipao, luciendo a la perfección esta prenda dentro y fuera de la pantalla (como en el estreno de Kill Bill) pero también Gong Li causó sensación en Cannes y las alfombras rojas estadounidenses con este estilo. Aunque quizá algunos de los momentos más estelares de los photocall los hayan protagonizado Gwyneth Paltrow, Kate Moss o Cameron Díaz; al igual que fueron clave a la hora de consolidar el vestido como un símbolo de sofisticación (y objeto de deseo) global, también sirven de inspiración absoluta para este 2026.
En el caso de la última, apropiándose de un (muy) tendencia rosa, entre fucsia y buganvilla, acompañado solo de maquillaje pastel, sandalias y un minibolso en contraste. Haz lo propio y combina este subido pantone con complementos en nube y/o ligera plata.

Por su parte, Kate (al igual que Naomi) fue una de las maniquís predilectas a la hora de lucir esta prenda ya que, simplemente, parecía estar hecha para ella. Aunque cada una lucía sacadas de los editoriales de moda y pasarelas, siempre acertaban por sus con dimensiones recortadas, manga corta o versiones translúcidas. Para emularlas, solo tienes que optar por un diseño estampado con una base neutra y a poder ser combinable; por ejemplo, el sobrio negro de Moss, perfecto para llevar con complementos pastel o color vino a una boda.
Paltrow, otro icono imbatible de los 90, fue también percha de algunos estilos (en su paleta colorimétrica del verano) perfectos para lucir esta temporada. Es el caso de su vestido-kimono por la rodilla en azul-aguaverdoso, seguido de otro de inspiración similar pero sin mangas, y en un elegante azul marino casi noche. Aunque ambos son ejemplos de cómo esta prenda apenas requiere de complementos y habla por sí sola, Claudia Schiffer sorprendí al mundo en un evento celebrado por los Premios de la Moda en el 97 con un pseudo-gipao en amarillo oro de imponente abertura lateral y algo más inesperado aun que el par de botines color cobre con los que lo combinó: una flor como tocado.
Probablemente la prueba definitiva de que la unión entre el lenguaje de la moda del fin de milenio y la creatividad era tan proporcional como la originalidad propia de la que las tendencias actuales carecen. Porque, si algo nos han enseñado los 90 es que, fuera de los feed de inspiración, hay todo un mundo de inspiración que recrear sin miedo al fracaso.
