Bodegueras

María Barúa: “Quiero pensar que va más de demostrar tu valía como profesional que de tu género”

La enóloga y directora técnica de Bodegas LAN defiende una manera de entender el vino desde la tierra, el respeto a la materia prima y el placer de compartir

María Barúa habla del vino con la precisión de quien lleva más de dos décadas escuchando viñedos, barricas y añadas. Enóloga de Bodegas LAN desde 2002 y directora técnica desde 2007, su trabajo se sostiene sobre una idea la idea de que el vino empieza mucho antes de la bodega, en la viña, en la observación del paisaje y en la capacidad de dejar que cada parcela exprese lo que es.

Formada en Química y Enología, ha contribuido a consolidar una de las casas más reconocibles de Rioja desde una mirada técnica, pero también sensible: crianza respetuosa, búsqueda de equilibrio, atención al terruño y una voluntad clara de acercar el vino a nuevos públicos. Para ella, no se trata de convertirlo en un lenguaje inaccesible, sino de devolverlo a su lugar natural: la mesa, la conversación, la cultura y los momentos compartidos.

España es uno de los grandes países del vino, pero a veces da la impresión de que no siempre valoramos lo que tenemos. ¿Cómo ves hoy la cultura del vino en España?

Me da mucha pena que el vino, que ha sido parte importante de nuestra cultura desde hace más de 2000 años, vaya perdiendo importancia. El consumo per cápita en España baja año tras año. Creo que como país productor debemos potenciar esa dieta mediterránea que es sinónimo de salud y de la cual el vino forma parte. El vino, junto con el aceite de oliva, es considerado un componente esencial de la dieta mediterránea, de un estilo de vida, de compartir buenos momentos con familia y amigos alrededor de una mesa. Eso sí, siempre bajo un consumo responsable y moderado.

¿Crees que el consumidor español está cambiando su relación con el vino? ¿Bebe menos, bebe mejor o simplemente bebe de otra manera?

Sí, lo estamos viendo. Por una parte, el consumo cae. Pero también se bebe mejor, se valora la calidad, no la cantidad, y sobre todo estamos viendo que hay un cambio en cuanto al estilo del vino. Ahora se buscan vinos amables, equilibrados, fáciles de beber, más acordes al tipo de alimentación que tenemos actualmente, más ligera, con menos grasas…

LAN habla hoy de una marca “valiente” y con una conexión más emocional con el consumidor. ¿Cómo se traduce esa nueva visión en la forma de hacer vino y de comunicarlo?

Sí, hoy hablamos de LAN como la marca valiente de Rioja, como el vino que se atreve a decir sí. Y queremos inspirar a las personas a darse un sí disfrutando de lo que le verdad les importa. Esa visión se traduce en que creamos y compartimos vinos descomplicados de Rioja y momentos de disfrute. En LAN tenemos 50 años de éxitos en nuestra historia vitivinícola y hoy seguimos apostando por lo que somos: por el cuidado de cada detalle, la investigación, la observación… Nos enfocamos en entender al consumidor, crear vínculos emocionales y en recuperar el vino en los momentos cotidianos de nuestras vidas. Que el público pueda disfrutar al máximo de cada botella a su manera: con unas tapas, terraceo con amigos, una copa de vino al salir del trabajo, una celebración…

Acabas de recoger un premio muy relevante para un vino español con crianza. ¿Qué sentiste en ese momento, más allá del reconocimiento profesional?

Mucha emoción y satisfacción porque, como te decía, lo que nos importa es que las personas disfruten de nuestros vinos como ellos quieran, y son las personas quienes han elegido nuestro LAN Reserva como el mejor vino, como un referente. Es un orgullo saber que todo nuestro esfuerzo y cariño se traduce en disfrute.

En el sector se habla con frecuencia de incertidumbre, caída del consumo en algunos mercados y necesidad de reinventarse. ¿Estamos realmente ante una crisis del vino o ante una transformación?

El mundo y el mercado del vino están cambiando de forma muy acelerada. Hay muchos aspectos de esos cambios, pero uno de ellos tiene que ver con el cambio en la sociedad relacionado con el cuidado de la salud. Cada vez el consumo de alcohol es más moderado, las comidas son más ligeras y conscientes. Nosotros tenemos claro que debemos elaborar vinos adecuados a esta nueva realidad pues queremos que el vino siga formando parte de nuestro día a día. Estamos recuperando variedades más frescas y afrutadas de Rioja, como la Garnacha para nuestros LAN Crianza y LAN Reserva, y como siempre en todos nuestros vinos buscamos ese equilibrio fruta-madera para preservar la esencia y personalidad de cada vino.

Desde tu experiencia, ¿qué errores comete a veces el sector a la hora de conectar con nuevos públicos?

En la década de los 90 y los 2000 se creó un halo de esnobismo desde el propio sector que ahora estamos pagando. Parecía que había que ser un gran entendido para elegir el vino en el restaurante… Creamos muchas reglas en cuanto a maridajes, temperatura de consumo, etcétera, que nos han alejado de ese consumo diario y natural. Las personas se sienten incómodas cuando van a pedir un vino en el restaurante (porque no entienden de vino, ni tienen porqué, solo tienen que disfrutarlo) y no quieren equivocarse. Por supuesto, al público joven eso le parece de otro siglo… Por eso nosotros apostamos por tomarte un vino sea algo más natural y desenfadado y que si hace mucho calor y te apetece ponerte un hielo lo hagas (y no pasa nada). ¡Date un sí! Hay que descomplicar el vino. El vino hay que disfrutarlo, al igual que la comida, no a todos nos gustan los mismos platos, los mismos olores, los mismos libros… Son sensaciones, percepciones y cada vino puede tener un momento, una compañía… No hay que tener miedo, al igual que elegimos un queso o una carne, podemos elegir un vino. Nuestro mayor reto como sector es atraer al público joven y que vean el vino como una bebida atractiva y saludable.

