Las encuestas apuntan a Abelardo de la Espriella, pero en Colombia las segundas vueltas suelen dar sorpresas. Este domingo, el país vuelve a votar. Lo hace sólo entre dos recetas diametralmente opuestas: la continuidad del proyecto político de Gustavo Petro o la ultraderecha que tanto éxito tiene y se ha inflado en toda Sudamérica.
“Colombia enfrenta dos proyectos que se perciben mutuamente como una amenaza“, advierte la politóloga colombiana Alicia Peñaranda, que por segunda vez, atiende a Artículo14. En una campaña sin debates televisados y con una polarización palpable en las calles, la experta desgrana las claves de una elección cuyo resultado dejará a media Colombia celebrando y a la otra media cabizbaja.
De la Espriella ha sabido hacerlo. Encarna lo que en Occidente llamaríamos ultraderecha pero no es percibido por el electorado como tal. Abogado y empresario de profesión, a este candidato le avala no tener carrera política previa, haber competido desde un movimiento independiente y aglutinar el apoyo de la centroderecha moderada. En frente, Iván Cepeda. Su mochila pesa más. No sólo por tener que cargar con las políticas de Petro, sino porque tendrá que reconstruir la confianza del electorado -el de izquierdas- que parece que vota al progresismo sólo por descarte.

Sobre las encuestas
– Las encuestas dan ventaja a De la Espriella, pero las segundas vueltas en Colombia suelen dar sorpresas. ¿Qué podría cambiar este domingo?
– La experiencia reciente demuestra que las segundas vueltas en Colombia suelen ser muy competitivas y definirse por márgenes estrechos. Ocurrió en 2014, cuando Juan Manuel Santos remontó frente a Óscar Iván Zuluaga, y también en 2022, cuando Gustavo Petro venció a Rodolfo Hernández por una diferencia cercana a tres puntos porcentuales. Sin embargo, esta elección presenta una característica particular. Mientras Iván Cepeda ha recibido el respaldo de algunas candidaturas de izquierda, aunque con un caudal electoral limitado, Abelardo de la Espriella ha decidido no formalizar alianzas públicas y mantener una estrategia centrada en su propia narrativa. A esto se suma otro elemento inédito: es la primera vez que una elección presidencial en Colombia transcurre sin debates televisados durante la primera vuelta y la segunda ocasión consecutiva en que una segunda vuelta se desarrolla sin ellos. Esto permite analizar el estilo de las campañas y las prioridades de los candidatos.

Sobre Abelardo de la Espriella
– ¿Cree que Colombia está dispuesta a votar por una ultraderecha que nunca ha gobernado el país?
– Aunque Abelardo de la Espriella ha construido un discurso asociado a valores conservadores y a una narrativa de autoridad, patriotismo y seguridad, más que ser percibido por amplios sectores como una expresión tradicional de extrema derecha, ha logrado posicionarse como una figura outsider.
Sus principales banderas —seguridad, nacionalismo, defensa de los valores y fortalecimiento institucional— son discursos que históricamente han tenido eco en sectores de centroderecha y derecha, especialmente en un contexto en el que Colombia experimenta por primera vez un gobierno de izquierda y una eventual continuidad de ese proyecto se ha convertido en uno de los principales ejes de la contienda. En ese sentido, más que una radicalización ideológica, lo que se observa es una recomposición y fortalecimiento del electorado de centroderecha. Los resultados de la primera vuelta muestran, de hecho, que existe una mayoría significativa de ciudadanos que respaldan su proyecto político. A ello se suma el apoyo recibido por figuras como Paloma Valencia, representante de una derecha más tradicional, y por el expresidente Álvaro Uribe.

Sobre Iván Cepeda
– Hay apoyos a Cepeda muy tibios, casi forzados. ¿Qué dice eso del estado de la izquierda colombiana?
– Algunos apoyos que ha recibido Iván Cepeda de cara a la segunda vuelta reflejan las dificultades que atraviesa hoy la izquierda colombiana para construir una candidatura de continuidad con capacidad de entusiasmar más allá de su base tradicional. El propio Cepeda ha reconocido que no tenía inicialmente la intención de ser candidato presidencial y que llegó a esa posición después de imponerse en las primarias del Pacto Histórico.
Su discurso ha girado alrededor de banderas que ha defendido históricamente como senador, especialmente los derechos de las víctimas y la construcción de paz. Sin embargo, esas propuestas se enfrentan a un contexto complejo, marcado por las dificultades y los escasos resultados que ha mostrado la política de paz total del actual gobierno. Además, la campaña ha mostrado problemas de comunicación y de posicionamiento. Cepeda ha tenido una presencia discreta, con una puesta en escena poco carismática, episodios de improvisación y dificultades para construir un relato electoral capaz de conectar con las principales preocupaciones de los ciudadanos. Temas como la salud, la seguridad y el empleo, que aparecen de manera recurrente entre las prioridades de los colombianos, no han encontrado en su campaña mensajes o propuestas que logren generar una percepción clara de solución.

Sobre lo que se juega Colombia
– Gane quien gane, ¿qué se cierra este domingo en Colombia?
– Este domingo, Colombia se debate entre dos apuestas muy distintas. Por un lado, una continuidad de la izquierda, con un discurso más radical en el tono y en algunas de sus propuestas, que buscaría profundizar el proyecto político iniciado por Gustavo Petro. Por otro, una alternativa de derecha representada por Abelardo de la Espriella, cuya llegada desde un movimiento independiente deja todavía interrogantes sobre cómo gobernaría y con quién lo haría pues ha sido independiente, por lo menos de cara la opinión publica. Sin embargo, cualquiera que sea el resultado, habrá un elemento de equilibrio institucional: ninguno de los dos candidatos contará con un Congreso propio ni con mayorías automáticas.
– ¿Cómo describiría el ambiente en la calle de cara a esta cita? ¿Qué preocupa realmente al colombiano de a pie y qué peso pueden tener los indecisos en el resultado final?
– Este domingo Colombia enfrenta dos proyectos que se perciben mutuamente como una amenaza, y esa sensación también está presente entre sus votantes. Por eso, cualquiera que sea el resultado, habrá una parte importante del país que sentirá incertidumbre, frustración o incluso desesperanza, mientras la otra verá una oportunidad para consolidar su visión de país.

