Persiste la angustia una semana después de los terremotos de 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela. Los rescaten también siguen, un despliegue de 3.000 rescatistas internacionales ha trabajado durante los últimos seis días para localizar a personas atrapadas bajo los escombros, esto, según confirmó a EFE el equipo de las Naciones Unidas para la Evaluación y Coordinación de Desastres (UNDAC). Durante las operaciones se han encontrado a 12 personas que quedaron atrapadas bajo los escombros.
Ante la preocupación, dos venezolanas, Mariana y Francis, relatan a Artículo14 cómo vivieron el momento del sismo y sus horas posteriores. Mariana se encontraba entrando a un centro comercial en el este de Caracas cuando comenzó el temblor. Acababa de aparcar y subía por las escaleras mecánicas cuando el suelo empezó a moverse. “Empezó todo el mundo a gritar, decían que estaba temblando”, relató. La confusión inicial dio paso al pánico cuando las alertas sísmicas llegaron a los teléfonos de los presentes, con una magnitud estimada de entre 7,3 y 7,5 grados.
La evacuación fue inmediata. “Cuando ves, ya todas las personas del centro comercial estaban fuera”, contó Mariana. Las comunicaciones colapsaron poco después: las líneas de varias operadoras quedaron caídas y buena parte de la población tardó horas en poder contactar con sus familiares.

Lo primero que pasó por su mente fue intentar llamar a su padre, quien estaba a punto de embarcar en un vuelo desde Caracas hacia Puerto Ordaz. El avión se encontraba en pista cuando llegó el primer estremecimiento, y posteriormente los pasajeros fueron desalojados de inmediato hacia el interior del aeropuerto de Maiquetía. Mariana pudo reconstruir el relato de su padre casi tres horas después, cuando este logró acceder a un teléfono. Según le describió, la escena dentro de la terminal era desoladora: “lo que veían era una nube de polvo blanca que prácticamente no podían ver hacia adelante”, con “techos caídos en el aeropuerto, comida tirada en el piso” y personas que habían tenido que abandonar sus mesas a la carrera. También recordaba “vigas caídas, paredes desprendidas, no sabían qué era lo que había pasado realmente”.
A los pasajeros no se les permitió recuperar sus maletas ni equipaje de mano antes del desalojo. El padre de Mariana tuvo que esperar en la calle junto a decenas de personas más a que algún taxi pudiera acercarse, en medio de una red de telefonía prácticamente inoperativa. No llegó a Caracas hasta cerca de la medianoche, sin haber tenido, según Mariana, información clara de la magnitud de lo ocurrido en La Guaira hasta el día siguiente, cuando ya circulaban las primeras imágenes en los noticieros.
Catorce muertos en un edificio
Por su parte, Francis tenía previsto bajar ese mismo día a La Guaira, donde su familia tenía un apartamento. El terremoto llegó antes de que pudiera partir. “Ese día, casualmente, nosotros íbamos a bajar a La Guaira porque teníamos un apartamento allá, el cual lo perdimos completamente, eso desapareció”, explicó. Su edificio fue uno de los más afectados de la zona: “En nuestro edificio hubo 14 muertos“, afirmó.
Ella vivió el sismo desde su cama, en un primer momento sin ser consciente de su intensidad real. “Yo lo sentí suave de repente y, de repente, mi casa se movió de un lado para el otro, horrible”, describió. El susto fue mayúsculo pese a que su vivienda no sufrió daños estructurales. “Fue una sensación tenebrosa, en mi vida lo había pasado”, añadió.
Los minutos siguientes trajeron la peor parte de la noticia. Cuando todo pasa es que “empiezan las malas noticias”, no solo por su edificio, sino también por las vidas que se perdieron y los hogares, es “simplemente historia”.
Días después del terremoto, Francis asegura que la experiencia le ha dejado una reflexión que no logra sacudirse: “Tenemos que apreciar cada día más los minutos, ser más agradecidos, ser más empáticos, vivir el hoy”. También reconoció que las imágenes de las víctimas más jóvenes le siguen pesando: “Yo tengo tres noches, literal, que no dejo de pensar en los niñitos que murieron ahí”.

