Este martes se han celebrado primarias en distintos estados y ciudades de Estados Unidos. Más allá de los candidatos que lo han logrado, esta jornada electoral se ha convertido en un termómetro del intenso debate dentro del Partido Demócrata, que parece desnortado desde su derrota frente a Donald Trump en las presidenciales de 2024.
A poco más de tres meses de las decisivas elecciones legislativas de medio mandato, los demócratas continúan en busca de una estrategia capaz de recuperar el terreno perdido. Pero, qué rumbo debe tomar el partido del burro: ¿virar hacia la izquierda o mantener un perfil más centrista para conquistar a los votantes moderados?
Michigan, campo de batalla
Michigan se ha convertido en el estado que mejor escenifica esa pugna. Allí, el médico y ex responsable de salud pública Abdul El Sayed, que representa al ala más progresista del partido, ganó por una estrecha ventaja a la congresista Haley Stevens, una de las figuras demócratas más moderadas. Ambos lucharon voto a voto para ser el próximo candidato al Senado por Michigan en noviembre en unas primarias que se han convertido en las más caras de la historia de una candidatura demócrata. Tras un recuento de votos agónico, este empate técnico ha dejado en evidencia la división interna de una formación que necesita cerrar filas cuanto antes.

Finalmente, por apenas 15.000 votos, la victoria ha sido para el médico musulmán. El Sayed había sido respaldado por el senador Bernie Sanders y por la congresista Alexandria Ocasio-Cortez. Su campaña giró en torno a la sanidad universal y las críticas a la Administración Trump por su postura respecto a Israel. Por su parte, Stevens centró su campaña en el pragmatismo y en el votante de centro. Así, será El Sayed quien se las verá con el republicano Mike Rogers en noviembre. “Si quiere un senador que se plante frente a Donald Trump, aquí tiene la opción que busca”, recalcó El Sayed tras confirmarse su victoria este miércoles.
Este debate entre socialismo y centro también ha estado presente en otras carreras. Por ejemplo, en el séptimo distrito de Michigan, William Lawrence, cofundador de movimiento climático Sunrise Movement, ha derrotado a los dos candidatos moderados y será el aspirante demócrata frente al republicano Tom Barrett en uno de los distritos clave de Estados Unidos. Lawrence también ha estado respaldado por Bernie Sanders y ha centrado su campaña en subir los impuestos a los ricos, fomentar el sistema sanitario universal y poner fin a la venta de armas a Israel.

En el sector progresista del partido se ha celebrado su victoria en este distrito (donde en 2024 ganó Trump). Pero dentro del establishment, son muchos los demócratas que temen que un perfil demasiado escorado a la izquierda complique las opciones de recuperar un escaño considerado clave para la batalla por el control de la Cámara de Representantes.
Este ascenso de candidatos vinculados o cercanos a los DEmocratic Socialists of America (DSA), la considerada mayor organización socialista del país, ha intensificado el debate sobre el futuro del Partido Demócrata. Ellos mismos ahondan en si deben ser firmes a la ideología o adaptarse al votante moderado. Por ejemplo, en la carrera a la alcaldía de Nueva York, la estrategia socialista y esperanzadora de Zohran Mamdani (quien venció a pesos pesados del Partido Demócrata) logró lo impensable en una de las ciudades más importantes del mundo. Nueva York ya tiene su primer alcalde socialista, que fue respaldado por Sanders y AOC.
Un debate nacional, no sólo local, del Partido Demócrata
Este dilema está en todo el aparato demócrata, también entre los primeros espadas. Sanders continúa siendo el principal referente del ala progresistas y en estas primarias se ha posicionado detrás de los candidatos más izquierdistas. Por su parte, Ocasio-Cortez, una de las voces más influyentes del ala de la izqueirda demócrata, también se alinea con este sector, aunque dentro del movimiento socialista hay discrepancias sobre algunas de sus posiciones y su acercamiento a sectores más moderados del partido.

Uno de los mayores miedos del aparato tradicional es a que se tome la parte por el todo y que los republicanos aprovechen el avance de los socialistas para presentar a todo el Partido Demócrata como una fuerza radical. Este riesgo existe para el ala centrista, que está convencido de que las elecciones de noviembre se decidirán en los conocidos como “estados bisagra” y entre los votantes independientes. Así, al partido le queda poco tiempo para resolver este debate abierto. Entusiasmar a las bases o convencer y ampliar el electorado, he ahí la cuestión.

