El acceso a la Casa Real británica está estrictamente regulado. Los periodistas que cubren la actividad de Buckingham forman parte de un grupo reducido y acreditado que depende, en gran medida, de la confianza de la institución. Marc Roche ha sido uno de esos periodistas durante años, primero como corresponsal de Le Monde en Londres y después como analista habitual en medios internacionales. Su último libro, Ma vie chez les Windsor, publicado en 2025 por Albin Michel, se presenta como una síntesis de esa experiencia acumulada.
El punto de partida habla de que la monarquía británica no puede entenderse sin su relación con los medios. Roche describe un sistema estructurado en torno a la llamada Royal Rota, un grupo de periodistas seleccionados que reciben información oficial, acceso a actos y, ocasionalmente, exclusivas. A cambio, existe una expectativa implícita de contención.
Diversos estudios académicos sobre comunicación institucional, como los del Reuters Institute for the Study of Journalism, han analizado este modelo como una forma de “periodismo de acceso”, donde la proximidad a la fuente condiciona el tipo de cobertura. Roche confirma esta lógica desde dentro. Según su relato, la posibilidad de perder acreditación actúa como un mecanismo disuasorio para investigaciones más agresivas.

Durante la cobertura de la muerte de Diana Spencer en 1997, Roche recuerda cómo la Casa Real tardó varios días en reaccionar públicamente, manteniendo a Elizabeth II en Balmoral mientras crecía la presión mediática en Londres. La ausencia de una respuesta inmediata generó un clima de crítica sin precedentes, con portadas de tabloides cuestionando el silencio de Buckingham y cadenas como la BBC emitiendo programación especial casi continua. Según el periodista, ese episodio marcó un antes y un después: obligó a la institución a modernizar su comunicación y a aceptar que el control del relato ya no podía ejercerse únicamente desde el Palacio.
Otro ejemplo que detalla es la gestión de la salida del príncipe Prince Harry y Meghan Markle en 2020. Frente a una estrategia tradicional basada en comunicados oficiales y filtraciones controladas, la pareja optó por intervenir directamente en el espacio mediático global, especialmente con su entrevista en Oprah Winfrey. Roche subraya que este movimiento desbordó los canales habituales de la Royal Rota, dejando a los corresponsales acreditados —incluido él mismo— sin acceso directo a información clave y evidenciando una pérdida de monopolio narrativo por parte de Buckingham.
Roche dedica varios capítulos a las crisis internas que han afectado a la institución en la última década. El caso del príncipe Andrés y sus vínculos con Jeffrey Epstein, así como la salida del príncipe Harry y Meghan Markle de la familia real, son analizados como ejemplos de una pérdida de control del relato por parte de Buckingham. En ambos casos, la cobertura mediática internacional superó los canales tradicionales de comunicación de Palacio.
Uno de los aspectos más documentados del libro es el funcionamiento del aparato de comunicación de la Casa Real. Según Roche, cada aparición pública, discurso o fotografía responde a una planificación detallada que involucra asesores, responsables de prensa y estrategas de imagen. Esta estructura busca proyectar estabilidad en una institución cuya legitimidad depende en gran medida de la percepción pública.
Fuentes como la BBC y The Guardian han señalado en repetidas ocasiones la creciente profesionalización de este aparato comunicativo, especialmente desde la década de 2000. Roche coincide con este diagnóstico, pero añade que la sofisticación del sistema no ha evitado la aparición de fracturas internas ni la exposición de conflictos familiares en el espacio público.
El ensayo también incorpora testimonios indirectos y observaciones personales sobre el comportamiento de los miembros de la familia real en contextos informales. Sin caer en el sensacionalismo, Roche describe diferencias de estilo y carácter entre figuras clave, así como tensiones generacionales que afectan a la cohesión del grupo. No se trata de una investigación basada en documentos inéditos, sino de una reinterpretación de hechos conocidos a partir de la experiencia directa del autor.
El contexto en el que se publica la obra es relevante. La monarquía británica enfrenta actualmente varios desafíos: una opinión pública más crítica, el impacto de las redes sociales en la circulación de información y debates recurrentes sobre su financiación y su papel en una sociedad democrática. Informes del Parlamento británico y encuestas de instituciones como YouGov muestran una evolución generacional en la percepción de la monarquía, con niveles de apoyo más bajos entre los jóvenes.
Según Roche, la supervivencia de la monarquía británica dependerá de su habilidad para gestionar la transparencia en un entorno mediático cada vez más fragmentado
En este escenario, el testimonio de un periodista acreditado adquiere un valor específico. Roche no se presenta como un observador externo, sino como alguien que ha participado en el sistema que describe. Esta posición le permite ofrecer detalles sobre dinámicas internas, pero también plantea interrogantes sobre los límites de su propia mirada.
El libro concluye con una reflexión sobre el futuro de la institución. Según Roche, la monarquía británica ha demostrado una notable capacidad de adaptación a lo largo de su historia, pero su supervivencia dependerá de su habilidad para gestionar la transparencia en un entorno mediático cada vez más fragmentado. Más allá del interés por la realeza, la obra aporta elementos para comprender cómo se construye y se mantiene la autoridad simbólica en el siglo XXI.
