Vuelve Kate Moss y esta vez no es sobre una pasarela. Tampoco vuelve por una campaña de lujo, ni saliendo de un coche entre flashes y rumores. Esta vez vuelve al cine. Y sí, el proyecto ya es una realidad. Se llama Moss & Freud, ya pasó por el BFI London Film Festival de 2025 y ya tiene fecha de estreno en los cines del Reino Unido: el 29 de mayo.
No estamos ante el típico biopic de “ascenso, excesos y caída” que muchos esperaban. Nada de resumir toda la vida de la supermodelo en dos horas de montaje acelerado. La película se centra en un solo episodio, el momento en que Lucian Freud retrató a Kate Moss en 2002, cuando ella estaba embarazada de su hija Lila. Es decir, una Kate en la cima de su fama, observada de cerca por uno de los pintores más temidos y reverenciados del Reino Unido.
Y ahí es donde la historia se pone realmente irresistible. Porque no era entonces sólo una modelo, era una obsesión nacional, una portada andante, una máquina de titulares. Freud, por su parte, no era precisamente un hombre dado a la frivolidad. Juntar a ambos era gasolina pura. La prensa británica lo entendió enseguida, y la película parece vender precisamente eso: el choque brutal entre el brillo de la moda y la crudeza del arte.

La cinta estará protagonizada por Ellie Bamber como Kate Moss y Derek Jacobi como Lucian Freud, con dirección y guion de James Lucas, el cineasta oscarizado por The Phone Call. Moss no se ha limitado a ceder su nombre. Es productora ejecutiva y, según informó The Guardian, estuvo personalmente implicada en la elección de Bamber para interpretarla. En otras palabras: esta no es una historia contada desde fuera. Es una versión de Kate Moss con la propia Kate Moss vigilando desde dentro.
British Vogue ha insistido además en otro elemento perfecto para disparar la expectación: el vestuario. La película recupera varios de los looks más icónicos de Moss y, en algunos casos, no se trata de copias, sino de piezas ligadas directamente a su archivo y a su imagen pública. Ahí está, por ejemplo, la inolvidable chaqueta Union Jack de Galliano y el universo visual del Londres de los dos mil, cuando Moss era el termómetro de una era entera. Eso convierte Moss & Freud en algo más que una película: la convierte en una recreación calculada de la mitología Moss.
El retrato de Freud fue una pieza que siguió creciendo en fama hasta alcanzar £3,5 millones en Christie’s en 2005, prueba de que aquella sesión no fue una nota al pie en la carrera de Moss, sino uno de esos momentos en que una imagen deja de pertenecer al presente y entra en la leyenda. La historia, tal y como la prensa británica la está vendiendo, mezcla embarazo, fama, desnudez, poder, arte y una intimidad observada con morbo durante años. Material de oro para cualquier redacción con olfato de portada.

Eso sí, no todo han sido aplausos. Tras su paso por el festival de Londres, parte de la crítica británica se mostró fría. The Guardian consideró que la película suaviza demasiado a sus protagonistas y se esfuerza en desmontar el viejo cotilleo sobre una posible relación sentimental entre ellos, en lugar de lanzarse de lleno al desorden, la ambigüedad y el filo de esa conexión. Tatler, por su parte, venía a decir algo parecido: que el material era dinamita, pero la película no siempre explota con la fuerza que prometía.
Y, sinceramente, eso también alimenta el interés. Porque cuando una película sobre Kate Moss genera debate antes incluso de su estreno comercial amplio, significa que el personaje sigue intacto: sigue siendo capaz de dividir, fascinar y vender. No importa cuántos años pasen. Moss continúa teniendo ese raro don de convertir cualquier episodio de su vida en un espectáculo cultural. Y si encima hablamos del pintor que la retrató embarazada, desnuda y fuera del filtro brillante de la moda, el imán es todavía más fuerte.
Así que sí, Kate Moss sí tiene biopic. Pero no esperes una wikipedia con tacones. Lo que llega es algo más jugoso y, en cierto sentido, más astuto: una película encerrada en un momento muy concreto, cuando la mujer más fotografiada de su generación se sentó frente a un pintor decidido a verla de otra manera. Y en esa tensión —entre icono y persona, entre glamour y carne, entre leyenda y realidad— está exactamente el tipo de historia que un tabloide británico sabe convertir en oro.
