Miguel Barreno López, de 39 años, está ilusionado porque este fin de semana viajará en San Sebastián e incluso visitará el mar, algo que no hacía desde hace más de una década. Esto ha sido un vuelco de 180 grados a cómo estaba viviendo hasta hace una semana, bajo la custodia del ICE en Estados Unidos. “Cuando llegué al aeropuerto estaba como bloqueado, no me creía que estaba ya acá”, explica Barreno a Artículo14.
Tras seis meses encerrado en dos centros de detención de ICE, Miguel aterrizó en el Aeropuerto de Barajas en Madrid el 2 de mayo a las 12:00 horas. Llegó a España con la ropa que llevaba el día de su arresto en Chicago -en octubre pasado-, unos pantalones, unas zapatillas y una sudadera, sin maletas. Barreno no lleva ni pasaporte ni un DNI vigentes, el único documento que tiene es el salvoconducto que el Consulado Español le ha dado para poder salir de Estados Unidos y entrar al país en el que creció, pero que legalmente lo había dejado en el olvido.

Sin matrimonio oficial, España no reconoce
Según Miguel y su pareja Leticia Centeno, originaria de Nicaragua, ella se comunicó con el Consulado de España en Chicago para intentar que atendieran su caso. Pero de acuerdo con lo que Centeno denunció, el consulado le explicó que no podían hacer nada por él. Además, alegaron que no era responsabilidad de ella el llamar, ya que no estaban casados legalmente.
Este periódico se comunicó con la Subdirección General de la Oficina de Información Diplomática de España, del Ministerio de Asuntos Exteriores para tener su versión de estos hechos. “Los españoles en el extranjero, a aquellos españoles que se encuentran en centros de detención de inmigrantes se les presta toda la asistencia consular posible y que permiten las autoridades locales, se les visita siempre que es posible, se mantiene contacto con sus familiares y se les documenta en todos aquellos casos es que así se requiere para ser devueltos a España”, justifican, sin entrar en este caso particular.

Una relación de diez años
La vida en pareja de Barreno y Centeno comenzó en Madrid, en donde se conocieron hace más de 10 años y donde vivieron por un tiempo. Pero, después de que Centeno tuviera que regresar a Nicaragua por problemas médicos, ambos decidieron reunirse en Estados Unidos. Así fue como en noviembre de 2017, Miguel decidió tomar un vuelo a Chicago y entrar como turista.
Durante sus años en Chicago, la pareja tenía una “vida normal”, alquilaban un piso, tenían su propio coche y Barreno se despertaba temprano todos los días para ir a su trabajo en una distribuidora de alimentos indios. Siempre una vida tranquila y sin problemas con la ley, hasta el pasado 28 de octubre.

Una situación de película
A pesar de las tensiones que ICE ha provocado en Estados Unidos, el arresto de Barreno no fue tan violento como lo que se puede ver en redes sociales. El día de su detención, Miguel iba conducía al trabajo con el novio de Cindy, la hija de Centeno y con más personas, todos nicaragüenses. “Cuando escucharon el país de donde eran, los bajaron, los esposaron. Yo aún estaba en el coche cuando me dijeron que tenía que identificarme. El agente vio mi nombre y me preguntó si era ciudadano. No mentí, dije que no”, narra Barreno.

Fue en ese momento que Barreno fue esposado y lo metieron al vehículo de los agentes del ICE. “Ahí fue cuando empezó mi calvario. Una vez que te esposan ya no puedes salir”, comenta. Al momento del arresto, los agentes los despojaron de todas sus cosas y se quedaron con su móvil. No obstante, Barreno cuenta que los miembros del ICE no vieron su smartwatch, y fue ahí que aprovechó para escribirle a Leticia y avisarle que lo habían detenido. También le pidió que fuera por su coche, pues los agentes dejaron abandonado el vehículo cuando se llevaron a todos.
Una celda con 70 personas
Barreno llegó a un centro de detención en Chicago, en donde lo metieron en una celda con muchas más personas. “Eso parecía una lata de sardinas, éramos 70 personas en una celda en donde había muy poco aire. Una persona pidió un ventilador y menos mal que lo trajeron. Yo dije: como sea todo el proceso así, yo no sé si voy a aguantar”, recuerda.

Barreno nunca supo cuál era el supuesto delito de por qué lo habían detenido, algo que por ley tendrían que haberle informado al momento de su arresto. Él tiene un informe de cuatro hojas en el que no cuenta con ningún cargo en su contra, solo la salida voluntaria. “En su momento, me dijo el juez que, dentro de dos semanas, máximo, tanto ICE y el consulado tenían que ponerse en contacto”, comenta Barreno.
Era en ese momento clave, en noviembre de 2025, en el que el consulado debió haber contactado con Miguel, algo que, según él, no hicieron. “Leticia me ha dicho que el Consulado le dijo que se habían puesto en contacto conmigo en noviembre. Pero es imposible, porque si eso hubiera pasado, yo hubiese salido antes de final de año”, reclama. Miguel también se muestra indignado por el hecho de que el Consulado no hubiera compartido información alguna con nadie de sus allegados: ni con su propia hermana, ni con Leticia.

Cuando el cónsul en Chicago finalmente se puso en contacto directo con Miguel, le explicó que no podía dar su información por cuestión de “privacidad”. “Le pregunté que si ellos sabían que llevaba ahí seis meses, pero me han dicho que ese ha sido su procedimiento”, exclama indignado.
Previamente, este periódico había logrado contactar son Subdirección del Ministerio de Exteriores. “A los españoles en el extranjero, a aquellos españoles que se encuentran en centros de detención de inmigrantes, se les presta toda la asistencia consular posible y que permiten las autoridades locales, se les visita siempre que es posible, se mantiene contacto con sus familiares y se les documenta en todos aquellos casos en que así se requiere para ser devueltos a España”, contestaron en abril pasado.

Miguel Barreno: “No puedo regresar en 10 años”
A pesar de que Miguel había firmado un documento con su salida voluntaria, Barreno fue deportado y al momento de su salida de Estados Unidos le dieron a conocer que no podría volver al país en una larga temporada. “Me entregaron la hoja cuando ya iba abordar el avión. No puedo regresar en 10 años”, asevera.
Barreno tiene sentimientos encontrados ya que está feliz por estar de vuelta en España y fuera del centro de detención. No obstante, se siente frustrado con toda la situación. “No debí haber pasado seis meses encerrado en prisión. No tenía abogado ni nada, tenía que ser un proceso sencillo y rápido, lo han hecho como les ha dado la gana. Se podía haber hecho más, pero no fue así”, reprocha. Por su parte, ha analizado buscar un abogado para obtener algún tipo de indemnización.

Pero por lo pronto, Barreno tiene que rehacer su vida en España. “Lo primero es que tengo que sacar un nuevo DNI y un pasaporte también. Una vez con eso, ya tengo posibilidades de abrir una cuenta de banco y buscar un trabajo”, agrega.
Y en cuanto a su vida con Leticia, Miguel no sabe qué pasará ya que ella intentará ahorrar para poder irse a Nicaragua e intentar reencontrarse en España. Sin embargo, no es tan fácil como suena ya que ella tiene dos trabajos y está doblemente expuesta a que el ICE la detenga también. “A mí no me gustaría que pasara por el mismo proceso”, dice angustiado.
