Opinión

La generación que no conoce a ETA

Atentado etarra en la Casa Cuartel de Zaragoza en 1987. | Imagen de vídeo, RTVE.
Atentado etarra en la Casa Cuartel de Zaragoza en 1987. | Imagen de vídeo, RTVE.
María Jesús Güemes
Actualizado: h

Ayer se cumplieron 15 años del fin de ETA. El 20 de octubre de 2011, a las siete de la tarde, tres encapuchados anunciaron en un vídeo el “cese definitivo de la actividad armada” de la banda terrorista. Recuerdo que al día siguiente todos los periódicos amanecieron con la histórica noticia en primera y los ciudadanos con un nudo en el estómago porque no sabíamos si iba a ser o no verdad.

Los españoles nos enfrentamos entonces a un revoltijo de sentimientos. Saltábamos continuamente de la esperanza a la cautela. Después de todo el horror vivido, ya no nos fiábamos. Podía ser una tregua más. Habían sido décadas de miedo y angustia, sensaciones que perduraron hasta el 3 de mayo de 2018 cuando llegó la disolución total.

Por el camino 856 muertos, según la Fundación Víctimas del Terrorismo. El primer asesinato fue el del guardia civil José Antonio Pardines el 7 de junio de 1968. El último, el del gendarme francés Jean-Serge Nèrin durante un tiroteo el 16 de marzo de 2010. Son sólo dos de los nombres de una larga lista que dejó a muchas familias rotas de dolor y a una sociedad en shock permanente por las amenazas, los secuestros, las muertes y los miles de heridos.

En estos días habrá varios actos que nos recordarán la fecha. Es necesario porque parece que todo se borra con el tiempo y no debería ser así. Forma parte de nuestra memoria colectiva y me gustaría que los chavales supiesen bien lo que sucedió. Igual que se estudia la Guerra Civil.

Hace unos meses el periodista Jon Sistiaga estaba en ‘La Revuelta’ presentando su documental sobre Miguel Ángel Blanco y dijo que el 60% de los jóvenes de menos de 25 o 30 años no sabía quién era el concejal del PP ni tampoco qué era ETA. A él le parecía “un fallo de la democracia, del sistema educativo y de los padres” que no lo hemos trasladado bien. Criticaba que en los colegios se estudiase la lista de los reyes godos y no se profundizase en este asunto.

Por lo visto, se aborda a finales de la ESO o en Bachillerato, cuando los alumnos ya tienen capacidad de comprender su dimensión. Pero como siempre ocurre con el temario, no se suele profundizar porque hay más temas que tratar. Por eso creo que a los progenitores nos toca desempeñar un importante papel e informar a los nuestros. Tenemos material de sobra para hacerlo.

Para empezar, deben ver el relato de Sistiaga. Cuenta las 48 horas de agonía del hombre que inspiró el Espíritu de Ermua. No es ficción, es la realidad. Yo viví aquel momento en directo y, a pesar de ello, he descubierto cosas que desconocía. Por ejemplo, que se organizó en San Sebastián una manifestación de protesta frente a la sede de Herri Batasuna. El ambiente era muy tenso y la Ertzaintza intentaba que el caos no fuera a más. Para evitarlo, los agentes decidieron quitarse el pasamontañas que llevaban puesto para no ser conocidos. Aquel gesto se convirtió en un acto simbólico.

Y si nuestros hijos quieren saber más, hay libros de sobra. Obviamente yo empezaría por ‘Patria’, de Fernando Aramburu, porque se lee bien a cualquier edad y refleja perfectamente el conflicto vasco. La mayoría de la gente ya sabe de qué va esta novela (también serie) en la que a través de dos madres nos adentramos en una sociedad repleta de pena, radicalidad, sufrimiento, arrepentimiento e incluso perdón.

De todas formas, como nuestros chicos y chicas son más proclives a la cultura audiovisual, siempre se les puede poner una película. Hay dos muy recientes que les valdrán para hacerse una idea de aquella época. Una es ‘La infiltrada’, dirigida por Arantxa Echevarría, que relata la vida de una mujer que logró adentrarse en el entorno de la izquierda abertzale y llegó a convivir en un piso con dirigentes de ETA. Su labor fue clave para desarticular el comando Donosti. La otra es ‘Un fantasma en la batalla’, de Agustín Díaz Yanes, que habla de una guardia civil que pasó más de diez años siendo un topo para localizar los zulos que la organización mantenía en el sur de Francia.

Además, ahora acaba de estrenarse ‘Paga o muere’. Son tres episodios en los que se explica cómo funcionaban los aparatos de extorsión y chantaje de la banda terrorista: Lo padeció el tejido empresarial del País Vasco y Navarra a través del llamado ‘impuesto revolucionario’. Con ese dinero financiaban sus actividades.

Hay mil y un detalles que se nos escapan, varias aristas, muchas preguntas todavía sin responder. Transmitir conocimiento es fundamental. Es fácil llegar a nuestros hijos por estas vías y complementarlo con exposiciones y charlas. Todo eso permitirá a las nuevas generaciones desarrollar su propio criterio y comprender mejor nuestro pasado. ETA no logró ninguno de sus objetivos políticos. Sólo causó daño. Por suerte, sus actos ya no copan los informativos ni los discursos políticos.

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