El objetivo es reconducir las relaciones. Y cuanto antes se haga, mucho mejor. Quizá por eso el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quiere exprimir al máximo las 48 horas que estará en Roma y ha plagado su agenda de reuniones. Si ayer se reunió con el Papa León XIV, hoy lo hace con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. Ambas reuniones se producen después de las más que evidentes tensiones diplomáticas entre la administración estadounidense e italiana y también entre el gobierno de Trump y el Papado.
Desde que comenzó la guerra en Irán, el Papa Leon XIV se ha pronunciado en varias ocasiones al respecto. Del conflicto ha dicho que es “atroz” e “injusto” y ha animado a Israel y a Estados Unidos a detener sus bombardeos y buscar el diálogo. Las palabras no gustaron nada al presidente estadounidense, que tardó poco en entrar en guerra abierta con el Vaticano acusando al Papa Leon XIV de respaldar el régimen iraní.
¿La consecuencia? La intervención inmediata de una Meloni que, aunque aliada de Trump, ha apostado por dar un giro de 180 grados sobre su política internacional. La mandataria se ha ido alejando progresivamente de las posiciones del magnate pero sobre todo, de sus críticas hacia una institución sagrada en Italia. La primera ministra italiana fue la primera, junto a su viceprimer ministro, en defender públicamente al Papa Leon XIV. “Las palabras de Trump son inaceptables”, dijo literalmente Meloni.

Más que un desencuentro
Aquellas palabras fueron algo más que un simple cruce de comunicados por redes sociales. Significó, por primera vez desde que Trump llegó de nuevo al cargo, una ruptura entre la administración norteamericana y uno de los bastiones del trumpismo en Europa. Por primera vez, uno de los fieles aliados de Trump en Europa se distanciaba de las recetas de Estados Unidos y anteponía su país a las órdenes de la Casa Blanca. “Italia no está en guerra y no quiere entrar en ella”, repite desde hace dos meses Meloni.
Por eso es tan importante la reunión que, a la carrera, mantendrá el hombre de confianza de Trump, Marco Rubio, con la mandataria italiana. El actual secretario de Estado no ha ido por azar. Trump confía en el y quiere que sea Rubio el que consiga restablecer buenas relaciones con un aliado fundamental. Desde hace tiempo, Rubio se ha convertido en la principal baza de Trump para tener buenas relaciones con aliados y adversarios. Y también para arreglar la vajilla que a veces Trump rompe en sus arrebatos.
Para Meloni, este viernes tiene una misión clara. En esta reunión considerada de “alta tensión”, debe impedir que la Administración Trump retire sus tropas de Italia como ha hecho con Alemania, y como amenaza a Roma y a Madrid. En Italia hay 13.000 soldados estadounidenses que participan en misiones clave de la OTAN y mantienen una posición privilegiada en el Mediterráneo. Así, a Meloni también le interesa aliviar las tensiones.

¿Por qué Marco Rubio?
Porque Marco Rubio aparte de ser trumpista es un diplomático profesional. Su discurso, a menudo diametralmente opuesto al de su presidente, apuesta por la cordialidad, el buen trato y la lealtad entre aliados. Por eso, el resultado más previsible de la reunión de este viernes con Meloni sea positivo.
Al Papa, Rubio le ha regalado un pisapapeles con forma de pelota de tenis, consciente de que es el deporte favorito del Pontífice. Aunque todavía no sabemos qué regalo le hará a Meloni, con ella lo tiene más complicado. Será el encargado de justificar, entre otras perlas, la última de Donald Trump hacia la mandataria. “Pensaba que tenía valor, pero me equivoqué”, dijo Trump poco antes de amenazar incluso con la retirada de las bases militares estadounidenses en Italia.

¿Por qué ahora?
El cabreo italo-estadounidense hace ya tiempo que ha traspasado sólo la diplomacia. Con las elecciones de medio término a la vuelta de la esquina, Trump es consciente de que ahora mismo no maneja los mejores resultados. La guerra en Irán o la intervención en Venezuela le han pasado factura incluso dentro de su propio movimiento, donde cada hay más voces que apuestan por cambiar sus controvertidas recetas. También sus máximos representantes en Europa, como Viktor Orbán, han salido escaldados de aquellas citas electorales a las que se han presentado defendiendo a ultranza al magnate.
Ahora, Trump es perfectamente consciente de que necesita restablecer la confianza en su electorado católico, clave para el republicanismo estadounidense en varios estados. En el año 2020, Trump ganó entre el voto católico. Consiguió el 55% de los votos de este electorado frente al 43% que consiguió Kamala Harris.
Pero ese resultado ahora podría cambiar. El choque del mandatario con el Papado y con el gobierno de Meloni podría penalizarle en estados donde el electorado católico es clave. Pensilvania, Michigan, Wisconsin, Nueva York, Nueva Jersey y Texas son sólo algunos de los más importantes.
