Cumbre de la OTAN

Sánchez, solo en Ankara con el antitrumpismo como salvavidas

El presidente del Gobierno está cercado por los frentes judiciales en España, pero un choque con el imprevisible mandatario estadounidense podría convertirse en su mejor baza

Turquía
Pedro Sanchez es recibido por la ministra Mahinur Ozdemir Goktas
Efe

Pedro Sánchez llegó solo a la cumbre de la OTAN. Al bajar del avión, mientras le entregaban un ramo de flores, el presidente preguntó por el otro ramo que sostenía el personal de protocolo, el que estaba destinado a su mujer. Ni siquiera la organización de la Alianza había contado con la ausencia de Begoña Gómez, a quien el juez que sustituye a Juan Carlos Peinado impidió acompañarle tras retirarle el pasaporte como medida cautelar.

En Moncloa, sin embargo, afrontan la cita con tranquilidad. Fuentes del entorno del presidente confirman a este periódico que Sánchez “va tranquilo” y que no temen ningún choque con el mandatario estadounidense. Bajo el brazo, Sánchez lleva preparado un abanico de datos con el que intentar hacer frente a cualquier otro relato. Pero incluso si hubiera un choque, no sería un mal escenario. Es la vieja jugada del líder Sánchez, que desde hace tiempo le ha traído demasiados réditos al ser de los pocos líderes capaces de plantar cara al unilateralismo de Trump.  

Sánchez
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada a Ankara
Efe

El antitrumpismo como arma electoral

El antitrumpismo ha favorecido enormemente a Sánchez, cuyo prestigio internacional ha ido en aumento a base de posicionamientos que han calado en el electorado progresista, desde la condena a la guerra en Gaza hasta la defensa del multilateralismo o la crítica frontal a las amenazas del magnate. Cada envite de Trump refuerza esa imagen, y de ahí que un choque en Ankara sea, para el Ejecutivo, un escenario más deseable que temible.

Munición para ese pulso no le falta, y el gran caballo de batalla es el gasto en Defensa. Trump reprocha a España, en solitario, su negativa a elevar la inversión militar hasta el 5% del PIB, un compromiso que el resto de aliados asumió el año pasado en La Haya. Pero Moncloa ha viajado con los deberes hechos, o al menos con un argumentario blindado a base de cifras de la propia Alianza, con las que presume de haber alcanzado ya el 2% del PIB, de situarse séptima entre 32 socios en cumplimiento de objetivos de capacidades y de que las proyecciones técnicas de la OTAN confirman que a España le bastará con el 2,1% para satisfacer sus compromisos. Cualquier otra lectura, sostienen desde el Gobierno, no pasaría de ser un relato interesado del presidente estadounidense o de su fiel escudero, Mark Rutte.

Turquía
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras aterrizar en Ankara
Efe

Los reproches de Trump

La gran incógnita de la cumbre es hasta dónde han van a llegar los reproches de Trump a sus socios, y conviene recordar que quien se ha llevado la peor parte no ha sido Sánchez, sino Giorgia Meloni. La primera ministra italiana ha pasado de aliada ideológica y aspirante a puente entre Washington y Bruselas a recibir los dardos más hirientes del magnate, que en las horas previas a la cita volvió a burlarse de ella en su red social con un mensaje que rozaba lo personal. Ni siquiera la afinidad ideológica protege ya del vendaval trumpista, una lección que empieza a calar en toda la derecha europea.

Si hasta hace poco oponerse al presidente estadounidense era casi un rasgo distintivo del progresismo y la socialdemocracia, ahora sus detractores se multiplican incluso entre quienes fueron considerados sus grandes aliados, porque la deriva del magnate ha empezado a incomodar también a la derecha.

Donald Trump, a la izquierda, y Pedro Sánchez, a la derecha, en la cumbre de 2025
EFE

El giro de Vox

El ejemplo más llamativo lo ha dado el propio Santiago Abascal. El líder de Vox, uno de los mayores admiradores de Trump, lo desautorizó por primera vez en público este mismo martes, cuando en una entrevista en ‘La Mirada Crítica’, en Telecinco, aseguró que “no se debe tratar a los aliados como vasallos”, alineándose así con Meloni.

Abascal quiere aprender de Meloni. La dirigente italiana se ha convertido en la única líder de la ultraderecha que conserva cierta popularidad más allá de sus fronteras, y su pulso con Trump la ha reforzado como referente incluso para quienes, como Abascal, habían hecho del trumpismo una seña de identidad. Que hasta él marque distancias con Washington confirma hasta qué punto se ha vuelto rentable, a un lado y otro del arco, poner tierra de por medio con el magnate.