Durante el mediodía del miércoles, el portavoz en árabe de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Avichay Adraee, pidió a los residentes de Dahie, el bastión de Hizbulá en los suburbios del sur de Beirut, que desalojen sus casas. En un comunicado publicado en X, el portavoz militar exigió a los civiles que se marchen en dirección al este y al norte del país. Y avisó: “Cualquier desplazamiento hacia el sur pone en peligro vuestras vidas”.
Con los disparos de los primeros proyectiles por parte del grupo chiita proiraní el pasado domingo, Israel aprovechó para atestar una dura réplica a la debilitada milicia. El declive del proxy iraní empezó en septiembre de 2024 tras el ataque sorpresa de los beepers, en que miles de dispositivos de comunicación usados por sus integrantes estallaron simultáneamente. Tras la sorpresiva operación de la inteligencia israelí, llegó el asesinato de su líder Hassan Nasrallah, así como altos cargos de su cúpula militar.

Tras firmarse la tregua en noviembre de 2024, Hizbulá se comprometió a no reedificar sus lanzaderas de misiles y arsenales al sur del río Litani, pero el compromiso cayó en saco roto. Las FDI bombardearon frecuentemente sus posiciones durante el último año. Ahora, con la entrada directa en la guerra por orden de Teherán, Israel aprovecha el “grave error” -en palabras de analistas- cometido por la milicia chiita.
Tras el anuncio de las FDI, empezaron a circular imágenes en redes sociales de miles de residentes libaneses huyendo de Beirut. Por ello, se produjeron fuertes atascos en las principales autovías de la capital. Desde el gobierno libanés, que anunció la prohibición de la actividad militar de Hizbulá tras los primeros disparos hacia territorio israelí -medida de difícil implementación-, se anuncio que el país pretende también expulsar a todos los integrantes de las Guardias Revolucionarias iraníes.

Según informó el presidente Joseph Aoun, a partir de ahora se pedirá visado a todos los iraníes que entren al país. Entre la población libanesa, incluidos integrantes de los sectores chiitas, cunde la desesperación por la renovación del conflicto en su país. Líbano encadena crisis tras crisis: el estallido en el puerto de Beirut, la fallida económica, los cortes de electricidad y, de nuevo, la guerra contra el ejército más poderoso de Oriente Medio, iniciada por una milicia a quién el estado no es capaz de parar los pies.
Mientras los ataques de misiles balísticos desde Irán están decreciendo en número, las FDI estiman que Hizbulá incrementará sus ataques desde Líbano. Los últimos dos días, la milicia chiita logró disparar hacia la región de Tel Aviv, aunque la mayoría de sus proyectiles son interceptados y no causaron víctimas mortales. La mayoría de los drones y misiles son dirigidos al norte del estado judío, con la ciudad de Haifa como principal epicentro urbano. Durante el jueves, menos de 20 proyectiles fueron disparados desde el Líbano.
La orden de evacuación en Dahie de este jueves supone la primera vez que el ejército israelí pidió la evacuación de amplias franjas de la capital libanesa, y se produjo un día después de que el ejército advirtió a todos los civiles libaneses en el sur del Líbano que evacuaran sus hogares y se trasladaran al norte del río Litani, aproximadamente a 30 kilómetros al norte de la frontera israelí.
Golpe a Hizbulá
Las FDI estiman que más de 300.000 civiles libaneses han evacuado sus aldeas en el sur del Líbano. Durante los combates entre Israel y Hizbulá en 2024, casi 1,2 millones de libaneses fueron desplazados de sus hogares, junto con unos 60.000 israelíes. En esta ocasión, el gobierno de Benjamin Netanyahu optó por no desalojar las comunidades israelíes fronterizas ante el inicio de la invasión terrestre.
El Ejército israelí continuó sus duros ataques contra el grupo proiraní durante la noche del miércoles al jueves, alcanzando centros de mando en Beirut, incluido uno que sirve a las fuerzas aéreas de Hizbulá, responsable de ataques con drones contra Israel. También abatieron a una célula de operativos de Hezbolá en un ataque con drones contra un centro de mando en el sur del Líbano.
Con el avance de la invasión terrestre -más allá de las cinco bases permanentes de las FDI en el sur del Líbano- el ejército hebreo pretende consolidar “posiciones defensivas avanzadas para establecer una capa defensiva adicional para eliminar las amenazas a los residentes del norte de Israel”. La milicia chiita, financiada y armada por el régimen iraní desde su fundación en 1982, fue concebida como el principal brazo armado afín a Teherán capaz de golpear al estado judío desde la corta distancia.
De acuerdo con el ministerio de SAnidad libanés, 77 personas han muerto por los bombardeos israelíes y 527 resultaron heridas. No está claro cuantos pertenecen a Hizbulá y cuántos son civiles. Naim Qassem, líder de la milicia proiraní, afirmó que sus ataques con misiles son la respuesta a la presencia israelí continuada en su país y a los bombardeos frecuentes tras la firma de la tregua en noviembre de 2024.
Macron pide contención
Qassem también reaccionó con contundencia al anuncio del gobierno libanés de prohibir la actividad armada de la milicia chií. “En lugar de condenar la agresión israelí-norteamericana y buscar métodos para confrontarla, se volvió contra la resistencia para completar su error y alinearse con las demandas israelíes”, consideró. En una llamada telefónica, el presidente francés Emmanuel Macron pidió a Netanyahu que frene la ofensiva terrestre contra Hizbulá.
Mientras tanto, la estrategia del régimen iraní pasa por seguir disparando a nuevos países. Este jueves, drones iraníes impactaron en Azerbaiyán. El presidente de azerí, Ilham Aliyev, anunció que su país prepara represalias. “El pueblo azerí puede estar seguro de que cualquier fuerza hostil sentirá toda la fuerza de nuestro puño de hierro. La acción terrorista de Irán apuntó a instalaciones civiles, incluyendo un aeropuerto y una escuela”, comunicó Aliyev.
