La mayor entrada de migrantes en la historia reciente de España ha llegado a Bruselas, y ha dejado a la vista dos Europas muy distintas. Después de que unas 60.000 personas cruzaran a Ceuta desde territorio marroquí en un solo día, la Comisión Europea ofrece apoyo a Madrid y respalda su gestión. Espaldarazo que contrasta con los tirones de oreja que han hecho a nuestro país varios gobiernos de la Unión, que han aprovechado la crisis para pedir algo inaudito: dejar a España fuera del espacio Schengen.
Fuentes del departamento de Asuntos de Interior y Migración de la Comisión, que dirige el comisario austriaco Magnus Brunner, trasladan a Artículo14 la posición del Ejecutivo comunitario. “Combatir la inmigración ilegal, proteger la integridad de las fronteras exteriores de la Unión y evitar el abuso de nuestro marco legal es de máxima importancia”, subrayan.
El respaldo a España no se queda en las palabras. Las mismas fuentes recuerdan que la Comisión “ha estado apoyando a España operativa y financieramente, incluso en Ceuta”, y abren la puerta a reforzar esa ayuda. “Estamos dispuestos a ofrecer más apoyo a España, financieramente y a través de asistencia técnica y operativa adicional, incluso a través de Frontex”, señalan, en alusión a la agencia europea de la guardia de fronteras y costas. Una oferta que llega en pleno desbordamiento de los centros de acogida del enclave y con la Guardia Civil, Salvamento Marítimo y Cruz Roja al límite.

Interlocución directa
La interlocución, además, es directa y al máximo nivel. Bruselas asegura que Brunner “está en contacto con el ministro del Interior español, Grande-Marlaska, sobre este asunto”. La coordinación con Madrid discurre en paralelo a la gestión sobre el terreno, donde Pedro Sánchez se ha desplazado anunciando medidas como la instalación de un sistema de boyas marítimas para delimitar físicamente la frontera.
Pero el punto más significativo del mensaje comunitario es el respaldo explícito a la vía marroquí y a las devoluciones. La Comisión celebra la “estrecha cooperación entre Marruecos y España para hacer frente a estos flujos y garantizar el rápido retorno de quienes han entrado ilegalmente en Ceuta, conforme a las normas aplicables”. Es un aval directo a la política de expulsiones que Madrid está aplicando, pese a las dudas jurídicas que rodean los rechazos exprés en la frontera tras las últimas resoluciones judiciales.

“Marruecos es un socio clave”
Ese elogio a Rabat responde a una apuesta estratégica de la Unión. Para Bruselas, “Marruecos es un socio clave y de confianza de la UE”. Las fuentes comunitarias recuerdan que en los últimos años se ha intensificado la cooperación “en materia de migración y gestión de fronteras, así como en la lucha contra el tráfico de personas”, y avanzan que el objetivo ahora es elevar esa relación “a una asociación integral y estratégica”. Marruecos, que es el principal guardián de la frontera sur de Europa, es consicente de su poder y en la Unión Europea prefieren tenerle como socio que como enemigo.
De hecho, la Comisión sitúa parte de la solución en manos de Rabat. Asegura estar en “estrecho contacto con las autoridades marroquíes para garantizar que se hagan todos los esfuerzos necesarios y se adopten medidas inmediatas para poner fin a estos peligrosos viajes”. El foco se coloca tanto en frenar las salidas desde la orilla marroquí como en las mafias que, según Madrid, están detrás de los cruces.

España: ¿fuera del espacio Schengen?
Pero mientras Bruselas tiende la mano, otras capitales sacan el hacha. Italia quiere a España fuera de Schengen. El vicepresidente y ministro de Exteriores italiano, Antonio Tajani, planteó abiertamente cerrar el espacio Schengen con España. “Estoy a favor del cierre del espacio Schengen con España”, proclamó, antes de vincular la crisis con una de las decisiones más polémicas del Gobierno de Sánchez, la regularización de cientos de miles de personas que vivían y trabajaban en el país sin papeles. La primera ministra Giorgia Meloni respaldó a su ministro y habló de adoptar “medidas extraordinarias” ante unas imágenes que, a su juicio, demuestran el peligro de una inmigración “fuera de control”.
La propuesta ya ha abierto una crisis diplomática (otra más). El ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, convocó de inmediato al embajador de Italia en España y calificó las palabras de Tajani de “impropias” de un ministro de un país “socio y amigo”. Albares reclamó “solidaridad europea” en lugar de “demagogia partidista” y aclaró que lo ocurrido en Ceuta guarda relación con una sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones en caliente, y no con el proceso de regularización que esgrimía el dirigente italiano.
Pero Italia no está sola. La ministra de Interior de Finlandia, Mari Rantanen, se sumó a la ofensiva con un mensaje aún más duro. “España ha fracasado completamente en proteger la frontera exterior del área Schengen de la inmigración ilegal. Esto no puede continuar así”, afirmó, antes de sostener que los países que no cumplan con su obligación de blindar la frontera exterior “no pueden ser miembros de Schengen”. A esa línea se han acercado también voces como la de la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen ha sido algo más cauta pero pide “considerar todas las posibilidades”.

