Aunque llevaba tiempo sin mencionarlo y parecía que su obsesión había sido algo temporal, nada más lejos de la realidad. Donald Trump ha vuelto a insistir esta semana en su intento desesperado de hacerse con Groenlandia. Después de intervenir en Venezuela, amenazar con abandonar la OTAN y comenzar la guerra con Irán, Donald Trump sigue manteniendo su interés sobre la isla helada.
El primer órdago Trump lo lanzó hace casi un año, cuando sin previo aviso mostró públicamente su interés por Groenlandia alegando razones de “seguridad nacional”. Desde entonces, los movimientos de Trump para intentar hacerse con la isla han sido muchos y todos han sido rechazados por Dinamarca, que no para de recordar que “la soberanía y las fronteras no son negociables” ni siquiera entre aliados.

Sólo desde el año pasado, Trump ha designado al gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como enviado especial para la isla. Ha amenazado con abandonar la OTAN si no lo consigue. Y ha entrado en choques diplomáticos con Mette Frederiksen, la primera ministra de Dinamarca, por no ceder a sus amenazas.
Trump lleva queriendo Groenlandia desde 2019
Lo cierto es que la obsesión de Trump con Groenlandia no es algo nuevo. Ya durante su primer mandato dejó caer la idea, pero entonces no fue considerada una prioridad ni siquiera dentro de su partido. Ahora, con su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha insistido tanto que la Unión Europea comienza a tomarse en serio al magnate. Sobre todo, después de comprobar que es capaz de materializar sus amenazas habiendo intervenido en Venezuela y comenzando la guerra en Irán.
También en Groenlandia se han relajado durante estos meses. El presidente estadounidense ha estado tan ocupado con tantas cosas, que desde diciembre parecía haber abandonado su obsesión. Pero no es así. Según la BBC, durante este tiempo varios funcionarios estadounidenses aseguran que Estados Unidos ha estado insistiendo a Dinamarca para ampliar su presencia militar en Groenlandia.

Estados Unidos negocia con Dinamarca
Al parecer, Trump busca abrir nuevas bases en el sur del territorio. Ahora mismo, Estados Unidos cuenta solo con una base militar en Groenlandia frente a las más de 15 que tenía operativas durante los picos más altos de la Guerra Fría. Ahora que Trump parece haber renunciado a la compra de la isla ártica, la influencia la quiere ejercer abriendo nuevas bases.
Para Nivi Lynge, joven groenlandesa de 26 años y estudiante de Sociología, “en Groenlandia hemos abierto los ojos a la geopolítica por Trump”. “Muchas personas de Groenlandia no han seguido la geopolítica antes, porque parece muy lejos. En realidad todo aquí parece muy lejos, incluso aunque no lo esté”, reflexiona. La estudiante reconoce que durante mucho tiempo la política exterior parecía desconectada de la vida diaria en Groenlandia. “Pero creo que todas las personas ya han podido abrir los ojos”, subraya.
Parte de esa apertura, según explica, tiene que ver con cómo se han percibido las amenazas explícitas y las declaraciones públicas sobre la isla. Esa retórica internacional es “muy incómoda, por diferentes motivos”, asegura la estudiante. Al principio, la respuesta dentro de Groenlandia fue ligera, con cierto humor. “Mucha gente se lo tomaba a broma porque es complicado tomarse estas declaraciones en serio”, recuerda. La exageración -que en otros contextos habría parecido caricaturesca- marcó los primeros días de atención mediática.

Tomarse a Trump en serio
Pero ese tono ha cambiado. A medida que la cuestión ha ido ganando espacio en los medios y en los discursos de líderes mundiales, la percepción se ha vuelto más seria. “Ahora estamos realmente preocupados. Cada día que Trump no menciona a Groenlandia es un buen día para nosotros”, resume Nivi.
Más allá del ruido político, la joven pone el foco en lo que cree que es la verdadera oportunidad de este momento: visibilizar a Groenlandia en el mapa global. “Lo único bueno de todo esto es que Groenlandia recibe atención y gracias a eso, hoy por fin la gente sabe ubicarlo en un mapa”, dice. Para ella, ese reconocimiento internacional -aunque involuntario y condicionado por las amenazas externas- ofrece una forma de romper con la percepción de aislamiento que históricamente ha marcado su hogar.

