Alazne Solabarrieta Lecea, una ciudadana hispanovenezolana de 65 años y ascendencia vasca, figura entre las víctimas mortales del devastador terremoto que ha golpeado el norte de Venezuela. Su cuerpo fue localizado bajo los escombros del edificio Santa Rita, situado en el barrio caraqueño de San Bernardino, donde residía junto a su marido, el antiguo miembro de ETA Luis María Olalde Quintela, conocido con el alias de Txistu.
La historia de Alazne Solabarrieta ha adquirido una dimensión política y judicial inesperada porque su marido permanece huido de la Justicia española y continúa apareciendo en los registros oficiales de antiguos integrantes de ETA con reclamaciones pendientes. Mientras ella murió en el derrumbe, Olalde fue rescatado con vida, aunque herido, y posteriormente trasladado en camilla a un centro hospitalario.
La familia recibió la confirmación del fallecimiento durante la tarde del jueves, después de varias horas de incertidumbre. Según informó Europa Press, fue el presidente del Centro Vasco de Caracas quien comunicó a sus allegados que los equipos de emergencia habían encontrado el cuerpo de Alazne Solabarrieta entre los restos del inmueble.
Una familia marcada por el exilio vasco en Venezuela
Alazne Solabarrieta había nacido en Caracas, pero pertenecía a una conocida familia de la diáspora vasca establecida en Venezuela. Era nieta de José María Solabarrieta, alcalde de Ondarroa durante la Segunda República, que tuvo que abandonar España y exiliarse en el país sudamericano.
También era prima hermana de María Esther Solabarrieta, antigua directora de Aguas del Gobierno Vasco y exdiputada foral de Bizkaia, casada con Iñaki Anasagasti, quien fue portavoz del PNV en el Congreso y senador. La propia familia y las instituciones vascas expresaron públicamente sus condolencias tras conocerse el desenlace.
Junto con su marido, Alazne Solabarrieta regentaba el restaurante Pakea en Caracas, un establecimiento dedicado a la cocina vasca. La pareja tenía dos hijas, llamadas Alazne e Ilargi, según la información facilitada por sus familiares. No consta que la fallecida hubiera estado vinculada personalmente a ETA ni que tuviera causas judiciales abiertas en España. La conexión con la organización terrorista procede exclusivamente de la trayectoria de su esposo.
Quién es ‘Txistu’, el antiguo miembro de ETA rescatado con vida
Luis María Olalde Quintela, también conocido como Koldo Olalde Kintela y por el alias de Txistu, nació en Azkoitia, Gipuzkoa. Los informes de la Guardia Civil sitúan su incorporación a ETA en 1978, cuando pasó a formar parte del denominado comando Urola.
De acuerdo con la documentación policial, participó como integrante de ese grupo en varias acciones terroristas. Al comando Urola se le atribuye, entre otros hechos, un atentado perpetrado en 1979 contra un vehículo de la Guardia Civil, en el que murieron tres personas y otra resultó gravemente herida. Sobre Olalde continúa pesando una orden de búsqueda y detención de la Audiencia Nacional por un delito de atentado.
El marido de Alazne Solabarrieta aparece entre los antiguos miembros de ETA considerados huidos de la Justicia. Su nombre también figura en los registros del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, dependiente del Ministerio del Interior, junto a otros prófugos repartidos entre distintos países de América, África y Europa.
Olalde llegó a Venezuela durante la década de los ochenta, dentro del grupo de miembros de ETA que se instalaron en el país tras los contactos mantenidos entre los gobiernos de Felipe González y Carlos Andrés Pérez. España solicitó formalmente su extradición en 2003. El antiguo miembro de ETA se presentó entonces ante la Fiscalía venezolana acompañado de su abogado, pero el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela terminó rechazando su entrega y ordenó su libertad.
La Audiencia Nacional había pedido localizarlo unas semanas antes
El terremoto ha vuelto a situar el nombre de Txistu en el centro de la actualidad apenas unas semanas después de que la Audiencia Nacional solicitara información a Venezuela sobre catorce antiguos miembros de ETA que residían en el país en abril de 2025.
La comisión rogatoria incluía expresamente a Luis María Olalde Quintela y pedía a las autoridades venezolanas todos los datos disponibles sobre su localización, su posible pertenencia al colectivo de refugiados de ETA y el grado de responsabilidad que pudiera haber desempeñado dentro de ese grupo. En la relación también figuraban José Ignacio de Juana Chaos, José Luis Eciolaza Galán, alias Dienteputo, y Arturo Cubillas, entre otros.
El rescate de Olalde confirma ahora públicamente que residía en Caracas, aunque su aparición no implica que vaya a ser detenido de manera automática. Cualquier actuación dependerá de las reclamaciones judiciales que continúen vigentes, de las gestiones de la Audiencia Nacional y de la colaboración que estén dispuestas a prestar las autoridades venezolanas.
El edificio Santa Rita, destruido por el terremoto
Alazne Solabarrieta y su marido se encontraban en su domicilio cuando comenzaron los temblores. El edificio Santa Rita quedó reducido a escombros en San Bernardino, uno de los puntos de Caracas afectados por los dos fuertes movimientos sísmicos que sacudieron Venezuela con apenas unos segundos de diferencia.
Los terremotos, de magnitudes superiores a siete, provocaron derrumbes en Caracas, La Guaira y otras zonas del centro y el norte del país. El balance continúa siendo provisional mientras los equipos de emergencia buscan supervivientes, retiran escombros y tratan de localizar a ciudadanos que siguen desaparecidos.
Entre las víctimas se encuentran varios ciudadanos españoles. El Ministerio de Asuntos Exteriores mantiene activados sus mecanismos de emergencia consular y trabaja para localizar a decenas de personas con nacionalidad española con las que sus familiares todavía no han podido establecer contacto.
La muerte de Alazne Solabarrieta resume una de las historias humanas que deja la catástrofe: una mujer nacida en Venezuela dentro de una familia vasca exiliada, atrapada bajo los restos de su vivienda, mientras su marido, buscado durante décadas por la Justicia española, conseguía salir con vida. Una tragedia personal que, al mismo tiempo, ha vuelto a abrir un expediente político y judicial que España nunca consiguió cerrar.

