Meloni cumplió esta semana sus amenazas y puso en marcha una suspensión del espacio Schengen con España que consisitirá, aunque inicialmente había anunciado a bombo y platillo un cierre de fronteras aéreas y marítimas, en una serie de controles aleatorios que afectarán a pasajeros que lleguen de España pero que sean extracomunitarios. La decisión, que al principio había sido vendida con mayor dureza, no afectará previsiblemente a los miles de turistas europeos que estos días llegarán a Italia en plena temporada alta. Una medida que la primera ministra defiende como extraordinaria y que servirá para “tutelar la seguridad nacional”. Acaba de entrar en vigor este 1 de agosto y durará un mes.
Pero la primera ministra buscaba dar un paso más y este sábado ha encabezado junto a Dinamarca una propuesta, firmada por otra veintena de países incluida Alemania, pidiendo a la UE realizar una reunión extraordinaria para ofrecer una respuesta coordinada a lo que ocurre en Ceuta. En la carta, además, repetía algo que ya ha salido en los mensajes que en bloque Meloni y sus vicepresidentes, Antonio Tajani y Matteo Salvini, han repetido estos días: una de las causas de lo ocurrido es la sentencia del Supremo español y la amplia regularización de migrantes realizada en los últimos meses en España, que considera un efecto llamada.

De hecho, el primer incidente diplomático surgió tras el mensaje que precisamente Antonio Tajani, también ministro de Exteriores, escribió en redes sociales donde apuntaba ya a la regularización de 500 mil migrantes por parte del Ejecutivo español. Comentario luego rebatido por el su homólogo, Albares, que terminó convocando al embajador italiano en Madrid, que abría una crisis diplomática. Las acusaciones siguieron llegando de un lado y de otro, algunos mensajes, de hecho, como el del senador de la Liga, el partido de Salvini, Claudio Borghi, eran especialmente duros con Sánchez al que tachaban de “criminal”.
Quando si danno i segnali di apertura ecco arrivare la marea. Sanchez è un criminale irresponsabile e purtroppo non potrà mai pagare abbastanza per i danni che ha fatto e sta facendo a tutti noi. https://t.co/38vWtEX05c
— Claudio Borghi A. (@ClaudioBorghi) July 30, 2026
Ese reciente episodio de una crisis diplomática aún abierta sirve para ejemplificar las diferencias entre Italia y España en la gestión del fenómeno migratorio, pero sobre todo en cómo se habla de él. Durante los últimos años, como explica la investigadora en Estudios Migratorios de la Universidad de Granada Patrizia Rinaldi, Sánchez ha querido vender un modelo de integración. “La regularización extroadinaria es el ejemplo. Aunque muchas veces, mirándolo desde Italia, no se entiende este caso concreto en profundidad. La mayoría de los que pudieron beneficiarse son latinoamericanos que llegan a España en avión y que, hablando español, tienen más fácil la integración”. Sin embargo, al otro lado, Meloni ha intentado poner en marcha una política para combatir la inmigración ilegal que conecta con el electorado italiano, no solo de derecha, sino en general.
De hecho, en numerosas ocasiones ha celebrado la considerable reducción de entradas irregulares a Italia diciendo que “es posible poner en primer lugar la legalidad y combatir las mafias”. Ahora mismo, respecto al mismo periodo del año precedente, según datos del Ministerio italiano, las llegadas de inmigrantes irregulares a las costas italianas han disminuido cerca de un 50%. En 2025 fueron en total 36.545 migrantes. Sin embargo, desde el inicio de 2026 hasta el 31 de julio han sido 16.479 las personas que han llegado a Italia de manera irregular, principalmente atravesando el Mediterráneo a través de la ruta libia -recordemos que la costa del país nordafricano está muy cercana a isla italiana de Lampedusa, el punto más al sur, considerada la puerta de Europa-. Encontrándose geográficamente en África, la isla está a solo unas 100 millas.

