En España, algunos llevan años dedicando libros, tertulias y columnas a un fenómeno minoritario, las denuncias falsas por violencia de género, mientras apenas se presta atención a una cifra mucho más escalofriante: la de las víctimas de violencia machista que jamás pisan una comisaría.
Esta semana ha habido cuatro mujeres han sido asesinadas en nuestro país, tres de ellas en apenas 24 horas, y solo una de ellas había denunciado. Este hecho, lamentablemente, es el más común a la hora de analizar este tipo de violencia y es el que debería estar ocupando la mayoría de nuestros espacios mediáticos.
En criminología se utiliza el concepto “la cifra negra del delito” para referirse a aquellos delitos que nunca llegan al sistema judicial porque las víctimas no denuncian. En el caso de la violencia de género, la cifra negra es especialmente alarmante. Según advertía la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer en 2024, solo el 16,8 % de las mujeres que han sufrido violencia física, sexual o emocional por parte de una pareja afirma haber denunciado. Y de los 1.372 asesinatos por violencia machista contabilizados desde 2003, solo 306 contaban con una denuncia previa. De estos datos podemos deducir, que aproximadamente el 80% de las mujeres que sufre violencia machista no lo denuncia.
Imaginen un gran iceberg. La parte visible es el número de denuncias interpuestas por violencia machista. Una parte diminuta de esas denuncias (como en todos los delitos) no son verdad, y otra parte no se puede llegar demostrar por falta de pruebas o porque los jueces y abogados no poseen formación especializada o porque operan prejuicios machistas y racistas a la hora de analizarla… Recomiendo leer el libro Machismo y cultura jurídica de Caterina Canyelles para darse de bruces con la realidad de un sistema judicial que suspende en materia de igualdad. Y bajo la superficie del agua, existe una extensión aproximada del 80% de esta masa de hielo que resulta imperceptible a la vista y que, sin embargo, tiene una función esencial: la de sostener y proporcionar estabilidad a la que culmina. Contar con esta parte oculta es crucial en los estudios de la glaciología.
Existen numerosas razones por las por las que las mujeres que sufren violencia machista no llegan a formalizar nunca una denuncia: el miedo a la reacción del agresor, la normalización de la violencia machista y la dificultad para identificarla, la dependencia económica, los hijos en común, la falta de confianza en el sistema judicial e, incluso, la vergüenza por la percepción del entorno.
Esta situación debería preocuparnos y provocarnos muchas preguntas. ¿Cuentan las mujeres con redes de apoyo suficientes? ¿Qué relación hay entre la pobreza femenina y la dificultad para denunciar? ¿Sabemos identificar la violencia machista? ¿Las personas de entorno saben qué acciones tomar? ¿Qué se puede hacer desde las instituciones? ¿Cómo incorporamos las experiencias de las mujeres que no denuncian en el retrato de la violencia machista?
El foco de sobre las denuncias falsas en violencia de género ocupa un espacio mediático desproporcionado con respecto a su incidencia mientras la infradenuncia, que representa el 80% de esa realidad, pasa desapercibida. Los escasos espacios o plataformas donde las mujeres se atreven a hablar son duramente cuestionadas y perseguidas. Todo esto contribuye a aumentar aún más esta cifra negra, desincentivando la denuncia por el miedo a no ser creídas y el castigo social.
Como sociedad no deberíamos esperar a estrellarnos contra la violencia machista para actuar. Cada libro, cada artículo, cada espacio dedicado en un medio de comunicación cuenta. El éxito de nuestras políticas de igualdad no está en el número de mujeres que protegemos después de denunciar, sino a cuántas conseguimos ayudar antes de que la violencia se ejerza.

