Fatima Ezzahra El Mansouri no necesitó un largo discurso para convertir una cuestión gramatical en una declaración de intenciones. Durante el debate parlamentario sobre el programa de su Gobierno, la presidenta del Ejecutivo se enfrentó a Dris Azami, líder del grupo parlamentario del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), de orientación islamista, después de que este se refiriera a ella en masculino.
“Me has llamado dos veces “jefe del Gobierno”, pero yo soy “la jefa del Gobierno”. No pasa nada, ya terminarás acostumbrándote”, le respondió El Mansouri, la primera mujer en la historia de Marruecos en lograr ser primera ministra. Sin embargo, aún no cuenta con un respeto real, en un país donde las concepciones tradicionales sobre el papel femenino siguen alimentando el debate político.

El Mansouri, del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), fue más allá de la disputa lingüística y desafío a los islamistas. En su intervención, arremetió contra las declaraciones del expresidente del Gobierno Abdelilah Benkiran, dirigente del PJD, que había recurrido a la metáfora de las lámparas para defender el rol doméstico de las mujeres.
Las mujeres marroquíes no son lámparas
“Ustedes se han preocupado de que sus propias hijas estudien y tengan éxito, pero quieren que las hijas de los demás se conformen con ser lámparas colgadas del techo”, reprochó la jefa del Gobierno a los islamistas. “Yo no soy una lámpara: soy una mente, una conciencia, unas convicciones y una lucha”, concluyó.
Además del machismo, la confrontación también refleja la rivalidad entre el PAM y el PJD, dos formaciones con visiones diferentes sobre la religión en la vida pública y las libertades individuales. El PAM, fundado en 2008, fue considerado por algunos analistas una iniciativa destinada a contrarrestar el ascenso electoral de los islamistas en Marruecos.

El Gobierno de El Mansouri presentó, además, un programa económico y social con objetivos de crecimiento, control del déficit y ampliación de las ayudas directas a los hogares. Aunque su desafío más inmediato también parece tener una dimensión simbólica: ejercer la autoridad sin que su condición de mujer se convierta en una excepción que deba justificarse. En el Parlamento marroquí, El Mansouri no piensa aceptar que el lenguaje la relegue a un segundo plano.

