Opinión

Bofetón a Sánchez y aviso a Moreno

CÓRDOBA, 17/05/2026.- Un ciudadano escoge una papeleta en un colegio electoral en Córdoba, este domingo. La participación en Andalucía es del 15,09 % a las 11.30 horas, casi igual que en 2022. EFE/Salas
CÓRDOBA, 17/05/2026.- Un ciudadano escoge una papeleta en un colegio electoral en Córdoba, este domingo. La participación en Andalucía es del 15,09 % a las 11.30 horas, casi igual que en 2022. EFE/Salas
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Hay resultados electorales que no necesitan de un análisis demasiado profundo. Con mirarlos de reojo basta. Se explican solos, con la aridez implacable de los números. Concluido este ciclo de cuatro elecciones consecutivas la principal conclusión es que no hay mayorías absolutas pero si absolutas mayorías para la derecha. La última plaza en liza deja a una derecha que de nuevo gobernará en Andalucía dejando una sequía para la izquierda que se alargará como poco hasta los doce años.

El vuelco es sociológico antes que político. Y es profundísimo. No es que la derecha haya ganado unas elecciones; es que ha ganado otra vez en un territorio donde durante casi cuarenta años votar izquierdas formaba parte del paisaje tanto como el “pescaíto” frito, el flamenco o la Feria de Abril. Naturalmente, esto no se cambia con una campaña. Eso solamente cambia cuando la realidad y el relato que te han vendido empiezan a no coincidir, y cuando la nueva propuesta política se acopla como ninguna otra a los intereses de los ciudadanos. Pero el cambio no es solo territorial.

SEVILLA. 17/05/2026.- El candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía por el PP, Juanma Moreno, en las puertas de la sede de su partido en Sevilla, donde ha celebrado los resultados electorales andaluces de este domingo. EFE/ Raúl Caro.
Juanma Moreno, en las puertas de la sede de su partido en Sevilla, donde ha celebrado los resultados electorales andaluces de este domingo
Efe

De hecho, si hubiera hoy elecciones autonómicas en el resto de España, la única pregunta que cabría formularse es si el PP gobernaría en solitario o con consejeros de Vox. Naturalmente, excluyo al País Vasco y Cataluña, que viajan en otro tren más rápido y en primera clase con billete pagado desde la Moncloa por estos territorios que se van quedando atrás.

El PP sin mayoría y la sorpresa de Adelante

Estas elecciones dejan lecturas distintas. El hecho que que haya habido una participación siete puntos superior a de 2022 probablemente haya alterado los sondeos previos y también las expectativas de los partidos políticos. La primera distorsión ha sido la mayoría absoluta del PP que se ha ido esfumando a medida que avanzaba el escrutinio provocando el efecto de amarga victoria que todos conocemos bien. Han sonado los clarines de aviso para el centrismo regionalista a modo de advertencia. Moreno tendrá que entenderse con VOX asumiendo parte de sus políticas y, probablemente acoplándolos en su gobierno. Y la segunda, la irrupción de Adelante Andalucía que ha sabido conformar una candidatura de impugnación que ha conectado con una parte de la izquierda que no se ha quedado en casa.

JEREZ DE LA FRONTERA (CÁDIZ), 17/05/2026.- El candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García (c), acompañado por su equipo y Teresa Rodríguez (3d) en la asociación sociocultural “La yerbabuena”, celebra los resultados electorales del partido tras los comicios en Andalucía, este domingo en Jerez de la Frontera (Cádiz). EFE/Román Ríos.
El candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García. EFE/Román Ríos.

Montero, el error que nadie olvidará

En cuanto al PSOE, el castigo, el peor de la historia en esta autonomía, ha sido tan severo que sus esperanzas quedan reducidas a esperar que las generales sean distintas. Quedan, por tanto, aferrados a la discutida teoría del efecto magnético de Sánchez sobre el electorado nacional. Una teoría que nadie ha demostrado y que solo subsiste en los mítines. Por cierto, el valeroso líder que presume de dar siempre la cara cuando vienen mal dadas volvió a no aparecer tras un batacazo electoral, y ya van cuatro en solo seis meses.

Su vicepresidenta, María Jesús Montero, llegó a esta campaña presumiendo de ser la mujer más poderosa de la historia de España, pero dispuesta a renunciar a ese poder para sacrificarse por su tierra, que no la ha recibido con el agradecimiento esperado. Y no es que Andalucía no supiera quién era Montero: es que sabía perfectamente quién era. Ahí estaba el problema. Ella representa en carne y hueso el trato diferente que el Gobierno de Sánchez ha dispensado a los nacionalistas: el debilitamiento de la autoridad del Estado, la impugnación de sentencias de los más altos tribunales y el resquebrajamiento del principio de igualdad entre los ciudadanos. Su campaña, agraviando a la Guardia Civil y alimentando excusas para no pedir perdón, fue de mal en peor y será recordada como el ejemplo de lo que jamás se debe hacer en un proceso electoral. Si a esto le sumamos que trató de defender al mismo tiempo los intereses, incompatibles, de Andalucía y los de Sánchez, la implosión estaba asegurada. El próximo martes se aprobarán en Cataluña unos presupuestos que perjudican directamente a Andalucía.

SEVILLA, 17/05/2026.- La candidata del PSOE a la presidencia de la Junta, María Jesús Montero (i), tras valorar los resultados electorales del partido este domingo en Sevilla. EFE/Julio Muñoz
La candidata del PSOE a la presidencia de la Junta, María Jesús Montero (i), tras valorar los resultados electorales del partido este domingo en Sevilla. EFE/Julio Muñoz

Naturalmente, eso nunca lo explicó en ningún mitin, pero se ha notado en las urnas.

Al final, la realidad siempre vota. Y lleva meses votando en contra. Para Sánchez, lo que viene es navegar hacia las próximas generales sin mayoría parlamentaria, con el bloque de gobierno fragmentado, con su principal socio destruido, con una implantación territorial que sangra y con la corrupción como música de fondo constante. Pensar en algún cisne blanco que cambie la ecuación de aquí a las generales es un ejercicio que ya no está al alcance del optimismo: está al alcance de la alucinación.

Sánchez ha convertido la supervivencia en un proyecto de país. Y España empieza a tener claro que no es el suyo.