25 de febrero de 2025. La carrera de Teresa Abelleira sufrió uno de los golpes más duros que puede recibir una futbolista. Durante un entrenamiento de la Selección española en Wembley, en la preparación del partido contra Inglaterra, la centrocampista gallega se lesionó gravemente la rodilla izquierda. La noticia, confirmada dos días después por el Real Madrid, fue un auténtico mazazo: rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco externo.
La imagen de Teresa apareciendo con muletas y una rodillera en el estadio londinense anticipó el alcance de una ausencia que iba mucho más allá de un partido.
A sus 25 años, después de haberse consolidado como una de las centrocampistas más talentosas del fútbol español, se quedaba sin el tramo decisivo de la temporada y sin la Eurocopa de Suiza de 2025. España, y también el Real Madrid, perdía a una de las futbolistas que habían dado equilibrio y personalidad a su centro del campo. Y, a nivel personal, la gallega comenzaba un largo camino de recuperación que podría culminar con final feliz en el Atlético de Madrid.
Según adelantó Sandra Riquelme y pudo confirmar Artículo14, Teresa Abelleira está a punto de fichar por el club rojiblanco. Ambas partes han negociado durante semanas y el acuerdo se podría anunciar en las próximas horas. De culminar, tal y como se espera, la gallega tendría ante sí una nueva oportunidad tras un periodo muy difícil.
La luz al final del túnel para Teresa Abelleira: “Rendirse nunca fue una opción”
“Cuando todo se ve oscuro y me lleva al límite y a dudar de si podré con todo lo que estoy viviendo siempre acaba apareciendo esa niña que creció feliz con un balón en los pies. Ella me mantiene con ilusión y con ganas de seguir adelante porque me recuerda que jugar al fútbol es lo que más me gusta. Rendirse nunca fue una opción, volveré a disfrutar”, publicó la propia jugadora en sus redes sociales en estas últimas horas.
Una declaración, acompañada de imágenes de su infancia y su carrera, que resume el deseo de recuperar algo que durante mucho tiempo parecía fuera de su alcance. No habla únicamente de volver a entrenar o de disputar un partido oficial: habla de reencontrarse con la futbolista que fue, de recuperar la ilusión y de volver a mirar al césped sin el peso de todo lo que ha sucedido desde aquel entrenamiento en Wembley.
Para entender la dimensión del golpe, basta con repasar el recorrido que había llevado a Teresa hasta la élite. Nacida en Pontevedra el 9 de enero de 2000, creció con un balón en los pies y desarrolló desde muy joven una manera de entender el fútbol basada en la técnica, la visión de juego y la capacidad para encontrar siempre una línea de pase.
Sus inicios en el Depor
Su explosión llegó en el Deportivo de La Coruña, al que se incorporó en 2016, con apenas 16 años, cuando el club impulsaba su proyecto femenino. En A Coruña encontró el escenario perfecto para crecer y convertirse en una de las grandes promesas del fútbol gallego. Formó parte del equipo que logró el ascenso a Primera División y que, en su primera temporada en la máxima categoría, sorprendió hasta terminar en la cuarta posición. Su talento para organizar el juego y su madurez con el balón no tardaron en llamar la atención de los grandes clubes. Teresa había dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad.
En el verano de 2020, el Real Madrid llamó a su puerta para incorporarla a un proyecto femenino que echaba a andar. Su fichaje supuso un paso decisivo en su carrera: dejaba atrás el club en el que había crecido futbolísticamente para afrontar el reto de competir al máximo nivel y contribuir a construir un equipo con aspiraciones nacionales y europeas.
En Valdebebas fue creciendo como centrocampista, alternando las posiciones de interior y pivote y convirtiendo su capacidad para interpretar el juego en una de sus principales señas de identidad. No necesitaba grandes conducciones para marcar diferencias. Su virtud estaba en recibir bien orientada, superar líneas con un pase y dar continuidad a las jugadas.
Seis temporadas de blanco
Durante seis temporadas defendió la camiseta blanca, disputó 170 partidos y marcó 13 goles. También vivió la evolución del equipo desde sus primeros pasos hasta su consolidación entre los principales proyectos del fútbol femenino español. Su etapa en el Madrid, sin embargo, terminaría de una manera muy distinta a la que había imaginado.
Mientras crecía en el fútbol de clubes, Teresa también se abría paso en las categorías inferiores de la Selección. En 2018 conquistó el Campeonato de Europa sub-19, un éxito que anticipaba lo que estaba por venir. Su debut con la Absoluta llegó en noviembre de 2020 y, aunque el camino hacia la titularidad estuvo lleno de competencia, acabó encontrando su sitio gracias a una combinación de inteligencia táctica, precisión y personalidad.
En el Mundial de Australia y Nueva Zelanda de 2023 alcanzó la cima. Fue titular en los siete encuentros disputados por España y desempeñó un papel fundamental en la organización del juego de la Selección que conquistó su primera Copa del Mundo. Su capacidad para dar sentido a la posesión y conectar la defensa con las jugadoras de ataque la convirtió en una pieza esencial del equipo campeón.
Un año después, en 2024, sumó la Liga de Naciones a su palmarés. Teresa había pasado de despuntar en el Deportivo a levantar los trofeos más importantes del fútbol internacional, y lo había hecho sin renunciar a un estilo propio, marcado por la calidad técnica y la personalidad con el balón.
