Opinión

Sánchez descubre su humanidad en su octavo año de gobierno y suenan tambores electorales

La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez (i, de espaldas), recibe la felicitación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), tras su discurso en el pleno en el que se debate y vota los decretos de vivienda del Gobierno celebrado este viernes en el Congreso de los Diputados en Madrid. EFE/JJ Guillén
La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez (i, de espaldas), recibe la felicitación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), tras su discurso en el pleno en el que se debate y vota los decretos de vivienda del Gobierno celebrado este viernes en el Congreso de los Diputados en Madrid. EFE/JJ Guillén
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En el día 3.046 de la presidencia de Pedro Sánchez, y en el día 1.143 de la XV Legislatura, siendo Isabel Díaz Ayuso presidenta de la CAM, y José Luis Martínez-Almeida alcalde de la Villa, y José Luis Ábalos tetrarca de Soto del Real, y Begoña Gómez mártir de la Audiencia Provincial de Madrid, durante el sumo sacerdocio –mediático, quiere decirse– de Iker Jiménez y Carmen Porter, descubrió su humanidad el yerno de Sabiniano, el de las saunas, en el hemiciclo.

Y Sánchez fue por toda la región alrededor de la Moncloa, predicando en eldiario.es que baraja convocar elecciones generales para el próximo 29 de noviembre, por eso de que PP, Vox y Junts, trasuntos políticos de Belcebú, Lucifer y Gerard Piqué, votaron en contra de los dos decretos de vivienda, siendo rechazado el primero por 178 votos frente a 172, y el segundo, por 184 frente a 166.

Durante el pleno, el portavoz de Vivienda de Sumar, Alberto Ibáñez, advirtió a peperos, voxeros y puigdemontoneros de que, con sus noes, empujaban al suicidio a “cientos de personas” y les hacía “corresponsables de su muerte, dolor y sufrimiento”. Me pregunto si el diputado que increpó a Ester Muñoz en el Patio de Floridablanca –“¡Lo vais a pagar!”, gritó amenazante y gañán– respiraba por la herida del remordimiento: desde que en el Gobierno de España hay cinco ministros de su potaje político –a saber, Yolanda Díaz, Mónica García, Ernest Urtasun, Pablo Bustinduy y Sira Rego–, según datos del Consejo General del Poder Judicial, se han ejecutado más de 55.000 desahucios hasta el primer trimestre de 2026; desde que Sánchez es presidente, más de 270.000.

Estoy convencido de que, en los próximos días, si no horas, Sánchez anunciará la disolución de las cámaras y la convocatoria de elecciones. El presidente lleva años asegurando que la legislatura durará hasta el año 2027 –“con o sin concurso del Poder Legislativo”, declaró en septiembre del 24–, pero por vez primera en eones, trapazas al margen, puede desprenderse –o intentarlo, al menos– de los casos de corrupción que orbitan en torno a su familia, a su partido y a su Gobierno, así como del quilombo de Ceuta, y elaborar un relato polarizador en el que presentarse como el Leónidas que lideró a los espartanos progresistas frente a los lacayos inhumanos de Blackstone, JP Morgan o Soros Fund Management –villanos a los que, en otro tiempo, cortejaba en Nueva York y garantizaba “seguridad jurídica en el sector inmobiliario en concreto”–.

La precampaña arrancó este viernes en el Congreso con un señalamiento explícito, legal y pertinente, no lo discuto –el PP hizo lo mismo cuando la Ley de Amnistía–, y con un micromitin descaradamente populista. La votación pública por llamamiento que solicitaron PSOE, Sumar y ERC empalma con el tráiler velado del discurso del presidente: “Hagan lo correcto porque, si no, la historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que imaginan”. Los vendepatrias han sido identificados. Así, se atisba un Armagedón entre los monaguillos del padre Ángel que, tras ocho años gobernando, pretenden voltear las políticas de vivienda, y quienes no piensan, según Sánchez, “en los miles de niños y niñas que mañana podrían ver su ropa, su mochila o sus juguetes tirados en la acera porque sus padres han sido desahuciados”. El bueno de Iván Redondo ha pronosticado que, de haber elecciones, “el PSOE será la primera fuerza política”. No seré yo quien le lleve la contraria.