La Unión Europea analizó este martes la crisis de Ceuta con España en el centro de la diana, y el resultado ha sido menos hostil del que se temía en el Gobierno de Pedro Sánchez. Los ministros de Interior de los Veintisiete se reunieron de forma telemática, en una cita convocada de urgencia y en pleno agosto, para abordar la avalancha migratoria que ha vivido y sigue viviendo el enclave. El clima llegaba tenso, pero terminó en respaldo. Eso sí, con una advertencia clara de Bruselas: la regularización extraordinaria de migrantes que aprobó el Ejecutivo es, a ojos de la Comisión, una “mala señal” para el resto de la Unión.
El encargado de matizarlo fue el comisario europeo de Interior y Migración, Magnus Brunner. Por un lado, descartó que la regularización extraordinaria de migrantes aprobada por el ejecutivo tenga que ver con lo ocurrido en el enclave. “No vemos que haya un nexo directo entre regularizaciones y los incidentes en Ceuta”, zanjó tras la reunión. Pero por otro, expresó sus reservas ante este tipo de medidas. Aunque el austriaco reconoció que se trata de una competencia estatal y que, en el caso español, afecta sobre todo a la comunidad latinoamericana, advirtió que no constituye “una buena señal frente al resto de Europa”.

“Una política migratoria efectiva”
A pesar del tirón de orejas, el Gobierno vendió la reunión como un éxito. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, salió satisfecho del encuentro y lo calificó de “constructivo”. Según su relato, España pidió solidaridad a los otros veintiséis y no hubo una sola intervención en sentido contrario: “sólo apoyo y reconocimiento”.
Ese era, precisamente, el objetivo de la cita. Marlaska buscaba subrayar el compromiso de España con el control de sus fronteras y reivindicar una política migratoria “efectiva y preventiva”, despejando cualquier sombra sobre la gestión del Ejecutivo. Y, sobre todo, callar a quienes la semana pasada mostraban sus dudas. Entre ellos, Dinamarca, Finlandia, Países Bajos y, muy especialmente, Italia.

Cierre de filas con España
Las intervenciones europeas fueron, de hecho, un ejercicio de cierre de filas. “Todos los Estados miembros han mostrado su solidaridad con España, han aplaudido la gestión del Gobierno español, de su presidente, Pedro Sánchez, y de su ministro del Interior”, resumió el ministro francés del Interior, Laurent Nuñez. El propio Brunner tiró de épica: “En Ceuta, la resiliencia de Europa ha sido puesta a prueba. Por el momento, Europa ha superado esta prueba”. Y el ministro irlandés, Jim O’Callaghan, felicitó a España “por su rápida respuesta” y recordó que las fronteras exteriores son “una responsabilidad compartida” que exige “una respuesta europea unificada”.
Marlaska dio la crisis por prácticamente resuelta y también aprovechó para zanjar la polémica interna sobre los avisos de los servicios de inteligencia. Marlaska dijo respetar el trabajo del CNI, pero negó que hubiera aviso o informe previo, ni en 2026 ni en 2021, desautorizando así a la ministra de Defensa, que lleva toda la semana defendiendo la labor “impecable” de su departamento.

La UE recuerda la necesidad de reforzar las fronteras
Pese al buen ambiente vendido por Marlaska, lo cierto es que la Unión no se limitó a aplaudir e insistió en reforzar el control de las fronteras. La UE aprovechó para empujar en la dirección que lleva tiempo reclamando. Los ministros insistieron en la cooperación con terceros países y en una mejor comunicación en las crisis, sobre todo para contrarrestar la injerencia y la manipulación informativa de actores externos.
Desde hace más de un mes, los Veintisiete pidieron “avanzar con rapidez” en la creación de centros de repatriación en terceros países, siguiendo el modelo de la italiana Giorgia Meloni con Albania. Un modelo criticado por España pero que en la Comisión esperan que empiecen a valorar después de haber vivido la mayor avalancha migratoria de la historia reciente.

