En Original Regals no tienen tiempo para atender llamadas. Isabel y Sonia, dos hermanas que regentan esta tienda de ropa y complementos en Oliva (Valencia), llevan horas intentando sacar el agua y el barro que ha invadido su negocio. “No sabemos cuándo podremos volver a abrir, ni cuánto nos va a costar esta nueva desgracia. Es pronto para hacer cuentas”, nos dicen. Antes hay que recuperar lo que se pueda, limpiar los desperfectos y comprobar qué ha quedado inservible.
Como ellas, numerosos pequeños comerciantes de esta localidad valenciana, convertida en la zona cero de la DANA Adam, cambiaron el lunes su actividad habitual por las tareas de limpieza. El comercio de proximidad ha recibido uno de los golpes más duros del temporal. Artículo 14 ha contactado con varios establecimientos de Oliva y el panorama es desolador. Todos los consultados se encontraban retirando barro y achicando agua de sus locales, con la certeza de que no podrán reabrir de inmediato y la incertidumbre de cuánto tiempo necesitarán para recuperar la normalidad.
A su lado trabajan vecinos, familiares y amigos que han acudido a echar una mano. Mientras, los servicios municipales se afanan en despejar las calles y restablecer la circulación por unas vías que, durante horas, se convirtieron en auténticos cauces. En la peluquería S-Tilo, la propietaria ni siquiera ha podido acudir a comprobar personalmente los daños. Su hermana explica a Artículo 14 que permanece aislada en su vivienda a consecuencia de las inundaciones. Han sido los familiares quienes se han desplazado hasta el establecimiento para ocuparse de las primeras tareas de limpieza.

Los vecinos están mal, cuentan las comerciantes consultadas. Al cansancio físico de una jornada dedicada a limpiar se añade la incertidumbre. “No sabemos todavía el alcance de las pérdidas, cuánto tardarán las calles en recuperar su aspecto habitual ni cuándo podremos levantar de nuevo la persiana”. Y sobre todo, nos dicen que pesa el recuerdo de la catástrofe valenciana de octubre de 2024, muy presente en una comunidad que vuelve a enfrentarse al miedo al agua.
Una madrugada pasada por agua
Oliva, en la comarca de la Safor, ha soportado uno de los episodios más violentos de esta DANA. Según ha explicado su alcaldesa, Yolanda Pastor, las precipitaciones llegaron a superar los 400 litros por metro cuadrado en pocas horas, especialmente en el entorno del barranco de la Gallinera, que acabó desbordándose. En algunas viviendas el agua ha alcanzado más de metro y medio de altura.
La situación comenzó a complicarse durante la madrugada del lunes. La lluvia persistente, el terreno saturado y la dificultad para evacuar el agua hacia el mar provocaron inundaciones severas en las zonas bajas del municipio y en los núcleos próximos a la playa. El acceso a la costa quedó anegado y numerosas viviendas de una sola planta se convirtieron en auténticas trampas.
La localidad vivió ayer una jornada de helicópteros sobrevolando los tejados, embarcaciones de rescate y vehículos de la Unidad Militar de Emergencias intentando abrirse paso. La Guardia Civil rescató, entre otros afectados, a una mujer y sus dos hijos que habían tenido que refugiarse en el tejado de su casa. Otro helicóptero de Salvamento Marítimo evacuó a ocho adultos, un niño, un bebé y un perro.
La alcaldesa informó del desalojo de unas 2.000 personas de siete campings del término municipal. La situación se agravó en el entorno del barranco de la Gallinera, donde dos establecimientos turísticos resultaron muy afectados.
La mejoría meteorológica ha permitido avanzar en las labores de rescate, pero no ha devuelto todavía la tranquilidad a los vecinos. A última hora de la tarde del lunes muchos seguían incomunicados y el agua retirada de algunos lugares dejaba a la vista las consecuencias de la inundación.
