A las 22:34 del 14 de julio de 2016, el terrorista Mohamed Lahouaiej-Bouhlel, un tunecino de 31 años domiciliado en Niza, embistió con un camión de 19 toneladas a la multitud que presenciaba los fuegos artificiales de la fiesta nacional francesa en el Paseo de los Ingleses. El ataque causó 86 muertos y más de 450 heridos.
Horas más tarde, en la madrugada del 15 de julio, tres individuos intentaron entrar en un hotel costero de Antibes. Allí se alojaba Malia Ann Obama, la hija mayor del entonces presidente de Estados Unidos, que celebraba su 18 cumpleaños con varias amigas en el Royal Antibes, según ha publicado este martes la prensa francesa.
Lo que desató las alarmas
Los tres hombres, hermanos de entre 22 y 29 años, habían nacido en Irak y se habían naturalizados daneses años atrás. Viajaron a Francia en un vehículo con matrícula sueca. El rastreo de sus teléfonos móviles mostró un recorrido que pasó cerca de la mezquita de l’Ariane, en Niza, y por el Paseo de los Ingleses el mismo día del atroz atentado, en busca de un hotel. Al encontrar todo ocupado, se dirigieron hacia Antibes, según el relato de uno de los sospechosos recogido por Le Figaro a través de Laurent Alcaraz, agente de la Policía nacional y secretario departamental del sindicato UNSA Police de los Alpes-Marítimos.

La presencia de los tres hombres alertó a las autoridades francesas hasta el punto de que la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI) asumió el caso antes de que Alcaraz y sus compañeros realizaran los interrogatorios. El Servicio Secreto estadounidense decidió entonces exfiltrar a Malia Obama y a una de sus amigas del hotel para trasladarlas a un lugar seguro.
La operación de traslado al aeropuerto
Alcaraz relató que, al llegar frente al hotel, un grupo de agentes estadounidenses le indicó que la salida se produciría en treinta minutos. Para proteger el convoy rumbo al aeropuerto de Niza, el policía francés organizó una columna de tres vehículos, a la que se sumaron varios coches del Servicio Secreto. Según recuerda Alcaraz, la coordinación con los agentes estadounidenses funcionó con fluidez y le permitió gestionar el itinerario, lo que derivó en un traslado sin incidentes hasta la pista del aeropuerto, un tramo por el que circulaba por primera vez. Un avión aguardaba allí a Malia Obama y a su amiga.

Los tres sospechosos permanecieron detenidos en la comisaría Auvare de Niza y fueron puestos en libertad al cumplirse las 48 horas legales de custodia, por falta de pruebas en su contra, según Nice-Matin. El fiscal de Grasse, consultado por Le Figaro, no confirmó esta información.
Una adolescencia diferente
El vínculo entre Malia Obama y el Servicio Secreto no se limitaba a episodios de anenazas. En abril de 2015, la entonces primera dama Michelle Obama explicó en una entrevista con Rachael Ray que fueron los propios agentes del Servicio Secreto quienes enseñaron a conducir a su hija, ya que a ella no le permitían acompañarla en el coche, según informó la agencia Associated Press. Michelle Obama añadió que ese aprendizaje le daba a Malia “una sensación de normalidad” frente a sus amigos, que también empezaban a conducir.

Por cierto que poco después del episodio de Antibes, Malia Obama viajó también a Barcelona, donde pasó cuatro días de turismo con tres amigas alojada en un hotel del centro de la ciudad, rodeada de un dispositivo de seguridad (en teoría) discreto con agentes vestidos de civil, según crónicas publicadas en la prensa española aquel verano. La joven, que había estudiado español desde pequeña, recorrió el Barrio Gótico y la Sagrada Familia sin ser reconocida por los turistas.