¿Qué ha hecho Meloni para obtener estos datos?
Los expertos señalan que la disminución depende de diversos factores como el cambio de rutas o la situación geopolítica de los países de origen o de tránsito. La incapacidad de Italia, explica Rinaldi, de afrontar este fenómeno de manera transversal lleva en muchas ocasiones a un análisis demasiado simple. Aprovechando que el discurso de la inmigración es constante y en el debate italiano Meloni ha ido introduciendo decenas medidas durante estos años para dificultar el trabajo de las Ong. La más célebre es la que obliga a las naves de estas organizaciones humanitarias a volver a tierra tras solo un rescate sin poder seguir su actividad durante el camino y llegando a puertos lejanos, lo que los aleja de los puntos calientes de naufragios y les genera enormes gastos de combustible.
Pero, quizás, la medida “estrella” de Meloni es la apertura en Albania en octubre de 2024 de los centros de deportación en terceros países fuera de la UE. La inversión millonaria de Italia en este proyecto pareció inútil durante mucho tiempo, debido a que la justicia paralizó su uso en diversas sedes. Desde hace meses el Gobierno los ha usado como centros de detención administrativa donde se encuentran recluidos migrantes sin permiso de residencia regular o con una orden de expulsión pendiente. Pero ante el giro en Europa en materia migratoria, Meloni insiste en que terminarán siendo centros de expulsión a los que los migrantes son enviados directamente tras los rescates sin pisar territorio italiano, tal y como habían sido pensados inicialmente. La gran victoria de Meloni es, dice Rinaldi, tener una UE más alineada que nunca con su perspectiva anti inmigración.

La respuesta de Ursula von der Leyen a la carta enviada este sábado, acogiendo favorablemente la petición de la italiana de una reunión urgente es la prueba de que la líder italiana consigue posicionarse en esta materia. Cabe recordar, eso sí, que ante retos similares: Italia afronta llegadas históricamente en Lampedusa y España, entre otros, en la isla del Hierro, ambos países comparten la firma de acuerdos con los países fronterizos del norte de África para controlar los flujos migratorios. Esta herramienta, usada cada vez más por parte de los países europeos, se remonta en Italia al 2017 y, precisamente, a un gobierno del opuesto color político que el de Meloni: el de Paolo Gentoloni, del centro izquierda. Desde aquel momento los acuerdos con Libia, Túnez o Egipto han estado en el centro de numerosas críticas por parte de las organizaciones que se ocupan de los derechos humanos.
¿Qué rol tiene todo este debate a nivel político en Italia?
Para Giorgia Meloni criticar ahora el modelo Sánchez es más importante que nunca. En 2027, previsiblemente en primavera, Italia votará en unas generales donde el discurso migratorio será central. Especialmente tras la irrupción del general Vannacci y de su partido, más a la derecha del de Meloni o Salvini, que está monopolizando el debate con sus propuestas abiertamente xenófobas. Meloni ha conseguido alinear su modelo a la UE, que acaba de aprobar unas nuevas normas migratorias más estrictas en junio de este año, pero en un ambiente como este necesita demostrar que mantiene mano de hierro. Como explica la periodista Roberta Cavaglià, autora del libro ‘La Spagna è diversa’, el debate migratorio en Italia está dominado por la derecha y no existe una “narración convincente y autónoma por parte de la izquierda”.

Es habitual, explica Cavaglià, que por esa razón en Italia se vea la estrategia de Sánchez con la percepción de que existe una alternativa en la gestión de la migración. Su popularidad es enorme y la derecha lo sabe cuando personaliza esta lucha en la figura de Sánchez. Aunque la periodista italiana señala que la gestión de España en cuanto a la inmigración irregular sigue una línea europea, especialmente en la ruta Canaria con rescates tardíos y acuerdos con países para financiar centros de detención de migrantes como sucede con Mauritania. Una línea, en diversos aspectos, que comparte con Italia.
Los datos no son muy diferentes en España donde también se ha producido una disminución de las llegadas. Hasta mediados de este mes de julio, según datos del Ministerio de Interior, habían llegado a España de manera irregular 14.500 migrantes, por vía marítima, la mayoritaria, 11.488. La disminución es menor que la italiana, del 24,7% menos respecto al año precedente, pero la tendencia era esa. Con una excepción: ya se advertía un aumento del 149% por vía terrestre en Ceuta. A partir de ahí se desencadenó la crisis que ha llenado la prensa nacional e internacional durante las últimas horas y que ha servido a Meloni alimentar la reivindicación de un modelo diferente.
La batalla de los dos modelos ha sido escenificada entre ambos líderes ya en otras ocasiones en Europa cuando se discute sobre las recetas para afrontar el fenómeno migratorio. Meloni insiste en sus centros fuera de la UE y Sánchez en su fórmula para regularizar y estimular la economía nacional, ahora considerada “la causa de todos los males” por parte de toda la derecha Europa, como señala la periodista italiana Federica Olivo de el Huffington Post. Como explica Cavaglià, con episodios tan “eclatantes” como el ocurrido estos días en Ceuta el debate sobre el fenómeno vuelve a ponerse de lleno en el debate político. Meloni ve así, en Ceuta, la oportunidad de mandar un mensaje a su electorado y asegurar posiciones en Europa.