Y en medio de todo ello, Oliva llora a dos personas fallecidas durante el temporal: una mujer de 79 años que no pudo abandonar su vivienda y un hombre de 64 que sufrió un infarto en un camping. La primera de estas historias ocurrió durante la madrugada del lunes. Se trata de una vecina con movilidad reducida, que quedó atrapada en la planta baja de su domicilio. No estaba sola. Junto a ella se encontraba una sobrina que consiguió sobrevivir.
Los efectivos de la Unidad Militar de Emergencias encontraron el cuerpo sin vida de la anciana cuando participaban en el rescate de personas incomunicadas. Su fallecimiento devuelve a la memoria la DANA del 29 de octubre de 2024, cuando numerosas personas mayores perdieron la vida en viviendas y garajes de los municipios valencianos inundados.
Un infarto en un camping inundado
La segunda muerte registrada en Oliva es la de un hombre de 64 años que se encontraba alojado en el Eurocamping, uno de los establecimientos turísticos afectados por las inundaciones. El hombre sufrió una parada cardiorrespiratoria y falleció durante la emergencia, según confirmó la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Pilar Bernabé.
La tragedia había comenzado dos días antes, el sábado 17 de octubre, a cientos de kilómetros de Oliva. Una mujer de unos 35 años, vecina de Malgrat de Mar (Barcelona) y madre de dos hijos, había acudido con su marido y los pequeños a Cabrera de Mar para presenciar un partido de baloncesto infantil en el pabellón municipal.

Durante el encuentro, una lluvia torrencial descargó unos 60 litros por metro cuadrado en cuarenta minutos. El caudal de la riera de Cabrera aumentó violentamente y los responsables del pabellón pidieron a los asistentes que permanecieran en el interior hasta que mejorara la situación. Algunas familias decidieron marcharse. Entre ellas estaba la de la mujer fallecida. Hacia las siete y media de la tarde, cuando caminaba con su marido y sus hijos por las inmediaciones de la riera, la mujer intentó cruzar el curso de agua. Cayó y fue arrastrada por la corriente. Su marido y los dos niños sobrevivieron. El domingo, alrededor de las once de la mañana, los equipos de rescate localizaron su cadáver flotando cerca del espigón del puerto de Premià de Mar.
Una bañista desapareció entre las olas
La segunda muerte se produjo el domingo 18 de octubre en la costa de Sagunto, al norte de Valencia. Una mujer de alrededor de 55 años había acudido a la playa de Almardà acompañada por un hombre. El litoral valenciano se encontraba bajo alerta naranja y el temporal marítimo había provocado un oleaje extraordinariamente peligroso. Pese a esas condiciones, ambos decidieron entrar en el agua. El hombre consiguió alcanzar la orilla, aunque con grandes dificultades. Ella desapareció entre las olas.
Un testigo alertó a los servicios de emergencia al atardecer. Se movilizaron efectivos del Consorcio Provincial de Bomberos, Guardia Civil y otros equipos de rescate. El fuerte oleaje complicó las operaciones de búsqueda, pero el cuerpo de la mujer fue finalmente localizado esa misma noche. Las primeras informaciones señalaron que el hombre que la acompañaba era un ciudadano neerlandés que había alquilado una vivienda en la zona para pasar unos días.
La última víctima mortal al cierre de esta edición es un hombre de 41 años en Benaoján (Málaga), después de que una roca de grandes dimensiones se desprendiera de una ladera y cayera sobre el automóvil en el que viajaba. Las autoridades investigan la relación del desprendimiento con las intensas lluvias de la DANA Adam.
Si se cumplen las previsiones meteorológicas, las calles irán recuperando su aspecto habitual y los establecimientos volverán a abrir, aunque todavía no se sabe cuándo. Pero, como nos indican las vecinas de Oliva, “lo que no se arregla con una fregona ni con una brigada de limpieza es el miedo. Dos años después de la DANA valenciana, lo peor no es solo lo que hemos perdido, sino la incertidumbre de cuánto tardará en volver a ocurrir”.

