Opinión

El Gobierno sigue sin encontrar la tecla

Varios miles de personas que entraron masivamente a la ciudad continúan acampados en las playas de Benítez y Trampolín a la espera de nuevos centros de acogida en Ceuta. EFE/Reduan
Varios miles de personas que entraron masivamente a la ciudad continúan acampados en las playas de Benítez y Trampolín a la espera de nuevos centros de acogida en Ceuta. EFE/Reduan
María Dabán
Actualizado: h

El Gobierno tardó un mes en reaccionar ante la avalancha que inundó las calles de Ceuta y esa parálisis ha resultado fatal. El derecho al descanso proclamado por el presidente del Gobierno ocupa ya un lugar de honor en la lista de los errores cometidos por Pedro Sánchez y los distintos intentos gubernamentales de controlar, no ya Ceuta, sino el relato, han resultado fallidos. Primero se intentó negar la realidad: “La ciudad está recuperando la normalidad”, decía Marlaska dos días después de la entrada masiva de migrantes; después se puso el acento en la falta de avisos que alertaran de la magnitud de lo sucedido, pero la propia desclasificación de documentos impulsada por el Ejecutivo, dejó claro que los hubo, especialmente por parte del CNI, aunque no vinieran en un sobre lacrado.

El Gobierno ha intentado esta semana hundir la imagen de Juan Vivas por no hacerse cargo de los menores no acompañados que entraron en la ciudad. Fue el propio Sánchez el primero en disparar verbalmente contra él con su displicente “eso, a Vivas” pronunciado en los pasillos del Congreso. Después, ministros y tertulianos siguieron ese argumento que la propia realidad se encarga de rebatir porque es el Ejecutivo el que tiene que filiar a esos menores; porque está claro que Ceuta no puede hacerse cargo de un número tan elevado y porque, a fin de cuentas, si pudieron entrar en Ceuta es por el manifiesto descontrol de la frontera del Gobierno de Sánchez.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas

El Ejecutivo ha calculado que la ciudad habrá recuperado más o menos la normalidad a finales de año, pero ese plazo se antoja imposible de cumplir, sobre todo porque cada día solo se llevan a cabo entre 40 y 80 filiaciones, y se calcula que en Ceuta quedan unos 10.000 migrantes irregulares. Sigo sin entender por qué el estado no pone muchos más medios para solucionar la situación, y se me plantean, además, algunas preguntas: una, ¿qué ha hecho el Gobierno para reforzar la frontera y garantizar que la avalancha de julio no se repita? ¿por qué no han presentado ya una reforma legal que intente agilizar plazos para la devolución de quienes entren ilegalmente en España? ¿por qué Sánchez es incapaz de mantener una mínima interlocución con Alberto Núñez Feijóo para sacar adelante esa reforma? (porque sus socios aquí no ayudarán) ¿por qué el presidente del Gobierno no ha llamado desde finales de julio a Juan Vivas?

El Gobierno no ha encontrado la tecla para salir del atolladero: ni sus fallidos relatos, ni la paralización de la Ley de Nietos por parte del Supremo (que el propio Sánchez agita con argumentos falsos), ni el anuncio de que en octubre probablemente se presenten los Presupuestos han logrado opacar las imágenes de Ceuta que seguimos viendo en los periódicos cada día.

El presidente participará esta semana en la Asamblea General de Naciones Unidas. Hablará, a buen seguro de Israel, del cambio climático y de los tecno-oligarcas y mantendrá un encuentro con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, una de las bestias negras de Trump. Ceuta le quedará muy lejos, pero seguirá marcando el devenir de su Gobierno, aunque no lo quiera.