Donald Trump la llamó al escenario para agradecerle la victoria electoral de 2024. “A Susie le gusta quedarse atrás. La llamamos la dama de hielo”, dijo entonces, mientras la señalaba como una de las grandes artífices de su regreso a la Casa Blanca. Dos años después, aquella mujer a la que el presidente reconocía públicamente su triunfo abandona el despacho más poderoso de la Casa Blanca. Susie Wiles anuncia que este viernes ha sido su último día como jefa de Gabinete, después de que Trump haya prescindido de ella tras el descalabro republicano en las elecciones de mitad de mandato.
“Servir al presidente Trump en la Casa Blanca ha sido el honor de mi vida”, escribe en su mensaje. También reivindica los logros de la Administración y agradece a las personas con las que ha trabajado. “Aunque mi papel pueda cambiar, mi compromiso con el presidente y con la misión nunca lo hará”, sentencia Wiles.

Wiles, de 69 años, ha hecho historia por partida doble. No solo fue una de las estrategas decisivas para devolver a Trump al poder, sino que se convirtió en la primera mujer en ocupar la jefatura de Gabinete de la Casa Blanca. Un puesto de enorme influencia desde el que debía ordenar el funcionamiento de una Administración tan poderosa como imprevisible. Y lo hizo sin abandonar el perfil discreto que la ha acompañado durante toda su carrera.
Wiles, la “dama de hielo” a la que Trump escuchaba
Su apodo, la “dama de hielo”, responde a esa capacidad para mantener la compostura en situaciones de máxima presión. Veterana operadora republicana, organizada, resolutiva y con un instinto político muy afinado, Wiles pertenecía al reducido círculo de colaboradores a los que Trump escucha. Algo que, tratándose del magnate, constituye casi una excepción. Pero los republicanos han pedido cabezas, y parece que para el presidente lo más fácil es deshacerse de ella.

Su trayectoria explica por qué llegó a convertirse en una pieza fundamental. Comenzó trabajando en política en Washington, vinculada al congresista Jack Kemp, y participó después en la campaña presidencial de Ronald Reagan. Ya en Florida, adquirió experiencia en la política municipal con los alcaldes de Jacksonville John Delaney y John Peyton. Su gran salto llegó en 2010, cuando dirigió la exitosa campaña a gobernador de Rick Scott. En 2016 se incorporó al primer proyecto presidencial de Trump y, dos años después, contribuyó a la victoria de Ron DeSantis en Florida. Su capacidad para construir campañas ganadoras terminó consolidándola como una de las estrategas más eficaces del Partido Republicano.
Wiles logró que Trump volviera
Pero su mayor desafío llegó en 2024. Durante tres años trabajó para devolver a Trump a la Casa Blanca después de la derrota de 2020 y del descrédito provocado por el asalto al Capitolio. Consiguió adaptar la estrategia electoral a un escenario cambiante: primero, explotando las dudas sobre la edad y la capacidad de Joe Biden; después, reajustando la campaña cuando el demócrata abandonó la carrera y Kamala Harris tomó el relevo. También logró convencer a Trump para que dejara de cuestionar el voto por correo y movilizara a sus simpatizantes a utilizarlo, además de apartar el discurso del supuesto fraude electoral de 2020.

Su éxito fue, en buena medida, conseguir que Trump escuchara sus consejos. Una tarea nada sencilla para una mujer que, paradójicamente, tendría que desenvolverse en una Administración donde la presencia femenina ha sido reducida.
La única mujer en la sala
Durante estos dos años, Wiles ha sido muchas veces la única mujer en la sala. Las imágenes de las reuniones de máxima seguridad y de las operaciones militares estadounidenses lo han dejado especialmente claro. En junio de 2025, durante los ataques contra instalaciones nucleares iraníes, ya era la única mujer entre los altos cargos que acompañaban al presidente. Y volvió a ocurrir en Mar-a-Lago, durante la denominada operación Furia Épica contra Irán: sentada junto a Trump, Marco Rubio y los principales responsables militares y de inteligencia, era la única mujer visible en aquella improvisada sala de crisis.

Y es que a pesar de romper el techo de cristal de la institución, seguía siendo una excepción en los espacios donde se toman algunas de las decisiones más trascendentales del país.
Hija del exjugador de fútbol americano Pat Summerall, Wiles ha contado que su padre, alcohólico, complicado e imprevisible, le recuerda en algunos aspectos al propio Trump. Aunque el presidente no bebe, la jefa de Gabinete contó que tenía “la personalidad de un alcohólico” a Vanity Fair. Aunque luego lo negara. Pero puede que esa familiaridad con los caracteres difíciles haya contribuido a explicar su capacidad para gestionar al presidente. Siempre ha preferido el trabajo en equipo a los reconocimientos personales y los bastidores a los focos.

Hoy, precisamente dos años después de aquella noche electoral en la que Trump la hizo salir de la sombra para agradecerle su victoria, Wiles vuelve a quedarse fuera del escenario. La mujer que supo ordenar una campaña aparentemente imposible y acompañó al presidente en algunos de sus momentos más delicados deja la jefatura de Gabinete. La dama de hielo se marcha, pero según ella su fidelidad a Trump permanece intacta.