Como enóloga, ¿cómo ha cambiado tu manera de entender el vino con los años? ¿Eres hoy más exigente, más libre o más intuitiva?

Sí, claro que he cambiado, llevo casi 30 años elaborando y ya no soy la misma ni en lo personal ni en lo profesional… En mis inicios quizás valoraba más la intensidad: vinos muy estructurados, muy aromáticos y con toques importantes de madera y ahora valoro más los vinos con muchos matices, equilibrados y elegantes. Lo que he ido teniendo muy claro con los años es que hay que respetar la naturaleza, entender el potencial de cada parcela e interpretarlo para sacar lo mejor de cada una. Y luego, en bodega, seguir la misma filosofía de respeto, que la elaboración y crianza sea muy respetuosa: hacemos un “traje a medida” para cada vino y así lograr un buen equilibrio en boca y nariz.

Hay una parte muy técnica en tu trabajo, pero también una parte emocional. ¿Hasta qué punto hacer vino consiste también en interpretar estados de ánimo, momentos y formas de vivir?

Soy una persona de perfil muy técnico, Licenciada en Químicas y en Enología, por lo que nunca dejo de lado la parte técnica. Otra cosa es elaborar distintos estilos de vino que efectivamente nos van a acompañar en distintos momentos. Probablemente no vas a tomar el mismo vino en una terraza en verano con amigas que en una cena familiar un día de invierno. O el vino que te tomas en casa después de un duro día de trabajo que el domingo con una paella con amigos… Nosotros queremos construir una conexión emocional con nuestros consumidores gracias a los momentos que ayudan a crear los vinos de LAN. Queremos inspirar a las personas a que se den síes a lo que realmente les gusta y les importa y que sean las personas las que tomen el protagonismo. Por nuestra parte, damos todas las opciones para ese disfrute, desde los vinos más desenfadados y frescos de nuestra gama Simplifica -como LAN Rosado, LAN Crianza o LAN Blanco- hasta los clásicos renovados de la gama Sorprende, como LAN Reserva o LAN A Mano, para esas ocasiones en que tenemos más tiempo o sentimos que nos lo merecemos.

Has alcanzado una posición de liderazgo en un mundo que durante mucho tiempo ha estado muy masculinizado. ¿Sientes que las mujeres siguen teniendo que demostrar más en el sector del vino?

Cada vez hay más presencia de mujeres en todos los ámbitos de la bodega y especialmente en la enología. Y creo que ha sido una evolución reflejo de la sociedad actual: si en las universidades hay mayor número de mujeres que de hombres, lógicamente llegaran a puestos de responsabilidad más mujeres que hombres. Creo que ha sido una evolución lógica sin traumas. A lo largo de mi carrera lo he visto y vivido en primera persona. En mi caso concreto, joven y mujer en el 2007 me promocionaron internamente para asumir la Direccion Técnica del grupo en España. Quizás de primeras sí tuve que demostrar más, pero en cuanto ven como trabajas, todo funciona con normalidad. No he sentido discriminación, ha sido muy natural. Quiero pensar que va más de demostrar tu valía como profesional que de tu género.

¿Qué tipo de liderazgo intentas ejercer con tus equipos y qué has aprendido sobre dirigir desde la exigencia sin perder sensibilidad? Y para una joven que quiera dedicarse a la enología hoy, ¿qué consejo le darías que vaya más allá de la formación técnica?

Un buen líder es como un buen enólogo, tiene que saber sacar lo mejor de cada uno al igual que el enólogo tiene que saber sacar lo mejor de cada parcela. Para ello tienes que escuchar, observar y conocer bien a tu equipo para saber los puntos fuertes y débiles de cada uno, ayudándoles a crecer en los débiles y potenciando sus fortalezas. A una joven que se quiera dedicar a la enología le aconsejaría varias cosas: lo primero es que se forme muy bien a nivel técnico, por supuesto, idiomas, y si tiene oportunidad de trabajar en otras zonas, mejor que mejor para tener una visión más amplia y global. Pero sobre todo que hay que ser perfeccionista y meticuloso en tu trabajo ya que los pequeños detalles son los que marcan la diferencia de calidad.

Es una profesión muy completa porque desarrollas tu lado creativo a la vez que el analítico. Realmente estas en todas las fases del proceso, desde la viticultura, pasando por la elaboración, crianza, embotellado, tienes que conocer la maquinaria y la tecnología, organizar al personal…. Incluso tienes contacto con la parte de comercialización, y cada vez es más importante la comunicación. Y todo ello es muy enriquecedor, ya que estas en un continuo aprendizaje, ¡no existe la monotonía! Hay que tener vocación. Afortunadamente es fácil porque es una profesión que “engancha” porque cada año es distinto, cada parcela, cada depósito… Siempre tenemos un reto que afrontar y además el destino del producto que elaboramos es el disfrute.

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