España continúa pendiente de varios incendios forestales que mantienen en vilo a distintas comunidades autónomas. Aunque algunos de los grandes fuegos registrados durante los últimos días evolucionan favorablemente gracias a la mejora temporal de las condiciones meteorológicas, los equipos de extinción siguen trabajando para consolidar perímetros y evitar reactivaciones, mientras miles de hectáreas han quedado ya calcinadas y decenas de municipios permanecen afectados por restricciones, desalojos o labores de vigilancia.
Los expertos advierten, sin embargo, de que el alivio puede ser pasajero. En un contexto marcado por meses de sequía, vegetación muy seca y un cambio climático que está modificando el comportamiento del fuego, sigue existiendo riesgo de nuevos incendios.
Andrea Duane, investigadora de la University of California Davis y futura investigadora en ecología del fuego del programa Sierra Hunter de la Universitat de Lleida, aclara durante una conversación con Artículo14 algunas claves para comprender por qué los incendios son cada vez más virulentos y qué desafíos plantea esta nueva realidad para los servicios de emergencia y las poblaciones afectadas.
-¿Por qué estamos viendo incendios tan intensos este verano?
-No hay una única causa, y eso es importante entenderlo. Siempre decimos que los incendios no responden a un solo factor. Tenemos unas condiciones atmosféricas y meteorológicas muy concretas: venimos de dos años muy lluviosos, que hicieron crecer mucha vegetación, pero después hemos tenido varios meses prácticamente sin precipitaciones y con mucho calor. Todo eso seca esa vegetación y la deja completamente disponible para arder.

A eso se suma que, con las condiciones actuales, el fuego se propaga con muchísima intensidad. Además, desde hace años sabemos que los montes españoles son menos productivos porque hay menos actividad agrícola y forestal. Se acumula más vegetación, el paisaje se vuelve más homogéneo y eso favorece que los incendios quemen con mucha mayor intensidad.
-Aunque estos días han dado un respiro las temperaturas, ¿la situación sigue siendo preocupante?
-Sí. Ahora estamos en unos días algo más suaves, pero las previsiones apuntan a una nueva subida de temperaturas y eso volverá a complicar mucho las tareas de extinción.

Llevamos desde junio con temperaturas muy superiores a lo habitual. Ese calor prolongado estresa la vegetación y hace que el fuego avance con mucha más intensidad y sea mucho más difícil de controlar. Llega un momento en el que ya no es posible atacar directamente las llamas y hay que cambiar completamente la estrategia: pasar a labores de contención, abrir cortafuegos o eliminar vegetación a mayor distancia. Todo eso hace mucho más compleja la extinción.
-¿Están preparados los servicios de emergencias para afrontar este nuevo tipo de incendios?
-Tenemos cuerpos de extinción muy preparados y altamente profesionales. Pero también es verdad que nos enfrentamos a situaciones nuevas.

Este tipo de incendios ya se habían visto en lugares como California o Portugal y sabíamos que podían llegar aquí. Que lo sepas no significa que, cuando ocurre, deje de sorprenderte. Los equipos están formados e informados, pero la complejidad de estos incendios aumenta enormemente y exige adaptar continuamente las estrategias.
-¿Hasta qué punto está influyendo el cambio climático?
-Está teniendo un efecto muy relevante en los incendios que estamos viviendo en la Península Ibérica y también en Francia, y todo indica que esa influencia irá aumentando. Sabemos que las temperaturas seguirán subiendo y que las noches dejarán de refrescar. Antes la noche era un momento muy favorable para controlar un incendio, pero ahora muchos fuegos siguen propagándose durante la madrugada.

Además, el cambio climático modifica la propia estructura de la atmósfera. Se generan corrientes de aire más difíciles de prever, aumenta la incertidumbre sobre el comportamiento del fuego y eso también complica enormemente las labores de extinción.
-¿Qué debería cambiar para adaptarnos mejor a esta nueva realidad?
-Muchas veces hablamos solo de la respuesta cuando el incendio ya está activo, pero hay que pensar en todo el proceso: la planificación, la preparación, la respuesta, el análisis posterior y la recuperación del territorio.

La prevención es clave, porque, a diferencia de otros desastres naturales, es la parte que sí podemos modular. No podemos evitar un terremoto, pero sí podemos reducir la probabilidad de que un incendio alcance dimensiones catastróficas. Por eso necesitamos mucha más investigación y conocimiento para saber qué medidas reducen realmente la propagación del fuego y cómo aplicarlas. Parece sencillo decirlo, pero después hay que compatibilizar esas actuaciones con la economía, los usos del territorio y la realidad social.
-¿La sociedad también debe prepararse mejor?
-Sin duda. Mientras seguimos investigando para reducir el riesgo de incendios, también debemos mejorar la preparación. Tenemos que preguntarnos si sabemos realmente cómo actuar cuando se declara un incendio. ¿Están preparados los vecinos? ¿Conocen los planes de evacuación? En otros países existe una cultura mucho más desarrollada de preparación porque llevan más tiempo conviviendo con este tipo de incendios extremos. Aquí todavía tenemos mucho camino por recorrer.
-Después del incendio siempre queda una imagen de devastación. ¿Qué ocurre con el bosque?
-Lo primero es aprender de lo ocurrido y cuidar los servicios públicos que responden a estas emergencias. Después hay que analizar cada incendio de forma individual. Quienes trabajamos en ecología del fuego sabemos que un incendio es una catástrofe para las personas afectadas, pero eso no siempre significa una destrucción irreversible del ecosistema. Hay que estudiar cada caso.

Es cierto que la imagen inicial es desoladora cuando todo aparece negro, pero muchas veces esos paisajes vuelven a reverdecer. De hecho, algunos vecinos lo expresan así con el paso del tiempo: “Todo lo que me afectó ese día ya lo estoy superando”. Desde el punto de vista ecológico, la vegetación suele regenerarse y, en algunos casos, incluso aparecen efectos positivos. Hay especies de aves que regresan a esas zonas y se generan nuevos hábitats. El periodo posterior al incendio es muy interesante desde el punto de vista científico y hay que valorar caso por caso. No siempre es tan negativo como puede parecer inmediatamente después del fuego.

