Opinión

La violación como amenaza disciplinante contra las mujeres

Hacer tocamientos no consentidos a una mujer en una zona íntima es una agresión sexual
KiloyCuarto
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Hay una escena se repite con una frecuencia alarmante. Una mujer ocupa un cargo público. Da una opinión o levanta su voz. Tras sus palabras llega el mensaje. No es un insulto cualquiera, tampoco es una crítica política: es una amenaza de violación.

Le ha ocurrido esta semana a la concejala del Partido Socialista en Badajoz Concha Baños. Un usuario, amparado en el anonimato de las redes, le escribía como respuesta a un vídeo: “Ojalá te violen como a muchas mujeres y no veas la salida para que sigas defendiendo a la puta basura que hay en el país y no deja de llegar. No iba a parar de reírme”. Un mensaje machista y racista que refleja una violencia extrema hacia las mujeres que tienen cargos públicos y que ya es demasiado habitual en nuestro paisaje digital. En este caso, la edil ha presentado una denuncia ante el juzgado, pero declara que este tipo de comentarios son habituales desde que llegó a la política, recibiéndolos prácticamente a diario.

Hemos normalizado que ser mujer y tener presencia pública implica convivir con el odio machista digital. Como si fuese el peaje a pagar que viene con el cargo. Pero, además, estamos admitiendo como parte de la libertad de expresión, la amenaza constante a las mujeres que están en una determinada posición. La violación a las mujeres ha sido utilizada como un arma de guerra a lo largo de la historia. No responde al impulso sexual de unos soldados sino a un mensaje de dominación que se ejerce sobre los cuerpos de las mujeres. El objetivo es lanzar un mensaje de terror y humillación a toda la comunidad.

La violencia sexual no solo destruye a quien la sufre, también destroza los vínculos familiares, destruye familias, siembra el miedo y transmite la idea de que podemos traspasar todos los límites sin que nadie lo impida. ¿Por qué en pleno siglo XXI se sigue empleando la amenaza de la violación? Este crimen contra la libertad se envía para castigar, disciplinar y dejar claro quién manda. Y en el caso concreto de las mujeres políticas, para recordarles, a ellas y a todas las demás, que ese no es el espacio al que pertenecen.

¿Qué ocurre con esas mujeres que ven cómo se trata a las que ocupan cargos públicos? ¿Y a las profesionales que dan declaraciones en medios o se comunica a través de sus propias redes sociales? ¿O a cualquiera que esté pensando en ocupar un espacio tradicionalmente masculino? El mensaje que difunden este tipo de comentarios es colectivo: si las mujeres entran aquí, esto es lo que les puede pasar.

Concha Baños dejará de ser noticia en unos días, pero este tipo de amenazas seguirán escribiéndose continuamente en las redes. Si aceptamos que sean parte de nuestro panorama digital sin hacer nada, es el conjunto de la sociedad la que pierde.