La lesión le dejó sin Eurocopa y detuvo el tiempo para Teresa Abelleira
Por eso, la lesión de Wembley resultó tan devastadora. No llegaba en un momento de incertidumbre deportiva, sino cuando la centrocampista seguía siendo una futbolista importante para España y buscaba mantener su peso en el Real Madrid. La rotura del cruzado y del menisco la obligó a detenerse, pasar por el quirófano y afrontar una rehabilitación que exigía paciencia, constancia y una fortaleza mental enorme.
La recuperación se convirtió en una carrera contra el tiempo, aunque no había garantías de cuándo podría volver a competir. Durante meses, su día a día estuvo marcado por el trabajo físico y la necesidad de recuperar la estabilidad y la confianza en una rodilla que había condicionado por completo su carrera.
Más de un año sin jugar
La Eurocopa de 2025 pasó sin ella, al igual que el tramo final de aquella temporada con el Madrid. Lo que inicialmente podía imaginarse como una larga ausencia fue prolongándose hasta convertirse en más de un año alejada de la competición oficial. Para una futbolista acostumbrada a pensar, decidir y jugar con el balón, la espera suponía también aprender a convivir con la incertidumbre.
El regreso a los entrenamientos con el grupo llegó en marzo de 2026. Habían pasado 393 días desde aquella lesión. Era un paso importante, la señal de que el trabajo realizado empezaba a dar sus frutos y de que podía volver a compartir el día a día con sus compañeras. Sin embargo, la vuelta a los entrenamientos no se tradujo en minutos oficiales. Teresa no volvió a jugar con el Real Madrid antes de que terminara la temporada y su futuro quedó abierto justo cuando parecía acercarse el final de la recuperación.
El 12 de junio de 2026, el club blanco anunció oficialmente que la centrocampista ponía fin a su etapa en la entidad después de seis temporadas. La despedida cerraba una parte fundamental de su carrera, pero lo hacía sin el desenlace deportivo que habría deseado: regresar al césped con la camiseta que había defendido durante años. A la dificultad de superar una lesión de semejante gravedad se sumaba ahora la necesidad de encontrar un nuevo destino y reconstruir su carrera lejos del equipo en el que había vivido buena parte de su trayectoria profesional.
Una despedida amarga del Real Madrid: “Han sido meses realmente duros”
En su despedida del Real Madrid, Teresa dejó entrever la dureza de los últimos meses. Reconoció que había atravesado momentos realmente difíciles y habló de la cara más amarga del fútbol, unas palabras que permitían intuir hasta qué punto la experiencia había ido más allá de lo estrictamente físico.
“Siento haber estado tan ausente, han sido meses realmente duros, ya que este año me ha tocado vivir la cara mala del fútbol en diferentes sentidos. Tras varios malentendidos, llegamos a esta despedida lo cual no era lo que pretendía. Pero la vida a veces te enseña otros caminos y hay que escucharla. Me voy después de 6 años intensos y de gran crecimiento personal, me voy tranquila, habiendo disfrutado y aprendido de cada momento”, publicó en su mensaje de despedida en redes sociales. La lesión había interrumpido su progresión, pero también había alterado su relación cotidiana con el deporte y con el club al que había llegado siendo una de las jóvenes promesas del Deportivo.
Después de tantos meses de rehabilitación, volver a competir no significaba únicamente recuperar el tono físico. También implicaba recuperar sensaciones, confianza y la alegría de hacer aquello para lo que llevaba toda la vida preparándose.
Su salida del Madrid abría una etapa de incertidumbre, con diferentes opciones sobre la mesa y la necesidad de elegir un proyecto que le permitiera volver a sentirse futbolista. El reto ya no consistía solamente en regresar, sino en encontrar el lugar adecuado para hacerlo. Según pudo saber Artículo 14, la gallega ha tenido varias ofertas del extranjero sobre su mesa. E incluso negoció con equipos como la Juventus, pero el acuerdo no terminó de cuajar.
Una nueva oportunidad
Ahora, el Atlético de Madrid aparece en el horizonte como una posible oportunidad para empezar de nuevo. Por el momento, no se trata de un fichaje anunciado oficialmente, pero la posibilidad de verla con la camiseta del Atlético supondría un nuevo capítulo en una carrera que necesita recuperar la continuidad después de una de sus etapas más complicadas.
A sus 26 años, Teresa conserva una trayectoria internacional de primer nivel, la experiencia de haber competido en los grandes escenarios y unas condiciones técnicas que la convirtieron en una pieza importante de la selección campeona del mundo. El desafío pasa ahora por recuperar el ritmo competitivo y volver a disfrutar de los partidos después de tantos meses de espera. Si la operación llega a buen puerto, el Atlético podría ofrecerle un nuevo entorno en el que retomar su carrera, sin que eso borre las dificultades del camino que ha recorrido hasta aquí.
Desde su explosión en el Deportivo hasta la conquista del Mundial y su peso en el Real Madrid, Teresa Abelleira ha demostrado que tiene talento para competir al máximo nivel. Ahora le toca afrontar un reto diferente, lejos de los focos de los grandes títulos y de las celebraciones que marcaron sus mejores años. Después de más de un año de oscuridad, el horizonte vuelve a abrirse. Y su siguiente paso, con el Atlético como posibilidad, tiene un objetivo tan sencillo como importante: volver a sentirse feliz jugando al fútbol.
