Han pasado cinco años desde que los talibanes regresaron al poder en Afganistán para dominar el país con puño de hierro y un galopante retroceso a los derechos de las mujeres y las niñas. Un lustro después de la toma de Kabul, Tamana Zaryab Paryani continúa una lucha que comenzó en las calles de la capital afgana y hoy libra desde el exilio en Europa. Esta joven activista, encarcelada y torturada por el régimen talibán, denuncia en una entrevista con Artículo14 el abandono de la comunidad internacional con las mujeres afganas y toda la población que vive bajo el yugo de los fundamentalistas. “Afganistán es como una gran prisión”, reconoce por videoconferencia.
Rememorando aquel fatídico 15 de agosto de 2021, Tamana Zaryab Paryani rechaza el concepto de que los talibanes “se apoderarán de Afganistán. No hubo ninguna lucha, no hubo resistencia”. Ella estaba en Kabul cuando los fundamentalistas entraron en la capital. Recuerda que la noche anterior, el presidente Afganistán Ashraf Ghani, había insistido en un vídeo en que los talibanes no tomarían el país. Al día siguiente, vio a combatientes talibanes en la ciudad, en vehículos militares y ondeando su “bandera terrorista. Entraron sin resistencia militar”, insiste.

Cinco años después, “la comunidad internacional se ha olvidado del pueblo afgano”. Incluso en aquel entonces fueron demasiado laxos “y no se opusieron al grupo terrorista”, pues hace hincapié en que no es un Gobierno, es un grupo armado que atacaba colegios, hospitales… “Esa pasividad internacional es muy peligrosa. ¿Qué mensaje se lanza a otros terroristas de otros países?”
De hecho, ahí siguen. De 2021 a 2026 han pasado “cinco años. Parece un número, pero ya es toda una vida”, acusa Tamana Zaryab Paryani. En este tiempo, las mujeres y las niñas afganas han sido expulsadas de las escuelas, de las universidades, de los lugares de trabajo y de la vida pública. “Las mujeres han sido completamente borradas de la sociedad. Además, se ven forzadas a casarse, no pueden rechazar bodas con miembros del talibán, incluso las niñas. Cada vez son más pobres y no tienen con qué alimentar a sus hijos. Hasta optan por vender a sus hijas en matrimonio para que el resto puedo sobrevivir”. Las consecuencias para esta generación son tan profundas, “que incluso si cayera el talibán… no ves ninguna luz”.
“El daño va más allá de una mitad de la población sin educación. Años de terror, pobreza y exclusión han generado un gran trauma para las familias, para las mujeres”. También los jóvenes “están desesperados. No hay futuro. No hay nada”.

“En este momento Afganistán es como una gran prisión. Y toda la población no son más que prisioneros”, sentencia Tamana Zaryab Paryani.
Ella sabe en primera persona cómo son las cárceles de los talibanes. Antes de salir de su país, participó durante un año en manifestaciones clandestinas contra el régimen. Siempre acudía con máscara y gorra, para no ser reconocida. Después, daba entrevistas y se grababa vídeos desde su casa, pero simulaba que estaba ya fuera de Afganistán para proteger su identidad. Hasta que una noche los talibanes vinieron a por ella. Estaba sola junto a sus hermanas, y se las llevaron a todas.
“Atacaron mi casa y me llevaron a la cárcel junto a mis tres hermanas”, recordó Tamana. Durante semanas, su familia no supo si estaban vivas ni su ubicación. No constaban como detenidas. Fueron torturadas física y psicológicamente, mientras los talibanes negaban que las tuvieran apresadas. Sus torturadores le preguntaban por qué se había quedado en Afganistán. “Claro que tenía miedo. Nadie quiere morir en la calle y que sus padres encuentren su cadáver tirado. Pero si tu vida es igual a una prisión, en tu propia casa, en tu país, entonces hay que luchar por ello”.

Es más, Tamana Zaryab Paryani admite que ser una refugiada no le gusta a nadie. Es una experiencia como infantilizante. “Yo estaba en mi veintena, ya había acabado la universidad, quería seguir estudiando, trabajar en el campo de los derechos humanos. Sin embargo, tuve que irme a otro país, aprender un nuevo idioma, expresarme con escaso vocabulario… No necesitaba irme a otro país y empezar de cero”.
Pero el mes en prisión lo cambió todo. “Los talibanes me torturaban y me decían que nunca más vería la luz”. Ella cree que, gracias a un vídeo en redes sociales que se difundió viralmente, pudo evitar su ejecución. Tras su sorprendente liberación, pasó siete meses escondida en Kabul. Intentaba ponerse en contacto con mujeres para continuar con la lucha, pero vio cómo el terror se apoderaba de la mayoría de las activistas. “Entonces sentí que estaba completamente sola”.
Así, junto a su familia emprendieron una huida ilegal hacia el exilio. Primero entraron en Pakistán, ataviadas como pashtunes, pues habían firmado al salir de prisión que nunca saldrían de Afganistán y los talibán les retiraron el pasaporte. Desde allí, gracias a otras activistas, Alemania les hizo el documento para que pudieran viajar legalmente hasta Europa, donde reside desde entonces. Aquí, no ha parado de luchar por las que se quedaron en Afganistán bajo el régimen.

Tamana Zaryab Paryani, junto a otras afganas, impulsa la campaña “Stop Gender Apartheid”, que este mes de agosto ha cumplido su tercer aniversario. Aunque este 2026, la frustración se ha apoderado de ella. Lamenta que, pese a años de protestas, huelgas de hambre, conferencias ante organismos internacionales, la situación no ha mejorado en Afganistán, al contrario. Le duele especialmente el acercamiento diplomático de algunos países hacia representantes talibanes, que se escenificó en Bruselas recientemente, con la concesión de visados incluida. “Me entristece mucho que no hayamos conseguido cambiar nada”, reconoce a Artículo14. “Todo es horrible y empeora día a día”, lamenta.
Ante la nueva sintonía con el talibán, Tamana Zaryab Paryani denuncia que ninguna afgana exiliada puede sentirse completamente segura, ni siquiera en suelo europeo. “Ahora tenemos todo en contra”, reconoce. Con todo, la seguridad no puede suponer una mordaza. “Si te quedas callado o a salvo y no haces nada, un día morirás, cuando seas mayor, en tu sillón o en tu cómoda cama. Pero es mejor luchar por algo mejor para toda la humanidad, no solo para uno mismo”, concluye, y avanza, que seguirá en su batalla contra el talibán.

