Sin contar calorías

Mucho Goteo, la hamburguesa cántabra que querrás probar antes de que acabe el verano

En los jardines de La Casona de Suesa, a pocos minutos de las playas de Somo y Loredo, un food truck ha convertido la hamburguesa de vaca tudanca en uno de los planes más apetecibles de las noches de verano en Cantabria

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Mucho Goteo no está en una calle concurrida de Santander ni frente a uno de esos paseos marítimos donde resulta imposible encontrar mesa en agosto. Está en Suesa, en los jardines de una antigua casona montañesa y a pocos minutos de algunas de las playas más conocidas de la costa cántabra. Y aquí empieza su encanto.

La escena resulta difícil de mejorar en una noche de verano. Un food truck, mesas al aire libre, vegetación alrededor y una carta corta en la que las hamburguesas llevan buena parte del peso de la conversación. Mucho Goteo se ha instalado en La Casona de Suesa, un pequeño hotel rural ubicado muy cerca de las playas de Somo y Loredo, convirtiendo sus jardines en uno de esos lugares a los que apetece llegar cuando empieza a caer el sol.

Una hamburguesa que empieza en Cantabria

En un momento en el que encontrar una hamburguesería resulta casi demasiado fácil, Mucho Goteo tiene un argumento para diferenciarse: la carne de vaca tudanca. La Classic y la Trufada, dos de las hamburguesas que vertebran su carta, se elaboran con 180 gramos de esta carne. La primera apuesta por una combinación reconocible y difícil de discutir: cheddar, pepinillos, bacon y salsa burger. La segunda lleva la experiencia hacia un terreno más goloso, con rúcula, cebolla caramelizada y mahonesa trufada.

La tudanca no es aquí un apellido colocado en la carta para recordar que estamos en Cantabria, es una raza bovina vinculada al territorio y convierte una comida tan universal como la hamburguesa en algo mucho más conectado con el lugar donde se sirve. Porque podríamos estar ante otro food truck de hamburguesas con salsas abundantes y fotografías pensadas para Instagram, pero utilizar producto local introduce un elemento que hace que la parada tenga más sentido. Viajar también consiste en comer algo que pertenezca, de una forma u otra, al paisaje que estamos recorriendo.

 

La Classic probablemente sea la elección perfecta para una primera visita: carne, queso fundido, bacon, pepinillo y salsa. Hay platos cuya virtud consiste precisamente en no querer reinventar nada y por eso una buena hamburguesa debe poder agarrarse con las dos manos, manchar ligeramente los dedos y conseguir que durante unos minutos la conversación se interrumpa.

Aunque quienes buscan algo más intenso tienen otra candidata evidente. La Trufada suma cebolla caramelizada y mahonesa trufada, una combinación que juega con el dulzor, la grasa y ese aroma reconocible de la trufa que ha conquistado buena parte de las cartas de hamburgueserías de los últimos años.

Y para quien considere que 180 gramos de vaca tudanca todavía suenan demasiado prudentes para una sección llamada Sin Contar Calorías, queda La GOAT: carne de buey, rulo de cabra, cebolla caramelizada, rúcula y una salsa de mayonesa caramelizada.

 

La Casona de Suesa

Su escenario es La Casona de Suesa, una antigua casona montañesa rehabilitada como alojamiento rural, rodeada de naturaleza y situada muy cerca de Somo y Loredo. El propio establecimiento define el lugar como un espacio pensado para descansar y desconectar, y durante el verano sus jardines han servido de escenario para la propuesta de Mucho Goteo. La hamburguesa podría comerse en cualquier mesa. Pero hacerlo al aire libre, cuando baja la temperatura después de un día de playa y la tarde empieza a convertirse en noche, cambia completamente la experiencia.

Las redes sociales han convertido precisamente ese ambiente en una de las señas de identidad del proyecto: Mucho Goteo se presenta como un food truck instalado en La Casona y diferentes publicaciones locales han señalado sus jardines y su ambiente como parte esencial del plan.

 

Suesa pertenece a Ribamontán al Mar y queda muy cerca de Somo y Loredo, dos nombres inseparables del verano cántabro. La propia Casona destaca su proximidad a ambas playas. La fórmula, por tanto, resulta bastante sencilla.

Mañana de playa. Baño en el Cantábrico. Una sobremesa que se alarga más de lo previsto. Quizá un paseo cuando empiece a bajar el sol. Y después, en lugar de regresar directamente a Santander o al alojamiento, desviarse hacia Suesa.

 

Sin Contar Calorías no busca necesariamente el restaurante más sofisticado ni el plato con más estrellas. Busca lugares capaces de convertir algo tan sencillo como cenar una hamburguesa en una pequeña celebración de las vacaciones. Y si además la carne es de vaca tudanca, la noche huele a verano y el Cantábrico queda a unos minutos, la báscula puede esperar. Al menos hasta septiembre.

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