La mayor condena de la historia a un exministro, el primero en caer con el Gobierno aún en activo, no ha tenido apenas repercusión en el Ejecutivo ni entre sus socios, ni el temblor político que cabría esperar tras los 24 años de prisión impuestos al exnúmero dos de todo. En La Moncloa descartan que el presidente asuma ninguna responsabilidad añadida pese al relato de hechos probados de la sentencia. En el fallo está escrito lo conocido —las mordidas, las mujeres, los enchufes, los sobres— y se reconstruye además la cronología de cómo José Luis Ábalos y Koldo García habrían acabado conformando una “unidad criminal” en el Ministerio de Fomento, después Transportes. Fue en 2017, corrían las primarias de Sánchez, y el futuro ministro conoció al conductor Koldo García, después asesor y “asistente” personal, la voz del ministro de una cartera clave “que rara vez bajaba al terreno del delito”.
La sentencia, que en el PSOE consideran amortizada políticamente, ha provocado que algunos cargos señalen más al PP que al propio Ábalos, en una estrategia de pasar página rápida, como en la comparecencia judicial de Zapatero. No se comenta apenas la condena al exministro, que dan por encapsulada, pero sí la situación de quien consideran el mayor corruptor. La estrategia venía de antes. “Temíamos que fuera a pasar y ha pasado”, resume un alto cargo.
Todo a Aldama
La condena a Ábalos se daba por descontada, pero no la imposición de la pena máxima. En La Moncloa esperaban desde hace días lo que algunos denominaban “salvar al soldado Aldama” por parte del Tribunal Supremo, y existe un consenso en torno a una sentencia “demasiado dura con Ábalos y demasiado blanda con Aldama”, en palabras de un dirigente regional. Ajenos a los hechos probados del fallo, el Ejecutivo asume en público y en privado las posiciones expresadas por la portavoz del PSOE, Montse Mínguez, y el ministro Óscar Puente sobre la situación de Víctor de Aldama, aunque hay voces críticas que no se expresan en público y cuestionan un argumentario centrado en la impunidad de Aldama mientras se desentienden de la condena propia. En palabras de un cargo autonómico, “no es muy edificante que, mientras la gente se estaba muriendo y el Gobierno pedía grandes sacrificios, el ministro y secretario de Organización del PSOE aprovechara para repartirse sobres, comisiones y mujeres”. Y continúa “tampoco parece muy convincente que solo hablemos de Aldama”. Son las menos.
Nuevo cierre de filas
La letra no es “una trama contra el PSOE”, como dijo en su día el PP, pero la sintonía se parece. El repudio a Ábalos se ha producido en diferido. Costó abrirle expediente de expulsión en 2024, con resistencia de algunas voces en federaciones territoriales, y finalmente se le apartó cuando estalló el caso Santos Cerdán. Hoy ya no le reconocen como uno de los suyos: es el apestado, el exdirigente que ha dejado la peor mancha en el partido, asociada al consumo de prostitución y al abuso de mujeres. “El juicio fue desolador. Un espectáculo bochornoso sobre quiénes eran y a qué se dedicaron durante dos años”, señala un alto cargo de un ministerio.
De espaldas a cualquier asunción de responsabilidad, ni el partido ni el Gobierno harán sangre con Ábalos. “La sentencia indignante no es la de Ábalos”, resume un cargo del Ejecutivo. La ofensiva política contra el comisionista empezó cuando estalló la trama. Víctor de Aldama salió de prisión tras 45 días al grito de “Sánchez, voy a por ti”, lanzó acusaciones contra ministros y ministras sin confirmar y, aunque la Fiscalía Anticorrupción descartó implicaciones directas sobre Pedro Sánchez —al sostener que “no era el número 1 de la organización, el jefe era Ábalos”—, Aldama mantuvo en el juicio “Es el número 1”. El propio Sánchez fijó posición al respecto: “Crédito ninguno, todo lo que ha dicho es categóricamente falso”. De ahí que la rebaja de pena se haya convertido en el foco principal de la sentencia.
Se mantiene la estrategia
De cara a la comparecencia parlamentaria de Sanchez este miércoles por corrupción, lo previsible es el “reproche moral” a la conducta de Ábalos y la crítica a “una rebaja por colaboración con la Justicia que no tendría precedentes”, apuntan distintas fuentes. El impacto de la condena máxima a Ábalos, aunque se diera por descontado, profundiza en el desgaste. También el de los socios, incluída ERC. Pero la trinchera en Moncloa estaba ya construida antes. Y la ofensiva de Sánchez prevista para el miércoles sigue en pie.

