Si bien el tsunami demócrata que arrasó Estados Unidos en las midterms condicionará la capacidad de maniobra de Donald Trump en sus dos próximos años de mandato, no está claro que el presidente aplique un giro de 180 grados respecto a sus políticas en Oriente Medio. La guerra contra Irán, así como la alianza de Washington con Israel, ha condicionado negativamente las perspectivas electorales republicanas, pero la incógnita por resolver es si el presidente optará por retomar la vía diplomática para resolver el conflicto con Teherán o apostará por escalar militarmente.
Pese a la victoria demócrata y su control sobre el congreso y el senado, Trump sigue siendo el comandante en jefe y tiene poder de veto sobre las legislaciones aprobadas en las cámaras de representantes. La derrota en las midterms llegó poco después del revés para Benjamin Netanyahu en las elecciones de Israel, que no logró los apoyos necesarios para formar coalición. En un escenario de debilidad e incertidumbre, en el estado judío se teme que su primer ministro pueda optar por renovar el conflicto como huida hacia adelante para generar caos.
“Perdimos por la guerra”
Desde Teherán, el régimen de los ayatolás celebró los malos resultados republicanos. Con una posición reforzada tras resistir al golpe militar de Estados Unidos e Israel, Irán mantiene su capacidad de respuesta militar -los países del Golfo Pérsico volverían a pagar el peor precio-, pero también mantiene la puerta abierta a la negociación. “La razón por la que perdimos es la guerra”, tuiteó el vicepresidente JD Vance, insinuando así un posible cambio de prioridades en la Casa Blanca.
One of the things the data analysts on our side obsessed over was "composition"—whether the electorate looked close enough to 2024 for Republicans to win. And despite polls that showed a Democrat blowout, the data kept on telling us the same story: in some states turnout was…
— JD Vance (@JDVance) November 4, 2026
Tras los bombardeos iniciales iniciados en Irán el pasado 28 de febrero y ocho meses de ataques selectivos intermitentes, las consecuencias económicas de la guerra para Estados Unidos y Occidente han sido elevadas. El régimen iraní mantiene de facto el control del tráfico por el Estrecho de Ormuz, por donde antes del estallido del conflicto circulaba el 20% del crudo que consume el mundo. Trump, que en el pasado decretó la victoria, sigue sin una estrategia de salida clara al conflicto, que no fue debidamente explicado a nivel doméstico. Al votante medio norteamericano le preocupa más el precio del galón de petróleo que la geopolítica de regiones lejanas.
El ayatolá Mojtaba Jamenei, que todavía no ha sido visto en público tras ser gravemente herido en un bombardeo al principio de la guerra, tildó de “gravemente erróneos” los pronósticos que apuntan a un posible giro en la política estadounidense. Por ello, Irán sigue preparándose para la próxima ronda bélica, mientras también mantiene abierta la vía diplomática. En las últimas semanas, oficiales militares de Israel y Estados Unidos elaboraron planes para atacar objetivos en territorio iraní.

“El riesgo de una escalada es real. Las informaciones que apuntan a que Trump podría ordenar nuevos ataques, de mayor intensidad, están avivando la inquietud en toda la región. Por su parte, Teherán ha advertido que su represalia tendría un alcance mucho más amplio que en ocasiones anteriores”, advirtió la CNN. De hecho, Arabia Saudí y Qatar redoblaron los esfuerzos diplomáticos entre las partes enfrentadas, conscientes de que los drones y los misiles balísticos iraníes podrían causar más daños sobre sus infraestructuras, dadas las evidentes carencias de sus sistemas de defensa antiaéreas.
¿Vuelve la diplomacia?
Para Ali Vaez, del International Crisis Group, existe “el riesgo de que un presidente debilitado en las urnas busque la redención en el campo de batalla”. La diplomacia, que quedó en saco roto tras la firma del “Acuerdo de Entendimiento” -pretendía reanudar el libre tráfico en el Estrecho de Ormuz- vuelve a cobrar protagonismo. Antes de las midterms, Irán habría propuesto a los mediadores qataríes la reapertura de Ormuz durante dos días antes de la votación, si Trump aceptaba las siete demandas planteadas por Teherán.

Respecto a la relación con Israel también se están produciendo cambios tectónicos. En el mismo día de la elección, Trump anunció que Washington finiquitará la ayuda de cuatro mil millones de dólares anuales en material militar que aporta anualmente al estado judío. El apoyo bipartidista a Israel está en entredicho, con el ala progresista del Partido Demócrata usando términos como “apartheid y genocidio” para referirse a su histórico aliado, y sectores republicanos -incluido JD Vance- que hablan públicamente sobre la urgencia de revisar las relaciones bilaterales y poner “América por delante”.
“El único tema bipartidista en este momento es la crítica a Israel”, afirmó Michael Oren, exembajador de Israel en Estados Unidos. Y precisó: “es un principio central para el Partido Demócrata, y se está convirtiendo también para gran parte del Partido Republicano”. Históricamente, Washington ha protegido a su aliado con el poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, y sus aportaciones para la maquinaria bélica israelí son fundamentales. Varios analistas coinciden en que Trump ordenó el ataque sobre Irán arrastrado por la voluntad belicista de Netanyahu. La ofensiva no logró eliminar el programa nuclear iraní ni promover un cambio de régimen en Teherán.

Yaakov Katz, ex editor del Jerusalem Post, alertó que el fin de la ayuda militar podría ser solo el inicio de un cambio a gran escala. “Se podrían proponer sanciones e incluso revertir programas económicos conjuntos”, alertó. En plena incertidumbre política en Israel, Netanyahu sigue insistiendo en la necesidad de retomar los ataques contra Irán, algo que incrementaría todavía más el coste de la gasolina y el coste de vida en Estados Unidos.
Para Michael O’Hanlon, director de investigación en política exterior del Brookings Institution, cree que “el control demócrata en el Congreso no logrará condicionar las decisiones de Trump respecto a Oriente Medio”. En el pasado, los demócratas han votado reiteradamente en contra de la guerra e incluso han aprobado una resolución, junto con algunos republicanos, que pide el fin de las hostilidades, que fue ignorada por Trump.

