Opinión

El milagro de operar un feto

GRAFCAT3272. BARCELONA, 28/05/2026.- Un equipo de los hospitales Sant Joan de Déu y Clínic, en Barcelona, ha operado a un feto de 700 gramos en el vientre de su madre (en la imagen, con sus padres) para resolver una malformación congénita que le provocaba que las tripas se desarrollaran fuera de su cuerpo, una intervención pionera en Europa. EFE/Paula García
Un equipo de los hospitales Sant Joan de Déu y Clínic, en Barcelona, ha operado a un feto de 700 gramos en el vientre de su madre (en la imagen, con sus padres).
EFE/Paula García
Actualizado: h

Hay noticias que te reconcilian con la medicina. Y luego está lo de Thiago, que directamente obliga a detenerse un momento y pensar en todo lo que puede llegar a hacer un sistema sanitario cuando tiene talento, recursos y tiempo.

Thiago pesaba apenas 700 gramos cuando un equipo de Sant Joan de Déu y el Hospital Clínic de Barcelona decidió operar dentro del vientre de su madre una malformación gravísima: tenía prácticamente todo el intestino fuera del abdomen. La enfermedad se llama gastrosquisis y, normalmente, se interviene después del nacimiento. Pero este caso no podía esperar. Si esperaban, el bebé probablemente hubiera perdido gran parte del intestino y quedaría condenado a una vida de operaciones, alimentación artificial y quizá un trasplante.

Así que hicieron algo que hasta ahora no se había hecho en Europa. Operar unos intestinos de apenas unos milímetros de diámetro. Todo dentro de un cuerpo diminuto que todavía ni siquiera había nacido. Y salió bien.

Seis semanas después nació Thiago. Hoy come con normalidad. Crece. Respira. Llora. Vive. Y seguramente nunca entenderá que hubo un grupo de médicos que peleó contra lo imposible cuando él todavía estaba flotando dentro de una barriga.

Es imposible no sentir admiración. Porque esto no es solo tecnología. No es solo ciencia. Es experiencia acumulada, coordinación quirúrgica, anestesia fetal, neonatología, ética médica y una sanidad pública capaz de reunir durante dos horas y media a algunos de los mejores especialistas del continente para salvar una vida microscópica.

En España surgen cada año un centenar de casos de fetos con gastrosquisis, 2.400 casos en Europa. Ahora Cataluña, y por ello España, ha realizado una operación nunca vista en Europa.

Pero las contradicciones hacen que el mismo día que conocemos esta operación pionera, Metges de Catalunya avise de que decenas de servicios hospitalarios dejarán de hacer horas extra en junio para forzar negociaciones con Salut. Denuncian plantillas insuficientes, falta de planificación y listas de espera que siguen creciendo porque el sistema se sostiene, demasiadas veces, gracias al sobreesfuerzo crónico de los profesionales. No es un problema exclusivamente catalán, ya lo saben.

Y cuesta no pensar en esa imagen incómoda: una sanidad capaz de operar un feto de 700 gramos dentro del útero, pero incapaz de garantizar que una persona espere menos de ocho meses para una prueba diagnóstica o una visita con el especialista. Ahí está el verdadero debate.

Porque un gran sistema sanitario no se mide solo por sus récords. Los récords impresionan. Salen en los periódicos. Nos emocionan. Nos hacen sentir que vivimos en un lugar extraordinario. Pero la calidad real de una sanidad también se mide en lo cotidiano: en cuánto tarda una biopsia, en cuándo llega una resonancia, en el tiempo que un paciente pasa angustiado esperando una llamada.

La excelencia no puede ser una isla rodeada de saturación.

Y probablemente ese sea el gran riesgo de sistemas sanitarios como el nuestro: acostumbrarse a sobrevivir gracias al heroísmo. Médicos doblando turnos. Enfermeras agotadas. Servicios enteros funcionando porque alguien acepta hacer horas extra una vez más. Hasta que dejan de hacerlo. Entonces aparecen las grietas.

Metges de Catalunya denuncia que las listas de espera seguirán cronificadas mientras no exista una planificación real del personal médico con visión de país. Faltan profesionales. Faltan incentivos. Faltan plazas bien distribuidas. Y sobra improvisación.

Y aun así, pese a todo, siguen ocurriendo milagros como el de Thiago.

Quizá por eso esta historia emociona tanto. Operar un feto dentro del útero es una hazaña médica. Reducir las listas de espera también debería ser una prioridad nacional. Porque la mejor sanidad del mundo no es solo la que logra salvar casos imposibles. Es también la que no hace esperar a la gente mientras su vida queda en pausa.

TAGS DE ESTA NOTICIA