María Li Bao es una de las figuras más influyentes de la gastronomía asiática en España. Nacida en Qingtian (China) y criada en Madrid, ha construido una trayectoria marcada por la sensibilidad culinaria, la visión empresarial y una firme voluntad de preservar la autenticidad de la cocina china. Al frente de Grupo China Crown, ha sabido convertir su identidad bicultural en una fortaleza, desarrollando conceptos que combinan tradición, sofisticación e innovación, y que hoy ocupan un lugar destacado en la escena gastronómica nacional.
Con más de dos décadas de liderazgo en restauración, Li Bao ha impulsado proyectos tan reconocidos como China Crown, Shanghai Mama, Bao Li, Lelong Asian Club, Sushi Bar Tottori, Gran Café Shanghai, Indochina Brasa y Kaito Hand Roll Bar. En todos ellos late una misma filosofía: respeto por el origen, excelencia en la ejecución y capacidad para reinterpretar la cocina asiática para el público español sin perder su esencia. Hablar con María Li Bao es acercarse a una mujer que no solo ha revolucionado el sector, sino que también ha contribuido a dignificar y elevar la gastronomía china en España. Charlamos con ella.
Su historia está marcada por una identidad bicultural muy fuerte, nacida en China y criada en Madrid. ¿Cómo ha influido esa doble mirada en su manera de entender la gastronomía y los negocios?
Ha influido en todo. Yo crecí con la cultura china en casa, con mucho respeto por la tradición y la comida, y al mismo tiempo en Madrid, entendiendo cómo piensa el cliente de aquí. Eso me ayuda mucho porque puedo mantener la esencia china, pero también adaptarla para que la gente en España la entienda y la disfrute.
Con solo 17 años tuvo que ponerse al frente del restaurante familiar. ¿Qué aprendió entonces sobre liderazgo, responsabilidad y resistencia que todavía aplica hoy?
Aprendí muy rápido y de una forma muy intensa. No tenía experiencia, pero sí mucha responsabilidad. Entendí que en este trabajo hay que estar siempre encima, cuidar al cliente y al equipo. También aprendí a ser fuerte, a no rendirme cuando las cosas van mal. Esa etapa me marcó mucho.
Se habla mucho de que ha revolucionado la gastronomía asiática en España. ¿En qué cree que ha consistido realmente esa revolución?
Yo creo que hemos ayudado a cambiar la idea que había. Antes la cocina china estaba muy asociada a algo básico. Nosotros hemos enseñado que puede ser elegante, compleja y con mucha historia. Ha sido un cambio poco a poco, pero hoy el cliente está más abierto y tiene más interés.

Usted ha defendido la autenticidad de la cocina china en un mercado que durante años la simplificó o la estereotipó. ¿Qué batalla ha tenido que librar para dignificar esa gastronomía en España?
La más difícil ha sido cambiar la mentalidad. Durante años había muchos prejuicios. Apostar por autenticidad no siempre es lo más fácil, porque a veces el cliente no lo conoce. Pero con el tiempo, cuando lo prueba y lo entiende, cambia su percepción.
China Crown simboliza tradición, pero también ambición y sofisticación. ¿Cómo se consigue modernizar la cocina imperial china sin traicionar su esencia?
Para mí lo importante es no tocar la base. Las recetas y los sabores se respetan. La modernización está en cómo lo presentamos, en el espacio, en el servicio. Es una forma de hacer la cocina más cercana sin cambiar lo importante.
Ha creado conceptos muy distintos entre sí, desde China Crown hasta Shanghai Mama o Kaito Hand Roll Bar. ¿Qué tiene que ocurrir para que una idea se convierta, en su cabeza, en un restaurante?
Normalmente nace de una idea clara o de algo que siento que falta. Empiezo a pensar en el concepto, el tipo de comida, el ambiente… y poco a poco se va construyendo. Pero tiene que tener coherencia y también ilusión, si no, no funciona.
En un sector tan competitivo como la hostelería, anticiparse a las tendencias es clave. ¿Qué cree que está buscando hoy el comensal español cuando se sienta en un restaurante asiático?
Creo que ahora busca más calidad y más verdad. Quiere probar cosas auténticas, pero también vivir una experiencia completa. Ya no es solo comer, es todo lo que rodea al restaurante.
Reabrir China Crown en 2020, en plena reconfiguración de la hostelería, fue una apuesta valiente. ¿Hubo miedo? ¿Y qué le hizo seguir adelante en ese momento?
Sí, fue un momento complicado y con muchas dudas. Pero también pensé que si no lo hacía en ese momento, quizá no lo haría nunca. Confié mucho en el proyecto y en el equipo, y decidí seguir adelante.
Su trayectoria también habla de una mujer que ha construido un grupo sólido en un entorno históricamente muy exigente. ¿Ha sentido que ha tenido que demostrar más por ser mujer?
En algunos momentos sí, pero no es algo en lo que piense cada día. Yo siempre he intentado demostrarlo con trabajo. Al final, cuando haces bien las cosas, eso es lo que cuenta.
Al frente del grupo está también su familia, con su hermano Felipe Bao en la dirección gastronómica. ¿Cómo se gestiona el equilibrio entre vínculo familiar, exigencia profesional y visión empresarial?
Tiene su parte buena y su parte difícil. Hay mucha confianza, pero también más exigencia. Intentamos tener claro el papel de cada uno y respetarlo. Eso es lo que hace que funcione.
Después de más de dos décadas liderando proyectos, ¿qué le sigue emocionando de este oficio?
Me sigue gustando mucho crear proyectos nuevos, pensar ideas, abrir espacios. Pero también me hace mucha ilusión ver el restaurante lleno y a la gente disfrutando. Eso nunca cambia.
Cuando mira todo lo construido hasta ahora, ¿qué legado le gustaría dejar en la gastronomía española y qué le queda todavía por conquistar?
Me gustaría que la cocina china tenga el reconocimiento que merece en España. Que la gente la entienda mejor y la valore más. Y a nivel personal, seguir creciendo y haciendo proyectos que me ilusionen.
