Cuando Bea (@beaamunoz) tenía 13 o 14 años ya decía que algún día se iría a Nueva Zelanda. Todo empezó casi como una competición familiar: su hermano mayor se había marchado a Australia cuando todavía “no era tan popular ir a Australia”, recuerda entre risas, y ella pensó: “Pues yo me iré más lejos, me iré a Nueva Zelanda”. Aquel destino lejano terminó convirtiéndose en un sueño fijo durante toda su adolescencia.
La idea cobró todavía más fuerza cuando descubrió que muchas películas famosas, como El Señor de los Anillos o Las Crónicas de Narnia, se habían grabado allí. “Fue como: ‘qué fuerte, tengo que ir’”, explica. Sin embargo, el camino no fue directo. Terminó Bachillerato justo durante la pandemia y las fronteras neozelandesas estaban cerradas. “Fue todo como un poco ‘trambólico’”, cuenta. Empezó entonces la carrera en España, estudió Historia y Política y pasó un tiempo en Londres. Más tarde se fue de Erasmus a Argentina, donde conoció a su novio. Ahí el plan volvió a aparecer.
Los dos querían marcharse fuera una temporada y, aunque inicialmente pensaron en Australia, el bloqueo temporal de las visas australianas les hizo cambiar de rumbo. “Le dije a mi novio: vámonos a Nueva Zelanda, que en principio la gente dice que es mucho más fácil”. Finalmente llegaron en noviembre del año pasado.

“Me parecía un poco como un cuento”
Bea vive el país con la mezcla de fascinación y calma de quien llevaba años imaginándolo. “Cuando llegué todo me parecía un poco como un cuento”, asegura. Habla de paisajes que parecen irreales y de una sensación constante de estar dentro de una película. Aunque reconoce que ya se ha acostumbrado un poco, sigue impresionándole el cuidado del entorno. “Todavía no he visto ni un solo campo abandonado”, comenta. “Todo el país está en perfectas condiciones”.
Con una Work and Holiday Visa, su experiencia laboral se aleja de lo que sería desarrollar una carrera profesional vinculada a sus estudios. Sin embargo, insiste en que para quienes quieren viajar y trabajar temporalmente, el país ofrece muchas facilidades. “Si tú tienes un nivel medio de inglés encuentras trabajo muy fácilmente en alguna tienda de ropa o en alguna cafetería o restaurante”, explica. Ella misma llegó con menos de mil euros ahorrados y asegura que nunca sintió que fuera imposible salir adelante.
Parte de esa facilidad, dice, tiene que ver con la manera en la que funciona la búsqueda de empleo. “Aquí tú vas paseando por la calle y echas una mañana entera hablando con los sitios”, cuenta. “Vas diciendo: ‘Hola, soy Bea, quiero buscar trabajo’, y todo el mundo te llama de vuelta”.
“Aquí cobras más que en España y los pisos son más baratos”
También destaca la calidad de vida. Aunque el alojamiento se paga semanalmente —algo que al principio le chocó— considera que los precios son asumibles comparados con Europa. “Aquí cobras más que en España y los pisos son más baratos”, explica. Además, no habla de pequeños apartamentos urbanos, sino de casas con jardín, barbacoa y garaje. “Hay muy buena calidad de vida”, resume.
Donde sí nota más diferencia económica es en el alcohol. Nueva Zelanda tiene normas muy estrictas sobre su consumo y venta. “Aquí todo el tema del alcohol y el tabaco lo tienen muy mal visto”, explica. Las copas son más pequeñas y están medidas al milímetro. “No puedes vender alcohol si no lo haces con medidor”, dice. Aun así, considera que salir a comer fuera no es especialmente caro si se compara con ciertas ciudades europeas.

Más allá de lo económico, lo que más le ha impactado es el ritmo de vida. “Mucho más lento”, responde cuando compara Nueva Zelanda con España. Describe un país donde el trabajo ocupa un lugar secundario y donde la vida cotidiana gira más en torno al bienestar personal y familiar. “Aquí la verdad que el trabajo es secundario y lo importante es tu vida”, asegura. Incluso explica que llegar tarde al trabajo no se vive con la misma tensión que en España. “Aquí de verdad que es todo tan chill”.
La seguridad es otro de los aspectos que más le han marcado, especialmente como mujer. “Es el país donde más segura me he sentido”, afirma con contundencia. Aunque aclara que “claramente existe el machismo”, insiste en que nunca ha percibido inseguridad en el día a día. “Salgo de fiesta por la noche y no me da nada de miedo caminar sola”, cuenta. Según explica, el nivel de confianza social llega hasta extremos que todavía le sorprenden: “La gente duerme con las puertas de casa abiertas y dejan los coches abiertos”.
@beaamunoz un festival anual, un puesto de churros, y unos acantilados de arcilla #viajar #nz #viaja #queenstown #nuevazelanda
“La mujer está en todos los ámbitos“
Una de las anécdotas que más la impactó ocurrió nada más aterrizar en Wellington. La familiar de una amiga fue a recogerla directamente a la zona de equipajes del aeropuerto sin pasar ningún control de seguridad. “Yo no entendía nada”, recuerda. “Puedes entrar perfectamente hasta donde salen las maletas”.
En cuestiones de igualdad, Bea considera que Nueva Zelanda va “muy por delante”. Menciona que fue el primer país del mundo en aprobar el voto femenino y destaca la fuerte presencia de mujeres en política y en todos los sectores laborales. También habla de la influencia de la cultura maorí, donde históricamente las mujeres ocupaban un papel central. “La mujer está en todos los ámbitos”, resume.
Sobre la convivencia cultural, explica que la población maorí forma parte total de la vida cotidiana. “Te encuentras maorís por todos lados, trabajando en cualquier sitio”, dice. Además, le sorprendió descubrir que muchos maorís físicamente no responden al estereotipo que ella tenía antes de llegar. “Puedes estar hablando con un maorí rubio con ojos azules”, comenta.

Aunque se siente muy feliz en Nueva Zelanda, su idea es seguir viajando y mudarse próximamente a Australia. Aun así, tiene claro qué se llevará consigo de esta experiencia: “La vida en paz”. También quiere conservar esa manera relajada de entender el trabajo y el tiempo. “Se agradece mucho vivir en un entorno así”, concluye.
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