La celebración del 14 de julio, Fiesta Nacional de Francia, volvió a ser un espacio para la diplomacia, la cultura y el deporte. La Embajada de Francia en España acogió este martes un acto en el que la amistad hispanofrancesa fue la gran protagonista y en el que, además, los 2.500 invitaron pudieron disfrutar del encuentro que enfrentó a las selecciones de España y Francia, proyectado en varias pantallas repartidas por los jardines de la residencia.
Antes del discurso institucional, subieron al escenario la ministra de Igualdad, Ana Redondo, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Ambos posaron para las fotografías oficiales y permanecieron junto a la embajadora durante su intervención, aunque no tomaron la palabra.
La embajadora, Kareen Rispal, quiso comenzar su discurso trasladando su “más sentido pésame a las víctimas del incendio de Los Gallardos”, además de recordar a las víctimas del atentado de Niza hace justo diez años. Unas palabras marcadas por el recuerdo y la solidaridad que dieron paso a una reivindicación del papel del deporte como herramienta de unión entre pueblos.

“El deporte tiene la capacidad de unirnos, pero el deporte también puede poner de manifiesto nuestras diferencias. El partido que nos reúne enfrentará dos grandes equipos que se estiman”, señaló. Asimismo, subrayó que el encuentro sería contemplado “con respeto, amistad y alegría”, insistiendo en que, “más allá del resultado, lo que hoy celebramos es la Fiesta Nacional francesa y la amistad Francia-España, una amistad sólida y duradera”.
La embajadora aprovechó también su intervención para reivindicar la necesidad de reforzar el proyecto europeo. “Europa debe seguir siendo un modelo y una potencia que proteja, una potencia económica y política. Los europeos debemos mantenernos firmes en nuestros principios”, afirmó, haciendo referencia a valores como la lucha contra el racismo, la defensa de los derechos humanos o el feminismo.
En política internacional, destacó el apoyo de Francia a Ucrania y su trabajo “para lograr una paz duradera en Oriente Próximo”, al tiempo que defendió que “el diálogo, el multilateralismo y la cooperación son los mejores instrumentos para construir el futuro”, una convicción que aseguró compartir con España.
Su apelación a los valores europeos y a la convivencia llama especialmente la atención tras las recientes declaraciones del expresidente Mariano Rajoy. Aunque la embajadora no hizo ninguna alusión directa, su insistencia en el respeto mutuo y su mención a levantarse contra el racismo se podían interpretar como claras referencias.
La intervención concluyó con un rotundo “¡Viva España! ¡Viva Francia! ¡Viva la amistad hispanofrancesa!”, tras el que sonaron el himno de España y el Himno a la Alegría, símbolo de la Unión Europea. Posteriormente, la cantante Sheila Blanco interpretó La Marsellesa, a la que se fueron sumando numerosos asistentes.
La velada continuó con una amplia selección de gastronomía y bebidas típicas francesas antes del comienzo del partido, que pudo seguirse desde las distintas pantallas instaladas en el jardín. El encuentro se vivió con absoluto respeto y un ambiente festivo en el que franceses y españoles compartieron celebración. Los dos goles de la selección española fueron celebrados con entusiasmo por buena parte de los asistentes, aunque no todos compartían la misma alegría en un jardín dividido entre aficionados españoles y franceses. Pese a la lógica decepción de estos últimos por el resultado, el encuentro se vivió con absoluta alegría y deportividad, en consonancia con el espíritu que había reivindicado la embajadora durante su discurso.

