El presidente Donald Trump afirmó este lunes que las hostilidades entre Estados Unidos e Irán podrían prolongarse “dos, o tal vez tres semanas más”, pese a la existencia formal de un alto el fuego vigente desde principios de abril. En una entrevista radiofónica, evitó confirmar si ese cese de hostilidades sigue plenamente operativo y defendió que, desde el punto de vista militar, Washington ya ha alcanzado sus objetivos. Sus declaraciones llegan en un momento de mucha tensión en el Golfo Pérsico, con incidentes navales, ataques con misiles contra Emiratos Árabes y un mercado energético aún inestable.
Más allá de los hechos militares recientes, lo que ha marcado la evolución del conflicto es la cambiante narrativa en la Casa Blanca. Desde el inicio de la guerra a finales de febrero, Trump ha ofrecido plazos dispares sobre su duración. En los primeros días, estimó que las operaciones durarían “cuatro o cinco semanas”. Sin embargo, el calendario pronto empezó a modificarse. A mediados de marzo y en distintas comparecencias, el presidente insistía en que el final estaba cerca, situándolo a veces en “cuestión de semanas”.

“Muy cerca de terminar”
El 1 de abril, Trump aseguró por la mañana que la guerra terminaría en “tres días”. Horas después, en un discurso televisado, prometía intensificar los ataques durante “dos o tres semanas”. Y el patrón de mensajes divergentes se han seguido repitiendo en las semanas siguientes.
A mediados de abril, cuando ya se acumulaban semanas de combates, el presidente volvió a sugerir que el conflicto estaba “muy cerca de terminar”. No obstante, el alto el fuego anunciado el 8 de abril no significó el fin de la tensión, aunque el 21 de abril se decidió prolongarlo indefinidamente.
Otro caso muy llamativo, fueron las declaraciones del 6 de abril en las que afirmaba que “el país entero podría ser eliminado en una sola noche, y esa noche podría ser mañana por la noche”; para horas más tarde, el 7 de abril afirmar vía Truth Social: “acepto suspender los bombardeos y ataques contra Irán durante un período de dos semanas.”
Mientras tanto, la retórica en redes sociales y comparecencias públicas continuó alternando entre la presión militar y la apertura a un acuerdo.

Otro eje de contradicción ha sido el papel estratégico del Estrecho de Ormuz. En marzo, Trump llegó a exigir a Irán que reabriera completamente la vía marítima bajo amenaza de ataques. Días después, minimizaba su importancia para Estados Unidos, argumentando que el país no depende de ese paso para su suministro energético. Sin embargo, a comienzos de abril, Washington adoptó una postura más agresiva, imponiendo un bloqueo naval y, posteriormente, organizando convoyes para garantizar el tránsito de buques.
Irán: “Nosotros ni siquiera hemos empezado “
Las inconsistencias también se extienden a los objetivos políticos de la guerra. En un primer momento, la administración habló de neutralizar amenazas del régimen iraní, lo que sugería un posible cambio de régimen. Semanas después, Trump negó que ese fuera el propósito.
Expertos en política exterior apuntan a que una de las razones de estos cambios podría ser una subestimación inicial de la capacidad de Irán para afectar la economía global, especialmente a través del control del tráfico en el Golfo. La interrupción parcial del comercio en la zona ha mantenido los precios del petróleo en niveles elevados, aunque lejos de los escenarios más extremos previstos al inicio del conflicto.
En este contexto, las perspectivas de una resolución rápida parecen cada vez más lejanas. Mientras Trump insiste en que Estados Unidos “ganará de una forma u otra”, desde Teherán se advierte que la confrontación aún no ha alcanzado su punto álgido, según afirman: “nosotros ni siquiera hemos empezado todavía”.
