Guerra en Ucrania

Madres bajo las bombas en Ucrania: “Es muy duro vivir escuchando tanques y misiles”

Viuda, madre de cinco hijos y superviviente de la invasión rusa, Olga Lukyanets encarna la realidad de miles de mujeres ucranianas que afrontan solas el peso de la guerra

Olga Lukyanets
Olga Lukyanets, viuda ucraniana y madre de cinco hijos
Asociación Niños de Ucrania y Andalucía

Olga Lukyanets lleva más de dos décadas tratando de encontrar una vida mejor para su familia. Primero fue la pobreza y después llegó la guerra. Habla desde Sosnivka, una pequeña aldea situada a unos quince kilómetros de Fastiv, en el centro de Ucrania. Su voz suena cansada, pero firme. Tiene cinco hijos -Volodymir, Anatoliy, Anastasia, Natalia y Oleh- y una historia que podría confundirse con la de miles de mujeres ucranianas. Su testimonio, ofrecido en exclusiva para este reportaje, permite asomarse a una realidad que las cifras internacionales no alcanzan a describir.

Una comida al día: patatas cocidas

Antes de que Rusia lanzara la invasión de Ucrania, el 24 de febrero de 2022, Olga ya conocía el significado de la palabra supervivencia. Quedó viuda hace diecinueve años. En su región el trabajo era escaso y los salarios tan bajos que, según recuerda, a veces se cobraban con alimentos. “En casa comíamos una vez al día y casi siempre patatas cocidas. Mi hijo Anatoliy lloraba porque tenía hambre”.

A comienzos de 2000 tomó una dura decisión. Anatoliy tenía problemas de lenguaje y fue enviado a un orfanato especializado. Desde allí surgió la posibilidad de participar en un programa de acogida temporal en España impulsado por la Asociación Niños de Ucrania y Andalucía. Cuando regresó del primer verano, Olga observó en él un gran cambio. “Volvió feliz, muy gordito y con muchas ganas de comer. Me decía que en España estaba mejor porque tenía comida y unos padres de acogida que le querían muchísimo”.

Anatoliy, en uno de sus veranos en España acogido gracias a la Asociación Niños de Ucrania y Andalucía
Asociación Niños de Ucrania y Andalucía

Lo cuenta con la serenidad de quien entendió que el amor, a veces, consiste en dejar marchar. “Me di cuenta de que la felicidad de mi hijo estaba en España”. Aquella decisión marcaría el destino de toda la familia. Con el paso de los años, Anatoliy continuó estudiando en España y acabaría siendo adoptado por la familia que lo acogió. Hoy tiene nacionalidad española y mantiene una estrecha relación con su familia biológica.

Olga nunca imaginó que dos décadas después sería ella quien necesitaría refugio. Cuando comenzó la invasión rusa, la guerra irrumpió en su vida con la brutalidad de los bombardeos. “Es muy duro vivir día tras día oyendo los tanques y los misiles. Nuestra casa no tiene sótano. Nos metíamos debajo de la cama temblando de miedo”.

La imagen se repite en miles de hogares ucranianos. Madres abrazando a sus hijos mientras esperan que termine una alarma aérea. Mujeres intentando transmitir calma cuando ellas mismas están aterrorizadas. Gracias a la Asociación Niños de Ucrania y Andalucía y su presidenta Dolores Pérez, Olga, varios miembros de su familia y dos nietos pequeños lograron ser evacuados. “Tuvimos que ir campo a través para llegar al autobús porque en la aldea no había ningún coche. Convirtieron mis lágrimas en solidaridad. Más que un hogar encontramos personas que curaron nuestras heridas, nuestros miedos y nos ayudaron a volver a soñar”, explica.

Hogares encabezados por una mujer

En enero de 2026 decidió regresar a Ucrania para ayudar a una de sus hijas, que sufría problemas de salud, y cuidar de sus nietos. Lo que encontró fue un país exhausto. “De nuevo me encontré con esta maldita guerra. Los ruidos son ensordecedores. Vivo en una intranquilidad constante. Estoy psicológicamente afectada”. La experiencia de Olga coincide con los diagnósticos de los organismos internacionales. Según UNICEF, más de 10,8 millones de personas necesitan ayuda humanitaria dentro de Ucrania. Entre ellas hay 2,2 millones de niños y 3,8 millones de desplazados internos. Las familias encabezadas por mujeres soportan una presión especialmente intensa. El 39% de los hogares con una única cuidadora femenina afronta necesidades extremas.

Olga Lukyanets
La familia de Olga Lukyanets vive en una pequeña aldea del centro de Ucrania

La maternidad en Ucrania se ha convertido en una forma de resistencia. No se trata únicamente de proteger a los hijos de las bombas. También consiste en encontrar alimentos cuando los precios se disparan, conseguir medicamentos cuando apenas hay recursos o afrontar semanas enteras de incertidumbre. “La escasez de alimentos y su carestía hacen muy difícil la vida aquí. No tenemos seguridad social y sin dinero no puedes acceder a médicos ni a medicinas. Mucho menos a un psicólogo o un psiquiatra que te ayude a sobrellevar esta cruz”.

20.500 niños deportados y 705 muertos

La cruz de la que habla tiene muchas caras. La de las madres que esperan noticias de sus hijos en el frente, la de las mujeres que han enviudado, la de quienes han tenido que abandonar su hogar y también la de quienes buscan a sus hijos desaparecidos. La plataforma oficial ucraniana Children of War registraba el pasado 1 de junio al menos 705 menores muertos, 2.532 heridos y 2.318 desaparecidos desde el inicio de la invasión. Además, más de 20.500 niños han sido deportados o trasladados forzosamente por Rusia y solo algo más de 2.100 han conseguido regresar.

“Hay muchos huérfanos y muchas viudas. Son miles los hombres y jóvenes que han perdido la vida”, confirma Olga. La propia ONU ha advertido de que la situación se está agravando. Entre enero y abril de 2026 murieron 815 civiles y más de 4.100 resultaron heridos. Solo durante el primer trimestre del año fallecieron 199 mujeres y niñas, la cifra más elevada desde los primeros meses de la invasión.

A miles de kilómetros de Sosnivka, en Andalucía, Dolores ha visto crecer a generaciones enteras de menores acogidos temporalmente por familias españolas. Entre ellos, su hijo adoptivo, Anatoliy. “Son cientos los niños que siguen esperando una oportunidad para salir de Ucrania durante unos meses y muchas madres que están completamente destruidas. Han perdido a sus maridos, a sus hijos o a sus hermanos”. Tanto Dolores como Olga son el ejemplo de la capacidad humana para seguir adelante cuando todo invita a rendirse.

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