Opinión

Cuando el deseo se convierte en obligación: lo que revela la Encuesta Nacional de Salud Sexual

Menos sexo
Imagen simbólica de 'Secretos de un matrimonio' (2021)
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El Ministerio de Sanidad acaba de publicar los resultados de la primera Encuesta Nacional de Salud Sexual (ENSS), un estudio que radiografía la intimidad de más de 12.000 personas en España. Entre cifras sobre satisfacción y prácticas, emergen datos que merecen una lectura pausada —y crítica— especialmente desde la perspectiva de las mujeres.

El informe revela que el 13,3% de las mujeres afirma haber mantenido relaciones sexuales sin desearlo en algún momento de su vida. Una de cada ocho. No hablamos de violencia explícita en todos los casos, sino de ese territorio gris donde el consentimiento se desdibuja: la presión social, la expectativa de pareja, el miedo a decepcionar.

Más revelador aún: el 8,4% de las mujeres reconoce haber practicado sexo “por obligación o compromiso” durante el último año. Si ampliamos la mirada a la vida completa, el porcentaje asciende al 17%. Son números que hablan de camas donde el deseo no siempre es mutuo, de noches donde una de las partes cede para mantener la paz doméstica.

El contraste con los hombres es elocuente. Mientras ellos declaran mayoritariamente relaciones deseadas, las mujeres reportan con más frecuencia haber cedido ante insistencias, haber fingido placer o haber accedido para evitar conflictos. La encuesta no lo llama coacción; lo llama “compromiso“. Pero, ¿dónde termina la generosidad y empieza la renuncia a una misma?

Una pareja en la intimidad
Pexels/Ketut Subiyanto

Hace poco mantuve una conversación con una sexóloga sobre deseo y la menopausia. El mensaje era claro: cuando las hormonas cambian, cuando el cuerpo responde de otra manera, hay que hacer un esfuercito para mantener viva la llama del matrimonio. Lubricantes, disposición mental, pequeños gestos para reavivar la chispa.

No cuestiono la intención. Cuidar la intimidad en pareja es legítimo. Pero cuando cruzo ese consejo con los datos del Ministerio, algo chirría. ¿Cuántos de esos esfuercitos acaban siendo otra forma de sexo por obligación? ¿Cuántas mujeres, educadas en el sacrificio y el cuidado del otro, interpretan que su deseo es secundario, que lo importante es que él no se sienta rechazado? ¿Cuántas se someten bajo el miedo a que sus parejas busquen sexo fuera del matrimonio?

La encuesta confirma que las mujeres reportan menos deseo sexual que los hombres en todas las franjas de edad, y que esa brecha se amplía a partir de los 50 años. Si a eso sumamos el mandato cultural de mantener viva la llama, el resultado es predecible: mujeres que acceden sin desear, que fingen para cumplir, que confunden amor con disponibilidad permanente.

Una pareja en la cama
Una pareja en la cama

El informe del Ministerio también aporta luz: el 86,7% de las mujeres se declara satisfecha o muy satisfecha con su vida sexual. Pero satisfacción y libertad no siempre van de la mano. Se puede estar satisfecha con una relación y, al mismo tiempo, haber cedido más veces de las que una recuerda con orgullo. O incluso ceder al deseo del otro orgullosamente, como respuesta automatizada al alcanzar el deseable objetivo de complacer al hombre. Yo lo tengo bien contento.

Lo que falta en el discurso público —y a menudo en la consulta sexológica— es una validación radical del “no”. No como fracaso, no como abandono de la pareja, sino como derecho propio. El deseo no se entrena como un músculo; se escucha, se respeta. Y cuando no está, su ausencia también es una respuesta válida.

Lo que me sorprendió de la sexóloga que recomendaba esfuercito a las mujeres que pierden el deseo por sus parejas en la menopausia, es que mi cuestionamiento la descolocó. ¿De verdad una sexóloga no contempla la posibilidad de que sean ellos los que tengan que hacer el esfuercito de renunciar por nosotras? No me atreví a plantearle nuevos modelos relacionales que tienen que ver con el sexo. Ya la había incomodado suficiente.

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