Durante décadas, la Verja de Gibraltar ha marcado el ritmo de vida de miles de personas que cada día cruzan entre España y el Peñón para trabajar. Madrugones, controles, esperas y largas colas han formado parte de la rutina de los trabajadores transfronterizos, una realidad que cambiará a partir del próximo 15 de julio con el fin de los controles habituales de documentación.
El acuerdo alcanzado entre Reino Unido y la Unión Europea permitirá la integración de facto de Gibraltar en el espacio Schengen y modificará el funcionamiento de la frontera. Los alrededor de 15.500 trabajadores transfronterizos que cruzan diariamente dejarán atrás una barrera que durante años ha condicionado sus horarios y su vida cotidiana.
Pero entre quienes han vivido esa realidad desde dentro, la desaparición de la Verja no se interpreta únicamente como una oportunidad, sino también como un cambio que llega con muchas preguntas pendientes.
“Lo que nos preocupa es la pensión”
Natalia trabaja en un supermercado de Gibraltar desde hace cerca de 20 años. Para ella, la eliminación de los controles supone una mejora, pero no una revolución para los trabajadores que cada día acuden al Peñón. “A nosotros los trabajadores no nos ha cambiado nada, simplemente una modificación”, explica. Su principal preocupación está en cuestiones que van más allá del paso fronterizo, como las pensiones o las cotizaciones acumuladas tras años de actividad laboral.
“Lo que nos preocupa es la pensión”, señala Natalia, que recuerda la complejidad de haber tenido que declarar durante años en ambos territorios. “Yo llevo trabajando ahí cerca de 20 años y he pagado en los dos países. Me salía la declaración aquí negativa 700 euros y allí mil y pico libras. Estabas fiscalmente declarando en dos países”, afirma.
La trabajadora considera que el nuevo escenario puede resolver parte de los problemas administrativos, pero no las incertidumbres sobre el futuro. “Si cuando nos vayamos a jubilar declaramos los años de Gibraltar y no llegamos ni a la no contributiva, España nos da la mínima, que son unos 800 euros”, explica. Sin embargo, plantea sus dudas sobre si esa cantidad será suficiente después de toda una vida laboral. “Una pensión de 800 euros, ¿cómo está la vida? ¿Tú crees que voy a vivir con 65 años?”, se pregunta.
Según explica, existen diferencias importantes entre el salario percibido y las bases de cotización que pueden afectar al futuro de los empleados. “Como soy supervisora en un supermercado, mi base de cotización es muchísimo menos que la de una encargada en un Carrefour o un Mercadona de España”, asegura.
Para ella, el principal beneficio del acuerdo será práctico y estará relacionado con la movilidad. “El único beneficio es que yo no tenga que pararme, que yo no tenga que enseñar un DNI, que yo no tenga que ser registrada”, afirma. Recuerda episodios en los que los trabajadores sufrieron las consecuencias de las tensiones políticas entre España y Gibraltar. “He pasado colas en la moto de tres horas, salir a las tres de la tarde y llegar a las siete a mi casa en agosto. Había turistas con niños menores al sol y personas mayores bajándose la tensión”, relata.
“Hay mucha incertidumbre”
Desde el ámbito empresarial, Lourdes Sánchez, responsable de Sototechnic Gibraltar, observa el cambio con expectación, aunque reconoce que existe incertidumbre sobre sus consecuencias reales. “Hay mucha incertidumbre. Hay gente que dice que parece que va a haber más trabajo y otras personas dicen que se puede perder con el tema del nuevo impuesto. Estamos un poquito encogidos de hombros todos”, explica.
Su empresa opera en Gibraltar y mantiene una relación consolidada con clientes del Peñón, pero Lourdes considera que todavía hay muchas cuestiones por aclarar. “¿Cómo van a controlar las fronteras? Parece que iban a poner un punto para controlar la mercancía que entra. No sé de qué manera lo van a hacer, porque con tantísima gente que entra, quien pare a declarar bien, pero quien no pare…”, señala.
La empresaria sí cree que una frontera más fluida puede tener efectos positivos para la zona. “Si no hay cola, será una ventaja. Claro que eso también habrá que verlo”, afirma. A su juicio, la reducción de los tiempos de espera beneficiará a trabajadores, empresas y turismo. “Son amortizaciones de tiempo para trabajadores, para personas, turismo, cualquier persona que vaya a cruzar”, añade.
“Las condiciones son mejores que en España”
María, que trabaja en una cafetería junto al Hospital de Gibraltar, comparte esa visión limitada del cambio. “Para nosotras es todo igual. Lo único bueno es que no habrá tantas colas, pero no compensa”, afirma. Aunque reconoce que los salarios y horarios son mejores que en muchos empleos de la zona española, reclama que se tenga en cuenta la situación de quienes no cotizan en España.
“Para conseguir un ayuda tienes que cotizar mínimo 10 años y con eso 10 años te quedaría una pensión de 100 y pico libras al mes y el máximo que te correspondería trabajando más de 20 años sería alrededor de 400 libras al mes y siempre declarando tus impuestos en Gibraltar y España”.
Sandra, auxiliar de enfermería en el Hospital de Gibraltar, representa a otra generación de trabajadoras que han encontrado en el Peñón una oportunidad laboral. “Yo gracias a Gibraltar he crecido. La mitad del personal del Hospital es de fuera porque las condiciones son mejores que en España, pero no tenemos claro cómo nos va a afectar todo esto”, explica. En su caso, la mejora de la movilidad puede facilitar su rutina diaria, aunque también mantiene dudas sobre algunos cambios laborales.
El fin de la Verja abre una nueva etapa para Gibraltar y su entorno, con expectativas sobre la llegada de turistas, el uso compartido del aeropuerto y una mayor actividad económica. Pero para las mujeres que cada día cruzan al otro lado, el verdadero cambio no estará solo en pasar más rápido una frontera, sino en comprobar si el nuevo escenario mejora también sus derechos y su futuro.

