Hay historias que se respiran desde la infancia. La de Rosa Ruiz comienza entre veranos interminables en O Rosal, juegos entre cepas, vendimias en familia y el asombro de ver cómo la tierra, el tiempo y el cuidado podían transformarse en vino. Con los años, aquella cercanía natural con la bodega dejó de ser solo un paisaje emocional para convertirse también en vocación.
Hija de Santiago Ruiz, una de las figuras clave en la modernización del vino gallego y reconocido como “el Padre del Albariño”, representa hoy la continuidad de un legado que combina memoria, territorio e innovación. Su relato habla de una familia ligada al vino desde 1860, pero también de una manera de entenderlo (como vínculo, como emoción compartida y como expresión auténtica de O Rosal). Charlamos con ella.
Rosa, tu historia con la bodega empieza casi desde la infancia, entre veranos en O Rosal, vendimias familiares y juegos entre cepas. ¿Qué recuerdos se te vienen primero a la cabeza cuando piensas en aquellos años?
Me acuerdo de aquellas vacaciones de verano que duraban tres meses, era lo mejor del año. Jugábamos al escondite entre las cepas y lo mejor era la vendimia, me encantaba ver a mi padre con el jornalero escogiendo las mejores uvas. Al final de la vendimia hacíamos una sardinada: mi padre nos hacía coger las hojas de la viña lavarlas y luego envolver las sardinas en las hojas. Después las asaban en las brasas… al final nos dejaba probar el mosto.

Tu padre retomó la tradición familiar y, ya en los años 80, dio un paso decisivo al profesionalizar y modernizar la bodega. ¿Qué dirías que le convirtió en un pionero tan especial?
Mi padre era un hombre muy cercano, sencillo, pero a la vez muy carismático. Una persona especial. Con muchísima alegría de vivir e iniciativa, nunca se cansaba de investigar y probar cosas nuevas. Pero siempre contando con las personas, hablando, preguntando, compartiendo. Su enorme curiosidad por todo le motivaba a conocer cosas nuevas y buscar el conocimiento y la innovación. Traerlo e incorporarlo a su bodega familiar. Porque quería hacer y brindar a todos el mejor vino posible. Como se ha dicho de él, mientras otros elaboradores en su tiempo solo hacían vino para su propio consumo, mi padre tenía una visión más universal del vino. Fue un adelantado a su tiempo y trascendió mucho más allá de su territorio.
A Santiago Ruiz se le llegó a reconocer como “el Padre del Albariño”. En casa, más allá del personaje y del referente del vino gallego, ¿cómo era él en las distancias cortas?
Yo creo que precisamente lo que le hizo tan querido por tantos fue su calidad humana, su cercanía, su naturalidad. Tenía muchísima capacidad de conectar con las personas y era muy de hacer amigos y establecer vínculos reales. Además de su carácter social y abierto era una persona positiva, optimista, todo le gustaba y le divertía, para él no había problema que no pudiera superarse.
¿En qué momento sentiste que esto ya no era solo herencia familiar, sino también una vocación propia?
Pues ocurrió casi sin que me diera cuenta. Como tú dices, empecé ayudando en temas administrativos y poquito a poco el vino me fue atrapando. No sabría encontrar un momento concreto en el que se hizo “el clic”. Fue una suma de todo, el día a día de la bodega, ir compartiendo la emoción de ver crecer las uvas en el viñedo, conocer la magia de la elaboración… Es un trabajo muy gratificante. Sobre todo, porque al final lo que hacemos es ofrecer a las personas momentos de felicidad alrededor de una copa de un vino hecho con todo nuestro cariño. Es una forma de conexión con la gente.

