Entre las ruinas y los campamentos de refugiados en la Franja de Gaza, se extiende otro drama silenciado alejado de las dinámicas geopolíticas regionales. Según un reporte publicado por la agencia de la ONU United Nations Population Fund (UNFPA), la violencia contra las mujeres y las niñas se ha disparado en los últimos meses.
Más allá de los abusos sexuales y la presión psicológica, también se están produciendo casos de matrimonios forzados. Niñas de incluso 12 años se han visto obligadas a casarse con hombres, en un fenómeno que sufrió un incremento de casos de más del 123% entre abril y junio de 2026. Muchas familias, incapaces de alimentar a sus hijos, buscan en el matrimonio temprano una salida para aligerar la carga doméstica.

El informe presentado por UNFPA denuncia que, en la arrasada franja costera, donde el grupo islamista Hamás mantiene el poder en la mitad del territorio, se “han creado condiciones en que mujeres y niñas afrontan crecientes riesgos de sufrir violencia de género”.
Derechos en retroceso
Históricamente, la sociedad gazatí se organiza en torno a un patriarcado clásico: hogares patriarcales y autoridad masculina en la toma de decisiones y el control económico, con normas sociales que asignan a las mujeres roles reproductivos y domésticos y limitan su participación pública. Desde la toma violenta del poder a manos de Hamás en 2007, los derechos de las mujeres han ido en retroceso. Las restricciones a su libertad de movimiento o la discriminación de género eran fenómenos existentes, que ahora se han recrudecido.
Antes de la guerra desatada tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, las mujeres dedicaban el triple del tiempo que los hombres al cuidado del hogar y la familia, mientras que ellos generalmente se limitaban al rol de proveedores. Antes del conflicto, las niñas superaban a los niños en matrícula y rendimiento en todos los niveles por encima de primaria, pero su participación en la vida pública y en cargos de decisión seguía siendo muy limitada.

Los crecientes casos de abusos y violaciones en la franja esconden otro fenómeno preocupante. Al parecer, hay familias que optan por que las víctimas se casen con sus agresores para evitar escándalos públicos. “Cuando se descubren casos de violación en las escuelas, al día siguiente se celebran bodas y festejos en el mismo centro“, explicó una mujer bajo anonimato a la BBC.
Matrimonio infantil a cambio de comida
Otra mujer explicó que, en el pico de la hambruna que asoló la franja el año pasado, agudizada por la limitación israelí de entrada de ayuda humanitaria y los robos de camiones a manos del grupo islamista, una mujer permitió a un hombre casarse con su hija de 14 años a cambio de dos bolsas de harina, para así conseguir que “mis otros hijos pudieran comer”. Otras seis mujeres explicaron situaciones similares, en lo que se ha convertido en una nueva problemática que apenas existió antes de la guerra. La ley estipula que los 17 años es la edad mínima para el matrimonio, pero se pueden aceptar excepciones con autorización parental y de un juez.
“Las tendencias son alarmantes”, afirma Nestor Owomuhangi, representante del UNFPA en Palestina. Señala que las circunstancias extremas de los últimos tres años (más de 70.000 muertos, destrucción masiva y desplazamientos constantes) han arrasado las estructuras sociales, por lo que “todo se ha erosionado y no existe ningún sistema”. Una gazatí confirmó recientemente a Artículo 14 que la mayoría de la población vive en un estado de pesimismo y desesperación constantes ante la falta de salida a la crisis humanitaria que sufren.

“Si las estadísticas reflejaran la realidad, probablemente las creería sin importar quién las publicara. Gaza lleva tres años en guerra y no hay fuerzas del orden ni sistema penitenciario, así que estos crímenes son de esperar. A esto se suma el hecho de que es un entorno marcado por ideas religiosas y sociales retrógradas. El matrimonio infantil y la violencia contra las mujeres ni siquiera se consideran inaceptables allí“, explicó a este diario otra joven gazatí bajo anonimato.
Si bien los mercados y tiendas de comida vuelven a estar parcialmente restablecidos, los precios de los alimentos son extremadamente caros, y la mayoría de gazatíes sufre pobreza y dependencia de organizaciones humanitarias para subsistir. La mayoría de los dos millones de gazatíes sigue viviendo desplazados, los servicios públicos apenas existen y, pese a la supuesta vigencia de la tregua, los bombardeos israelíes continúan.
Las mujeres y niñas, las más vulnerables
Las mujeres y niñas pagan el peor precio: en las carpas de desplazados se ven forzadas a convivir entre extraños y a una falta de privacidad permanente. Muchas familias optan por ceder a sus hijas a matrimonios forzados como medida de protección. Las más vulnerables son las niñas que quedaron huérfanas durante la guerra.

El Centro de Asuntos de la Mujer en Gaza (una ONG palestina que colabora con el UNFPA) ha documentado casos alarmantes de niñas que han contraído matrimonio y sufrido abusos, quedando a menudo embarazadas. Señalan que las adolescentes de menor edad tienen muchas más probabilidades de sufrir abortos espontáneos y de dar a luz bebés con bajo peso que las mujeres adultas.
“En el caso de una niña que se encuentra en una edad en la que su cuerpo aún no se ha desarrollado lo suficiente para albergar otra vida -que pasa hambre, vive en condiciones insalubres y no sabe cómo cuidar al bebé ni siquiera a sí misma-, las consecuencias de ese embarazo son siempre realmente nefastas”, recuerda Nestor Owomuhangi.
Es casi imposible contabilizar los casos de violencia sexual, pues las denuncias son prácticamente inexistentes por miedo al rechazo social. Desde la ONU se apunta que es especialmente arriesgado para las mujeres utilizar baños públicos en los campos de refugiados. El informe de la UNFPA apunta a que la violencia de genero “se ha vuelto crítica en Gaza”.
Las organizaciones de ayuda sostienen que los peligros que enfrentan las mujeres en Gaza podrían reducirse considerablemente si se mejoraran las condiciones humanitarias. Se ha instado a Israel a permitir la entrada en el territorio de refugios de mejor calidad, así como de equipos para acondicionar las letrinas, mejorar el saneamiento y proporcionar iluminación. Israel restringe aquellos artículos que clasifica como susceptibles de tener un doble uso con fines militares.

