Japón

Más del 80% de los japoneses aceptarían a una emperatriz, pero la familia imperial mantiene el veto

El Parlamento aprueba una reforma para ampliar la familia imperial mediante la incorporación de antiguos linajes masculinos y permitir que las princesas conserven su estatus tras casarse, aunque la princesa Aiko sigue excluida de la línea sucesoria pese al amplio apoyo ciudadano

Princesa Aiko de Japón - Internacional
Una imagen de archivo de la princesa japonesa Aiko.
EFE/EPA/Eugene Hoshiko / POOL

El Parlamento japonés ha dado luz verde a una de las reformas más importantes del sistema imperial de las últimas décadas con el objetivo de hacer frente al progresivo adelgazamiento de la familia real. Sin embargo, el cambio legislativo deja intacta la imposibilidad de que una mujer ocupe el Trono del Crisantemo. La contradicción es evidente. Mientras las encuestas como la de Kyodo News reflejan que más del 80% de los japoneses respaldaría la llegada de una emperatriz, la ley sigue reservando la sucesión exclusivamente a los varones de la línea masculina.

La nueva normativa, aprobada por ambas cámaras del Parlamento y pendiente únicamente de completar los trámites legales finales para su entrada en vigor, permitirá incorporar a la familia imperial a hombres mayores de 15 años pertenecientes a antiguas ramas dinásticas que perdieron su estatus tras la Segunda Guerra Mundial. Además, las mujeres de la familia imperial ya no tendrán que abandonar oficialmente la institución al contraer matrimonio con un ciudadano común, una circunstancia que redujo aún más el número de miembros activos en los últimos años.

La princesa Aiko de Japón camina tras asistir al funeral de la princesa Mikasa en el cementerio de Toshimagaoka en Tokio, Japón, el 26 de noviembre de 2024.

Los sucesores

La reforma busca responder a su urgente problema. La monarquía japonesa, considerada la más antigua del mundo con una continuidad histórica que, según la tradición, supera los 2.600 años, dispone actualmente de muy pocos herederos al trono. El príncipe heredero Fumihito, hermano menor del emperador Naruhito, ocupa el primer lugar en la línea sucesoria. Le sigue su hijo, el príncipe Hisahito, de 19 años, mientras que el tercer y último candidato que cumple los requisitos establecidos por la legislación vigente es el príncipe Hitachi, tío del emperador, que ya tiene 90 años.

La situación ha alimentado el debate sobre el futuro de la institución. Si el príncipe Hisahito no tuviera descendencia masculina, la línea sucesoria quedaría agotada bajo las actuales normas. Precisamente por ello, el Gobierno ha optado por recuperar la posibilidad de incorporar miembros masculinos procedentes de once antiguas ramas imperiales excluidas en la reorganización del sistema monárquico impulsada por las autoridades estadounidenses tras 1945.

La mayoría respalda a la princesa Aiko

No obstante, la reforma evita deliberadamente abordar la cuestión que cuenta con un amplio respaldo ciudadano. Diversos sondeos publicados este año muestran que una mayoría abrumadora de la población considera aceptable que una mujer pueda convertirse en emperatriz. Una encuesta elaborada por Kyodo News sitúa ese apoyo en el 83%, mientras que otro estudio del diario Mainichi Shimbun refleja que más del 70% de los participantes comparte la misma opinión.

La principal beneficiaria simbólica de ese respaldo popular es la princesa Aiko, única hija del emperador Naruhito y de la emperatriz Masako. A sus 24 años ha ido adquiriendo una presencia institucional cada vez mayor, participando en actos oficiales tanto dentro como fuera del país. Pese a ello, las disposiciones actuales le impiden heredar el trono únicamente por su condición de mujer.

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El príncipe heredero japonés Akishino, la princesa heredera Aiko y la princesa Kako saludan a los simpatizantes desde el balcón del Palacio Imperial de Tokio, Japón
Efe

El debate no es nuevo. Japón ya tuvo varias emperatrices a lo largo de su historia, aunque ninguna transmitió posteriormente la corona a sus descendientes. Desde finales del siglo XVIII, sin embargo, el trono ha permanecido exclusivamente en manos masculinas, una tradición que los sectores conservadores consideran inseparable de la legitimidad histórica de la institución.

La primera ministra, Sanae Takaichi, se ha mostrado partidaria de mantener la sucesión masculina argumentando la importancia de preservar la continuidad dinástica. Sus posiciones coinciden con las del gobernante Partido Liberal Democrático, que desde hace décadas rechaza modificar el principio básico recogido en la Ley de la Casa Imperial.

Mientras tanto, la familia imperial continúa reduciendo su tamaño y afronta crecientes dificultades para cumplir con sus compromisos oficiales. La reforma recientemente aprobada permitirá aliviar parcialmente esa situación, pero deja abierta la gran incógnita sobre el futuro del trono japonés. El respaldo social a una emperatriz es hoy mayoritario, aunque la tradición y la política siguen inclinando la balanza en dirección contraria.

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