El incendio de Los Gallardos (Almería), que ha dejado por el momento 12 muertos, ha vuelto a demostrar que los grandes fuegos ya no se comportan como antes. “La llegada de la noche ya no comporta un aumento de la humedad” y los incendios son “cada vez más incontrolables”, advierte Andrea Duane, investigadora en ecología del fuego de la Universidad de California, Davis, y asociada al Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña. En conversación con este periódico, la experta explica qué convierte un incendio en una trampa mortal, por qué cada vez son más difíciles de contener y sobre todo, qué se debe hacer y qué no en caso de vernos sorprendidos por las llamas.
-¿Qué condiciones meteorológicas y de vegetación pueden provocar que un incendio pase de controlable a letal en cuestión de minutos?
-El comportamiento del fuego se basa en tres factores bien conocidos: la meteorología, la topografía y el combustible. De estos, la meteorología es la que hace variar las condiciones de quema de manera más rápida. La temperatura y la humedad relativa influyen de manera directa en la facilidad que tiene la vegetación para quemar, ya que actúan como secadores de esta vegetación. En cambio, el viento es el que guía la dirección y la velocidad de propagación de las llamas. Estos vientos pueden ser sinópticos (vientos generales guiados por las grandes masas de aire) o locales, y en este último caso también se incluyen los vientos creados por las dinámicas fuego-atmosfera por el propio incendio. Estas corrientes son las más difíciles de entender, las que crean más incertidumbre, y a menudo las que pueden promover una mayor intensidad de las llamas. Es habitual que los incendios pasen a ser incontrolables cuando tanto los vientos creados con el fuego, o los vientos sinópticos, crean velocidades de propagación por encima de los 2 km/h.

-Se maneja como principal hipótesis la caída de un poste eléctrico junto a una carretera. ¿Cómo de habitual es que las infraestructuras eléctricas sean el origen de grandes incendios forestales, y qué medidas de prevención existen a nivel general (no solo andaluz) para evitarlo?
-En España la mayor parte de las igniciones son por causa antrópica (95%), aunque dentro de estas se distinguen los intencionados, las negligencias o los accidentes. No es raro que los incendios sean causados por infraestructuras eléctricas, ya ha habido grandes incendios en España con esta casuística, como el incendio del Bages, Cataluña de 1994. Hoy en día, las compañías de distribución invierten buena parte del presupuesto de mantenimiento en el control de la vegetación alrededor de las líneas eléctricas, pero aun así, es difícil controlar todos los accidentes. Medidas como parar el suministro eléctrico en épocas de máximo riesgo no son habituales en España, aunque sí que lo han sido en otras zonas como California, donde las compañías eléctricas han tenido grandes pérdidas por la responsabilidad civil derivada de accidentes de este tipo.
-Varias víctimas murieron buscando una salida alternativa a la indicada. Desde su experiencia, ¿qué errores suelen cometer los civiles al intentar evacuar por su cuenta durante un incendio forestal, y qué deberían hacer en su lugar?
-Lo más importante durante un incendio forestal es seguir las indicaciones de las autoridades. Son los cuerpos de emergencia los que tienen toda la información para tomar la mejor decisión ante el escenario planteado. Aunque entiendo que puede ser aterrador para un ciudadano de pie quedarse en casa ante el avance de las llamas, tenemos que entender que marchar puede ser catastrófico, ya que muchas veces ya se ha perdido la ventana de oportunidad para esta evacuación. Aunque todos podemos hacer autocrítica y ver qué medidas pueden mejorar esta conciencia situacional, como comunicar mejor, explicar mejor, etc.

-Este incendio se suma a una serie de episodios cada vez más virulentos en el Mediterráneo. ¿Qué papel juega el calentamiento global en el aumento de la intensidad y velocidad de este tipo de incendios en los últimos años?
-El calentamiento global está jugando un papel a varios niveles. Por un lado, un aumento sostenido de las temperaturas está aumentando el estrés hídrico de la vegetación, que está adaptada a unas situaciones meteorológicas distintas. A este aumento de temperatura hay que sumarle un aumento de los períodos de sequía, que disminuye el aporte de agua y genera estrés y mortalidad en los bosques y matorrales. Todo esto provoca que ante una situación meteorológica típica de verano mediterráneo, con temperaturas elevadas y humedades relativas bajas, esta vegetación queme con más intensidad que en el pasado. Asimismo, se está viendo cómo el calentamiento global está disminuyendo la ventana de control que ofrecían las noches en el pasado: hoy en día, la llegada de la noche no comporta un aumento de la humedad relativa, y por lo tanto se dan propagaciones extremas aun en horas nocturnas.
Por último, el cambio climático aumenta la energía que tiene la atmósfera y la hace más inestable: con un aporte de energía menor que en el pasado (es decir, incendios más pequeños), ya se pueden crear las “tormentas de fuego” donde la dinámica atmosférica gobierna el comportamiento del incendio, haciéndolo más severo.

-Se dice que este incendio solo es superado en mortalidad por los de Lloret de Mar y La Gomera en los años 70-80. ¿Qué ha cambiado -o no- en las últimas décadas en términos de gestión forestal y prevención que explique que sigan produciéndose tragedias de esta magnitud?
-Desde los 70-80 han cambiado muchas cosas, a mejor. Tenemos mayor capacidad de análisis, de coordinación, y de extinción de incendios. Y hay un esfuerzo grande para evitar las igniciones en épocas de máximo riesgo. De hecho, durante las décadas de los 2000 y 2010 el número de incendios y área quemada fue mucho menor que en las décadas anteriores. Pero hay una parte de los deberes que sigue sin afrontarse debidamente: aumenta la superficie forestal, los bosques son jóvenes y cada vez más densos, y están más estresados.
Hace falta invertir más en la gestión de la biomasa vegetal para evitar que los incendios se escapen de la capacidad de control. De hecho, desde 2022 estamos siendo testigos de cambios de comportamiento ligados al cambio climático y cambios del paisaje, y los incendios son cada vez más incontrolables con un porcentaje de megaincendios cada vez mayor. Aun así, ante las condiciones que están por venir, es muy importante trabajar en todas las fases de la gestión de los incendios: la prevención, preparación, respuesta, restauración y recuperación, y revisión y análisis.

