La Unión Europea llevaba tiempo advirtiéndolo. La guerra entre Estados Unidos e Irán y el cierre del estrecho de Ormuz provocaría la mayor crisis petrolera desde los años 70. La preocupación no es nueva y la advertencia, con las cámaras grabando y los periodistas delante, tampoco. Aunque el comisario de Energía, Dan Jørgensen, ha asegurado que de momento no hay problemas de suministro, también ha reconocido que la Unión Europea ya ha comenzado a prepararse para un posible escenario de escasez, sobre todo de queroseno. Es la primera vez que se concreta la necesidad.
“Seguimos preparándonos para una situación en la que pueda haber problemas de seguridad de suministro, no estamos ahí aún pero puede ocurrir, especialmente en queroseno”, reconoció preocupado Jørgensen.
El socialdemócrata danés espera no llegar a ese escenario, pero la Unión Europea debe estar preparada por si acaso. “Esperamos no llegar ahí, pero nos estamos preparando (…), la esperanza no es una estrategia”, añadió el comisario de Energía. La advertencia de Jørgensen llega tras una reunión con el ministro de Energía moldavo, Dorin Junghietu.

Crónica de una crisis anunciada
Aunque la Unión Europea lleva desde hace semanas advirtiendo de las consecuencias de la guerra, el escenario se complica incluso si las hostilidades entre Estados Unidos e Irán terminasen mañana mismo. Las consecuencias de más de dos meses de conflicto las seguiríamos notando a largo plazo en nuestro bolsillo. Y es que el Ejecutivo Comunitario pierde al día 500 millones de euros por la inestabilidad cada vez más evidente en el Golfo Pérsico. “En tan solo 60 días de conflicto, nuestra factura por importaciones de combustibles fósiles ha aumentado en más de 27.000 millones de euros, sin una sola molécula de energía adicional”, aseguró la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo.
Aunque todavía se conocen pocos detalles sobre lo que realmente significan esas palabras del comisario, sorprende cómo se ha esforzado en subrayar la gravedad de la situación. “Es demasiado pronto para decir cuándo volveremos a una situación normal (…) en el mejor escenario la situación es muy seria”. No es la primera vez que en Bruselas reconocen preocupación por la crisis energética, pero sí la primera que muestran tan cerca un escenario tan complicado para el Ejecutivo Europeo.
También sorprende que la advertencia, que previsiblemente se materializará en un paquete de recomendaciones o medidas próximamente, se de menos de un mes después de presentar en Chipre la lista de medidas que adelantábamos en Artículo14 hace un par de semanas.

La apuesta europea por las nucleares
La dependencia de la Unión Europea de terceros ya no es solo leída en los pasillos comunitarios como un percance económico, sino como una extrema debilidad que hay que solucionar cuanto antes. Quizá por eso y preparando el terreno, esta misma semana la presidenta de la Comisión Europea insistió tanto en la energía nuclear, desterrada desde hace tiempo en las apuestas de Bruselas, que la apartaban de todas sus recetas.
A la energía verde y el sol, la jefa del Ejecutivo Comunitario sumó una nueva opción. La presidenta señaló este lunes a las nucleares. Considera que son autóctonas, mas baratas y fiables y cree que ha sido un error abandonar esta energía. Salvo sorpresa de última hora, el 2035 es el año en el que está previsto que se apaguen los 7 reactores que en España ahora mismo funcionan y el primero en hacerlo, será la central de Almaraz.
El gobierno español, fiel defensor de mantener el calendario de cierre sin ningún contratiempo, podría incluso hasta cambiar de opinión. Porque las preocupaciones europeas las comparte también el ministro de Economía y vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, que esta semana reconoció estar preocupado por exactamente lo mismo que el comisario de energía: la falta de queroseno en el bloque comunitario.

¿La receta?
Algunas de las propuestas de los expertos apuntan a una liberación de las reservas de emergencia que tienen los Estados miembro. De hecho, ya a finales de abril la Comisión Europea dio pasos importantes en este sentido. Entonces, pasó desapercibida la creación de un Observatorio de Combustible, pero la idea entonces tiene sentido ahora: vigilar de cerca la producción y la distribución equilibrada del carburante.
Según la ley, los Veintisiete deben mantener reservas al menos para 90 días. Aunque no se especifica qué porcentaje del total es crudo en bruto y cuál ya está refinado y convertido en queroseno. Si entonces el Observatorio sólo se tomó como una medida preventiva, ahora ya se lee como algo más tangible. La idea de Bruselas, apuntan fuentes comunitarias a Artículo14, es evitar que cada estado, de forma unilateral y a la carrera, intente hacerse por su cuenta con la mayor parte de combustible como ocurrió en el año 2022. La apuesta ahora es una mayor coordinación que evite desequilibrios en el bloque.

España, a favor de compartir pero con condiciones
Sin embargo eso significaría que todos los Estados miembro deberían remar a favor de obra bajo uno de los principios fundacionales del bloque: la solidaridad entre estados. España, por ejemplo, ya ha asegurado que está dispuesta a compartir parte de sus reservas de queroseno precisamente por nuestra posición privilegiada respecto a nuestros países. Eso siempre y cuando, ha advertido la ministra de Transición Ecológica, se garantice “el consumo en nuestro país”.
“Tenemos que ver bajo qué premisas la UE puede fijar criterios“, aseguró la ministra Aagesen, que espera que en los próximos días la Unión Europea concrete más su plan. Una de las medidas que sobrevuela Bruselas es de la que ya hablábamos en este periódico hace apenas una semana: el denominado tankering. O lo que es lo mismo, el proceso por el cual determinadas compañías obligan a los aviones de su flota a repostar el doble de lo necesario en aquellos aeropuertos donde existan suficientes reservas de queroseno.

