La contundente victoria de la AfD (39 escaños) en el estado de Sahonia-Anhalt (Alemania) de la pasada semana, superando con creces a los democristianos de la CDU (15), despertó todas las alarmas en Europa. Mientras que líderes de otros partidos de la derecha populista europea celebraron el triunfo de Ulrich Siegmnud, otros alertaron del “grave momento” que consideran se vive en el viejo continente.
Si bien el triunfo en un estado no significa automáticamente que los ultras alemanes acaben conquistando el gobierno federal, supone la primera vez desde la caída del nazismo (1945) que la extrema derecha toma el poder en una parte del territorio alemán. “Debemos escuchar con humildad la ira, los temores y las preocupaciones, y responder debidamente a ellos. Pero el nacionalismo y la xenofobia nunca serán la respuesta. No podemos olvidar nuestra historia”, consideró Benjamin Haddad, ministro francés de Asuntos Europeos.
Para Radosław Sikorski, ministro polaco de Exteriores, se trata de “una señal muy preocupante”, mientras que el primer ministro Donald Tusk advirtió que “solo los idiotas o traidores se pueden alegrar por el triunfo de la AfD en Alemania”. Antonio Tajani, ministro italiano de Exteriores, catalogó la situación de “terrible noticia” porque es una fuerza política que es antagónica a los valores liberales y occidentales.

Por otro lado, el magnate Elon Musk o el presidente estadounidense Donald Trump festejaron abiertamente el triunfo de Siegmund. Con casi el 44% de los votos, el partido ultra se ha quedado muy cerca de la mayoría absoluta, y ahora busca el controvertido apoyo de la facción de izquierda populista BSW para formar coalición. Para otras formaciones ultraderechistas europeas, esta “histórica victoria” es “solo el principio” de un tsunami que se extenderá por el viejo continente.
“Suecia ha celebrado elecciones legislativas este fin de semana y los ultras apenas pierden terreno. Francia afronta unos comicios presidenciales decisivos la próxima primavera. Más adelante en el año, tendrán lugar elecciones parlamentarias clave tanto en ese país como en Italia, España y Polonia. Los partidos de extrema derecha registran un fuerte apoyo en las encuestas en todos ellos, y el centro político europeo teme una ola nacionalista que recorra todo el continente”, destacó Jon Henley, corresponsal europeo de The Guardian.
Los partidos populistas de extrema derecha forman parte actualmente de coaliciones de gobierno en Croacia, Chequia, Italia y Finlandia, sostienen un gobierno de minoría de derecha en Suecia y lideran las encuestas en Austria, Bélgica, Francia y Alemania. También han afrontado varapalos recientes, como la pérdida de Geert Wilders (Holanda) de una tercera parte de sus diputados, o la caída del gobierno de Viktor Orban en Hungría.
Sajonia-Anhalt se convirtió en un estado bastión de la AfD, donde el rechazo a la inmigración, la desindustrialización, la baja natalidad o la sensación extendida de ser tratados como “ciudadanos de segunda” por Berlín -por ser parte de la antigua Alemania del Este- han influido en el electorado. “Sajonia-Anhalt no debería servir de base para extraer conclusiones generalizadas sobre la sociología electoral de la AfD”, aclaró Tarik Abou-Chadi, profesor de política europea en Oxford. No obstante, el partido ultra ya lidera las encuestas a nivel nacional. En el oeste de Alemania, la popularidad del partido es menor.

Casi uno de cada cuatro votantes en Europa apoya actualmente a partidos de extrema derecha, según una investigación dirigida por Matthijs Rooduijn, politólogo de la Universidad de Ámsterdam. Se trata de una proporción que se ha multiplicado casi por cinco desde mediados de la década de 1990 y que ha aumentado de forma especialmente pronunciada en los últimos tres años. Entre la juventud, la normalización de las opciones extremistas es una realidad que se ha extendido como la pólvora gracias a las redes sociales.
En un análisis publicado en Chatham House, Grégorie Ross sugiere que los partidos tradicionales deberían cambiar su estrategia si pretenden frenar el auge ultraderechista. “La experiencia de Francia con el Reagrupación Nacional demuestra los límites de confiar en el estigma político para combatir a la extrema derecha. Asimismo, el cortafuegos alemán en torno a los partidos de extrema derecha ha dejado de contener electoralmente a la AfD. Es necesario un nuevo enfoque”, sugiere.
A efectos prácticos, se deberá comprobar si el efecto dominó al que aspiran los partidos populistas de la derecha europea se traduce en victorias electorales que les permitan acceder a gobierno. Cada país tiene sistemas electorales y culturas de coalición diferentes, y la llegada al poder de los ultras dependerá en buena medida del “cordón sanitario” que se aplique por parte de las formaciones tradicionales.

