Arranca la era Fatima Ezzahra El Mansouri. Sin duda, el nombramiento de la alcaldesa de Marrakech y ministra de Urbanismo y Planificación Territorial como jefa del ejecutivo marroquí constituye un hecho histórico. Nunca una mujer había liderado un gabinete real en la historia del país norteafricano.
Pero correrá durante los próximos cinco años la secretaria general del Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM), primera formación de la cámara baja del Parlamento de Marruecos en las recientes elecciones legislativas, el riesgo de sucumbir al síndrome Obama: que la gran noticia sea su mero nombramiento -en el caso del ex presidente estadounidense haber sido el primer inquilino de la Casa Blanca negro- y la trascendencia del mandato se limite a lo simbólico pero que cuando llegue la hora de las decisiones y los resultados no esté a la postre a la altura de los enormes retos que tiene por delante su país.
No será una legislatura fácil, pero el rey de Marruecos, Mohamed VI -responsable de la elección; podría haber elegido a cualquier otro miembro de la candidatura del PAM-, ha confiado en ella, a sus 50 años, un momento trascendental de su reinado, con sus facultades menguadas y en la entrada en el período de madurez de su hijo y heredero al trono Mulay Hassan. Un rey al que las mujeres de Marruecos deben gran parte de las mejoras de su condición social merced a su impulso a sucesivas reformas del código de familia.

Muy probablemente posibilidad de contar con El Mansouri lleva rondando la cabeza del monarca desde hace varios años, quizás tan pronto como, un año después de la creación de la formación por parte de uno de sus amigos íntimos, Fouad Ali El Himma, la abogada se convertía en alcaldesa de Marrakech, su ciudad natal, a los 33 años, marcando el primer hito de su carrera.
Tras un mandato fuera de la alcaldía, llegaría la nueva victoria electoral de 2021 consolidada ya como figura emergente de la política nacional y en su partido, una formación nacida para liderar un día el gobierno, en la capital turística del país y una de las marcas más reconocibles de Marruecos en el mundo. Tras su segundo triunfo electoral en Marrakech, la abogada fue nombrada ministra de Ordenación del Territorio, Urbanismo y Vivienda y en pleno ascenso a las posiciones de liderazgo en la formación tecnocrática y promonárquica.
El reto del descontento social
El reto más inmediato de El Mansouri será el de la gestión económica y social después de un gobierno, el presidido por el multimillonario Aziz Akhannouch -del que ha formado parte-, incapaz de poner freno a la pérdida de poder adquisitivo de los hogares de Marruecos. El descontento social acabaría estallando hace ahora un año cuando un movimiento de protesta liderado por los jóvenes -la conocida como Generación Z– llenaría las calles de las principales ciudades de Marruecos para exigir mejoras en el sistema sanitario y educativo, a juicio de la gran mayoría mal financiado y deficiente.
Precisamente el Mundial de fútbol de 2030, cuya organización millonaria fue blanco de las críticas de los Z, será uno de los grandes hitos del mandato de El Mansouri. “El de la desigualdad, que ha quedado expuesto en la crisis de Ceuta, y el descontento social será su primer reto. Es previsible que en estos cinco años haya nuevos conatos de protestas frente al desarrollo de los megaproyectos asociados a la Copa del Mundo”, estima a Artículo14 la profesora de Relaciones Internacionales de la UNED y especialista en Marruecos Beatriz Tomé.
La crisis es también institucional. A pesar del hito indudable que supone su designación, los datos no engañan: el pasado 23 de septiembre la abstención batió récords. Sólo un 38% de los censados acudieron a las urnas, marcando el porcentaje de participación en unas legislativas desde 2007. El dato es aún más preocupante si se tiene en cuenta que apenas el 62% de los marroquíes en edad de votar se encontraban inscritos en un censo de inscripción voluntaria.