La bodega antigua de San Miguel de Tabagón conserva mucho de vuestra memoria y hoy funciona también como un pequeño museo. ¿Qué crees que siente alguien que entra allí por primera vez y entiende que está entrando en una historia de varias generaciones?
Una de las funciones que más me gustan en la bodega es la de atender a las personas que nos visitan. Para mí es muy emocionante compartir la historia del vino de O Rosal a través de la herencia de mi familia. Tenemos visitantes muy variados, españoles, extranjeros, personas muy conocedoras del mundo del vino, otras no tanto… pero creo que todos se llevan la experiencia de conocer una historia auténtica, de la vida de personas reales que sentaron las bases del vino que disfrutamos hoy día.
En 2015 nace Rosa Ruiz, un albariño 100% de cepas viejas plantadas por tus antepasados al pie de la bodega antigua. ¿Qué supuso para ti poner tu nombre a un vino con una carga emocional tan fuerte?
Fue una sorpresa, supuso una emoción enorme nunca pensé que un vino se llamara como yo y me alegra que un vino con mi nombre acompañé a las personas y brinden y compartan los buenos momentos con un Rosa Ruiz
La etiqueta de Rosa Ruiz está inspirada en una foto de 1993 en la que aparecéis tu padre y tú, y además el rojo, color protagonista, es tu favorito. ¿Qué cuenta esa imagen sobre vuestra relación y sobre la bodega?
Tengo mucho cariño a la foto original de 1993 que se recoge en la etiqueta de la botella de Rosa Ruiz. Es una foto muy natural, de mi padre y yo en el balcón de la bodega que da a la calle que fue bautizada con el nombre de mi padre en reconocimiento a su labor, la Rua Santiago Ruiz. La historia familiar está tan entrelazada con la historia de la bodega que esa foto es una suma de todo, familia y trabajo, cariño y vocación. La foto, con las puertas del balcón abiertas, como invitando a entrar, también habla de la personalidad acogedora de la familia y la bodega.

La historia de vuestra familia en el vino se remonta a 1860, con Ángel, y ha sabido pasar del legado artesanal a una bodega que también investiga e innova en Tomiño. ¿Cómo se encuentra hoy el equilibrio entre tradición e innovación?
Uno de los hitos más importantes de Santiago Ruiz en los años 80 fue precisamente la innovación en la elaboración del vino. Nosotros hemos seguido esa estela, siempre con el respeto al territorio y a la herencia recibida. Y en este momento, en 2026, estamos muy ilusionados porque con nuestro Santiago Ruiz 2025 comienza una etapa muy especial para la bodega: es el primer vino elaborado por nuestro enólogo Chema Ureta. Tenemos proyectos muy novedosos e ilusionantes que compartiremos muy pronto.
Santiago Ruiz defendía con convicción las variedades autóctonas de O Rosal, y el vino que lleva su nombre sigue expresando esa identidad. ¿Qué tiene O Rosal que lo hace tan singular en el mundo del vino blanco gallego?
Como tú dices, es reconocido el valor que Santiago Ruiz dio a nuestras variedades y concretamente al territorio de O Rosal. En la famosa etiqueta que tan bien nos representa se dice expresamente que es un vino de O Rosal.
Después de más de 30 años dedicada por completo a la bodega, y siendo hoy embajadora de la casa, ¿qué parte del legado de tu padre sientes más viva en tu manera de trabajar cada día?
La ilusión de que cada día es nuevo. Que hay algo que descubrir, crear, contar, compartir. La bodega y el proyecto de Santiago Ruiz sigue evolucionando e innovando, con la misma curiosidad y ambición.
Cuando miras hacia adelante, ¿cómo te gustaría que las próximas generaciones recordaran a Santiago Ruiz, a Rosa Ruiz y a esta familia que ha hecho del vino una forma de contar su historia?
Como personas que recibieron un legado y lo supieron transmitir. Quisiera que a través de nuestros vinos perdure el amor y el respeto al territorio de O Rosal, a unas variedades, una manera de hacer y de sentir. Y que estas y las próximas generaciones sigan encontrando ocasiones para compartir emociones alrededor de Santiago Ruiz.
