La llegada masiva de migrantes del 30 de julio a las costas de Ceuta está generando revuelo en España y Europa. La repentina llegada por mar de miles de personas desde Marruecos desató las alarmas en la ciudad autónoma española, con vecinos encerrados en sus casas y comercios que cerraron sus persianas por temor a que el caos desatado desembocara en una crisis de seguridad.
Entre los migrantes llegados -se cuentan ya más de 60.000- no hay sólo hombres jóvenes. En televisión emergieron planos de familias enteras, con niños menores de edad, deambulando por las calles de Ceuta sin destino. Ciudadanos y trabajadores ceutíes destacaron que, a diferencia de la entrada masiva de mayo de 2021, ahora llegaron chicos, niños, jóvenes y mayores.

“Ayer llevé a tres niñas de 12 años que estaban en la calle porque no sabían qué hacer”, explicó Sebastián Antón, trabajador de un supermercado Eroski, a Televisión Española. Desde el Banco de Alimentos de Ceuta, se alerta que no dan abasto para alimentar a las miles de personas que buscan desesperadamente algo de comer y cobijo.
“Esto no se resuelve en 48 horas. Y siguen entrando. Nosotros estamos para ayudar. La gente que viene llega con falta de agua y comida”, avisó Pedro Mariscal, del Banco de Alimentos. La ciudad, de unos 84.000 habitantes, está totalmente desbordada por la marea humana que las fuerzas de seguridad de Marruecos y España no lograron contener.

Para la oenegé Save the Children, la prioridad en estos momentos “debe ser garantizar que ningún niño, niña o adolescente quede sin protección, un alojamiento adecuado, atención especializada o apoyo psicosocial”. La organización, que cifra en 7.000 los menores de edad que han cruzado, recuerda que la respuesta a esta situación debe centrarse en la “protección de la infancia, asegurando que todos los niños, niñas y adolescentes y las familias sean identificados cuanto antes y derivados de forma rápida a los recursos de protección”.
Ante el desborde de los centros de acogida, la oenegé demanda “nuevos espacios de acogida y agilizar los traslados a otras comunidades autónomas para que Ceuta pueda recuperar la plena capacidad de su sistema de protección”. Jennifer Zuppiroli, especialista en migraciones de la organización, exige que “ningún niño o niña pueda pasar una sola noche sin un lugar seguro donde dormir, sin atención especializada o sin que se evalúe su situación y sus necesidades de protección”.

Ante el colapso de las instituciones receptoras de migrantes en Ceuta, se considera imprescindible que “exista una respuesta coordinada entre el Gobierno central, la Ciudad Autónoma y el resto de comunidades autónomas para garantizar un apoyo extraordinario que permita una atención adecuada desde el primer momento”.
En medio del caos desatado y la falta de atención, la oenegé pone el foco en la urgencia de un “reconocimiento de la minoría de edad, identificar de forma temprana las situaciones de mayor vulnerabilidad, como posibles situaciones de separaciones familiares, infancia víctima de trata, niños y niñas que puedan necesitar protección internacional o menores con necesidades específicas de apoyo, para asegurar que reciben la atención que precisan”.

También se pide poner atención ante los inminentes procesos de devolución de migrantes a Marruecos, acordados entre los gobiernos de ambos países. Save the Children insiste en que se deben evaluar adecuadamente todos los casos y asegurar que las decisiones respeten el “interés superior del niño, atendiendo a sus circunstancias personales y respeto de sus derechos”.
Ante la magnitud humana de la situación, la iglesia local en Ceuta emitió un comunicado para manifestar ““profunda preocupación por la gravedad de los acontecimientos y por la especial vulnerabilidad de tantas personas que se ven afectadas por esta realidad”. Mientras, otras oenegés como No Name Kitchen, la Asociación Elín o la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) redoblan esfuerzos para dar apoyo a los menores y familias con niños que vagan sin rumbo, comida ni techo por Ceuta.