Esto es, el quebrado arroja el dato de que apenas un 22% de los mayores de 18 años -el 38% del 62%- acudieron a las urnas para elegir a los 395 diputados de la Cámara de Representantes. Apenas, en consecuencia, seis millones de los aproximadamente 26 millones de marroquíes con posibilidad de ejercer su derecho constitucional mostraron interés por salir de casa y acudir a los colegios para elegir a sus diputados y, con ello, la composición de su gobierno.
Tras las elecciones y antes de haber sido designada aún como jefa del gobierno se producía la única alusión verbal directa de El Mansouri a la situación en Ceuta, cuando la secretaria general del PAM insistió en la necesidad de acordar con España el regreso de los menores que continúan en la ciudad autónoma española desde el 31 de julio pasado y destacó la necesidad de mantener relaciones “de alto nivel” con España.
La cuestión de Ceuta seguirá marcando la agenda a ambos lados del estrecho de Gibraltar, y volverá a los titulares con fuerza en apenas diez días con motivo de la visita de los reyes de España a la ciudad autónoma española el día 13 de octubre -también visitarán Melilla al día siguiente. A pesar de que, a diferencia de lo ocurrido en noviembre de 2007 al anunciarse la visita del rey don Juan Carlos a las dos ciudades norteafricanas, el gobierno saliente no se ha pronunciado sobre lo que entonces se percibió como una provocación.
Apenas algunos medios de comunicación, como el digital Le360 -digital de corte oficialista-, tildaba en una crónica la inminente visita real de “provocación anunciada en contra de toda lógica de distensión”, aunque la posibilidad de que la presencia de don Felipe y de doña Letizia en las calles de Ceuta y Melilla cree un conflicto diplomático -que el gobierno de Pedro Sánchez está tratando de evitar a toda costa- está todavía por ver.
Con todo, el margen de maniobra de El Mansouri será necesariamente limitado. No por ser ella ni en razón del peso de su partido en la próxima coalición gubernamental, sino por la naturaleza del sistema político marroquí. El país magrebí es una monarquía ejecutiva donde las atribuciones del jefe del gabinete real no pueden compararse a las del presidente del gobierno o los primeros ministros en países como España y sus socios europeos. Las grandes decisiones estratégicas del país dependen directamente del monarca y sus consejeros -núcleo del majzén, el poder permanente-, y, no en vano, en manos del soberano estarán los nombres de los próximos ministros del Interior, Defensa, Exteriores y Asuntos Religiosos.
Luchar contra el machismo
Además, la nueva jefa del gobierno -con la Constitución de 2011 la tradicional denominación de primer ministro pasaba a la historia- tendrá que afrontar un reto difícil de medir pero no por ello menos persistente y relevante: el del conservadurismo de amplios sectores de la sociedad marroquí también presente en la clase política del país. Lo cierto es que un total de siete mujeres contaron con responsabilidades ministeriales en el último gabinete de coalición -de un total de 24 carteras-, entre ellas la ministra de Economía y Finanzas Nadia Fettah Alaoui, la de Transición Energética Leila Benali o la propia El Mansouri, cuatro más que en el anterior gobierno, aunque mucho es el terreno que dista por recorrer para la igualdad.
Además de su condición femenina, El Mansouri tendrá que luchar contra el estigma de un background elitista y de la falta de legitimidad. Hija de un pachá de Marrakech -esto es, funcionario de Interior que dirige la administración local del Estado en las ciudades- y embajador marroquí en los Emiratos, la jefa del gobierno completó su formación en universidades francesas y estadounidenses como es común en las élites nacionales.
A pesar de contar con todos los parabienes legales, pues la alcaldesa de Marrakech es miembro destacado de la dirección del partido ganador de las elecciones -su formación obtuvo un total de 97 escaños con el 22% de los sufragios-, lo cierto es que contando listas locales y regionales el PAM recibió poco más de dos millones de votos en todo el país. “La participación ha sido muy baja y tiene el reto de la desafección política. Es un gobierno que nace con escasa legitimidad electoral y tendrá que recomponer el diálogo entre la élites políticas y la ciudadanía”, concluye Tomé a este medio.

