Alfombra roja

Los vestidos más icónicos de Cannes: del YSL de Nicole Kidman al Chanel de Penélope

Nombres como Monica Belluci, Grace Kelly o Lady Di han contribuido a crear creado el canon de estrella sofisticada y atemporal sobre el que se sustenta la imagen del festival

Fotografía: Kiloycuarto
Fotografía: Kiloycuarto

Corría el año 2001 y una Nicole Kidman enfundada en total black se colgaba los auriculares para arrasar la pista de baile durante la afterparty de Moulin Rouge!, confirmándose como la gran estrella sofisticada del nuevo Hollywood. Aquella edición del Festival de Cannes condensó como pocas la relación histórica entre cine, moda y mito: el estreno de la película de Baz Luhrmann devolvía el exceso, el glamour teatral y la alta costura al centro de la conversación cultural pero, sobre todo, a la alfombra del festival francés. No en vano por allí, y a lo largo de sus 79 ediciones, han pasado algunos de los protagonistas más elegantes del último siglo; desde el elenco de Breve encuentro (que en su primera edición, en 1946, consiguió el Gran Premio, equivalente entonces a la Palma de Oro) hasta Anita Ekberg, Marcello Mastroianni y Federico Fellini por La dolce vita, premiada con el máximo galardón aquel mismo año. 

Grace Kelly, entonces a punto de ser princesa monaguesca, fotografiada en el Festival de Cannes en 1955; una de las responsables de la romántica imagen de la Riviera francesa durante los años 50

Casi ocho décadas de glamour, premios y trayectorias internacionales cimentadas entre las ovaciones del Palais y los flashes de una alfombra roja que no solo ha producido moda, sino algunas de las imágenes más icónicas de la cultura visual contemporánea. A pesar de su intento de adaptase a los nuevos tiempos, tal y como recuerda la periodista Marta Díaz de Santos, en 2025 Cannes endureció su código de vestimenta al prohibir la desnudez en la alfombra roja y los vestidos voluminosos con grandes colas “que dificultasen el tránsito o el acceso a las salas”. “La norma, que tuvo algo de gesto institucional, dejó una lectura práctica: que incluso en el escenario del exceso, la ropa funciona mejor cuando no entorpece”, explica, añadiendo que esto puede aplicarse como norma también “fuera del festival”. 

Vaya por delante que los looks verdaderamente históricos del festival rara vez dependen solo de la espectacularidad (mucho menos la osadía) del vestido, sino que nacen de la convergencia de la suma de varios elementos: una silueta reconocible, una actriz en un momento decisivo de su trayectoria y una maison con un lenguaje estético propio y fácilmente identificable. A esto se suma un elemento crucial en Cannes: la fotografía, que encumbra cada momento gracias a su escalinata, la luz de la Riviera y esa dimensión cinematográfica que abraza todo.  Porque Cannes no solo genera moda, sino toda una iconografía cultural donde cada outfit deja de ser una prenda para convertirse en el símbolo visual de la temporada, la semana o la época.

Las cosas pueden haber cambiado desde mediados del siglo pasado, pero merece la pena echar la vista atrás para recordar algunos de los momentos más icónicos y elegantes que el festival ha regalado en su alfombra roja a lo largo de los años. No en vano, algunos estilismos de la historia del festival ya han pasado a ser imágenes destinadas a permanecer en la retina (y en la memoria) colectiva más allá del festivals

Penélope Cruz de Chanel (2019)

El idilio entre Penélope Cruz se remonta a finales de la década pasada, concretamente en 2018, cuando la maison la convirtió en su embajadora oficial. Lagerfeld llevaba años encandilado con ella (y su “sensualidad mediterránea”), por lo que esta confirmación supuso un nuevo giro para la firma francesa, que se desmarcó así de su estrecha relación con la realeza y la clase aristocrática francesa, creando un concepto más desenfadado a los ojos del mundo. 

La española con un custom Chanel Haute Couture en 2019

Como consecuencia, la madrileña vistió total looks de la maison no solo ese 2018 sino en el resto de ediciones del festival, siendo la del año siguiente una de las favoritas en la cultura popular; no en vano, su diseño de Alta Costura con fondo blanco casi transparente y flores bordadas en azul marino y blanco parecía haber sido creado para ese momento. La española, que completó la romántica y femenina elección, con un moño alto y unos pendientes de lágrima, fue citada por su reminiscencia a Audrey Hepburn y la misma Grace Kelly por muchos. Una imagen que terminó de ayudar a consolidar a la actriz oficialmente como una estrella europea, lejos de ese perenne concepto de la española que había cruzado el charco.

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Nicole Kidman de YSL by Tom Ford (2001)

Nicole Kidman la actriz llevaría varios de esos memorables vestidos de YSL by Tom Ford, en concreto uno que destacó por su equilibrio y elegancia en clave noir. Minimalista pero extremadamente preciso en construcción, no solo era el diseño perfecto para Cannes sino que realzaba la sensualidad de Kidman con una estructurada silueta y falda con volúmenes; el equilibrio perfecto a la vez que realzaba el halo de estrella que la australiana acababa de adquirir (tras su reciente divorcio de Tom Cruise) y que preservaría en las consecuentes ediciones del festival. Si bien es cierto que, desde entonces, Kidman ha abrazado los diseños de Nicolas Ghesquière (y su Balenciaga de 2001), Dior o Calvin Klein, este sigue siendo uno de los estilismos más recordados de la actriz, como máxima referencia de este color y esta tendencia más escultural que supuso además, un punto y final a su imagen más romántica y naif de la mano de Cruise, hacia un comienzo de su estilo propio por el que es todo un icono en actualidad.

Diana de Gales en su llegada al festival, en 1987

Lady Di de Catherine Walker (1987)

Ahora tan de moda, el azul ‘hielo’ (tal y como se describió en su momento) fue toda una sensación en la figura de la Princesa Diana, que en 1987 lució un vestido a medida de Catherine Walker. La británica lo diseñó específicamente para su presencia en el estreno en el festival de The Whales of August, la cinta de Lindsay Anderson (uno de los iconos del New Wave y Free Cinema británico). Perfecto para la alfombra del festival, al igual la caída de su falda que para moverse al compás de suave brisa costera de Cannes, el diseño fue uno de los más replicados por casas de moda (y las tiendas) de la época. Además confirmó lo que estaba en boca de todos: todos los flashes estaban sobre ella, a pesar de ir acompañada en todo momentos, y dada la ocasión, del príncipe Carlos.

Monica Bellucci en un break en la Croissette en la 67 edición del Cannes Film Festival

Monica Belluci de D&G (2014)

Frente a una alfombra roja cada vez más dominada por el minimalismo y la estética globalizada del nuevo lujo, Bellucci apostó por una exhibición de glamour barroco y dramatismo, haciendo lo propio de las grandes estrellas italianas. Una de sus apariciones más recordadas en el festival fue precisamente en el 2014, durante el estreno de The Wonders (Le Meraviglie), donde la actriz decidió celebrar ese imaginario tan Dolce de la mano del un diseño negro muy mediterráneo: un vestido de encaje que firmaron los diseñadores y que resumía perfectamente la estética de la firma bajo una sensualidad clásica y una silueta ajustada, uno de los campos donde mejor se defiende Belucci. Musa definitiva de la casa italiana, esta asociación creativa entre ambas partes ayudó a consolidar la imagen de glamour italiano exuberante y a proyectarlo internacionalmente, especialmente durante los años en los que la actriz fue embajadora de la marca desde su icónico anuncio del 94 (dirigido por Giuseppe Tornatore, inspirado en el cine italiano clásico y con música por Ennio Morricone) hasta sus campañas de cosméticos en 2012 (bajo la dirección de creativos como Mert & Marcus), que terminaron de encumbrarla como “el icono D&G definitivo”.  

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Jane Fonda de Elie Saab (2025)

Transgrediendo la costura, pocas figuras han sabido llevar a su terreno los deberes de la alfombra roja y convertirlos en sumo advenimiento. Es el caso de Fonda, voz y figura pública reconocible que, a pesar de personifica la sofisticación hollywoodiense, invoca el espíritu más rebelde y advocativo de la cultura estadounidense y el cine internacional. Una de las más deseadas por los diseñadores que no tenían intención en tener que pasar por el aro de vestir como en los cuentos de hadas, las apariciones de Fonda destacan por su esculturalidad, sensualidad y glamour democrático, como consecuencia de su independencia y autoridad cultural. El diseño de Saab en los 2010 no es una excepción, recordando que es (y siempre será) la Barbarella moderna de nuestros corazones.

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